miércoles, 31 de agosto de 2011

La pesca milagrosa



“No hemos pescado nada en toda la noche” (cfr. Lc 5, 1-11). La escena evangélica de la pesca milagrosa tiene un significado sobrenatural: la barca es la Iglesia, los pescadores son los bautizados, laicos y sacerdotes; el mar es el mundo y la historia humana; los peces son las almas de los que no conocen a Cristo; la noche en donde se lleva a cabo la pesca infructuosa, es la acción apostólica emprendida por miembros de la Iglesia sin Jesucristo. La pesca infructuosa representa a todos los intentos apostólicos, de cualquier clase, bien intencionados, emprendidos por miembros de la Iglesia, pero realizados con la confianza puesta en las fuerzas humanas, es decir, activismo desenfrenado, desconfianza en la gracia, confianza excesiva en medios puramente humanos, ausencia de oración, de mortificación, de ayunos y penitencias, y sobre todo, ausencia de recta intención, es decir, de obrar por y para el Reino de los cielos, y no por mero deseo de sobresalir humanamente.

Por el contrario, cuando la pesca se hace bajo las órdenes de Jesús, es decir, cuando la acción apostólica de la Iglesia se basa en la contemplación de Cristo crucificado; cuando se reza ante Jesús sacramentado; cuando se reza el Rosario pidiendo el éxito de tal o cual misión; el resultado es totalmente distinto.

No es casualidad que la pesca infructuosa se lleve a cabo en la noche, símbolo de la ausencia de Dios, y que la pesca milagrosa se realice de día, con la luz del sol, ya que el sol es símbolo de Jesucristo, Dios eterno.

La pesca abundante y milagrosa se produce no de noche, sino ya de día; los pescadores echan las redes a pesar de que las previsiones humanas dirían que el intento va a ser un fracaso –“Hemos pescado toda la noche sin resultados”-, y aún así, contra toda previsión humana, obtienen una gran cantidad de peces. La pesca milagrosa se produce porque se vencen todas las resistencias y las previsiones humanas, y se abandona el alma totalmente en Dios, poniendo solamente en su Palabra y no en los medios humanos el éxito de la empresa: “…si tú lo dices…”.

La totalidad de los santos alcanzaron la santidad precisamente por este abandono confiado en la Palabra de Dios, revelada en Jesucristo, al tiempo que desconfiaron del activismo humano sin oración.

Aprendamos de ellos, y de los pescadores de la pesca milagrosa, para emprender toda clase de actividad apostólica basados no en medios humanos, sino en la confianza sin límites en la oración y en Jesucristo, el Hombre-Dios.

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