domingo, 9 de febrero de 2014

“Con sólo tocar los flecos del manto de Jesús, los enfermos quedaban curados”




“Con sólo tocar los flecos del manto de Jesús, los enfermos quedaban curados” (Mc 6, 53-56). Los enfermos se agolpan ante Jesús, porque como relata el evangelista Marcos, quedan curados con solo tocar “los flecos de su manto”. En este caso, el poder curativo que emana de Jesús es tan fuerte y potente que no hace falta, como en otros casos, que Jesús tome contacto personalmente con los enfermos y esta es la razón por la cual quienes se encuentran afectados por alguna enfermedad, apenas oyen hablar de Jesús, salen a esperarlo a la entrada del poblado para recibirlo y esperar la curación.
La curación de las dolencias de la humanidad sufriente es una muestra del amor misericordioso de Dios que obra a través de Jesús, sanando a innumerables enfermos a lo largo del Evangelio. Sin embargo, Jesús no ha venido desde los cielos eternos para simplemente sanar los cuerpos y las psiquis enfermas, aun cuando esta sanación física sea efectivamente una muestra de su misericordia y aun cuando esto constituya un gran alivio para quien sufre grandemente y recibe un milagro de sanación. 
Los milagros de sanación corporal son solo pre-figuraciones de su obra principal, que puede ser llamada de diversas maneras: santificación del alma por la gracia, regeneración del alma por la gracia santificante, nuevo nacimiento de lo alto por obra de la gracia divina, nueva creación por el Espíritu, re-creación del hombre por la gracia, etc. 
Este nuevo nacimiento de lo alto, esta regeneración del alma por la gracia, esta nueva creación, esta re-creación del hombre por la gracia, se encuentra figurado simbólicamente en las curaciones físicas: así como el cuerpo recupera una nueva vida cuando es curado de su enfermedad, así el alma, cuando le es quitado el pecado y recibe la gracia, comienza a vivir una nueva vida, la vida sobrenatural, la vida que es participación a la vida divina, la vida misma de Dios Uno y Trino; una vida que es nueva, que no es su vida natural, sino que es una vida nueva, la vida de los hijos de Dios. Cuando Jesús quita la enfermedad del cuerpo y le restituye la salud, le da al mismo tiempo una nueva vida, una vida que antes no tenía, una vida nueva, la vida sana, la vida de salud, y en esta vida nueva del cuerpo sano, que ha recibido el milagro de la curación, está prefigurada la acción de la gracia santificante en el alma que luego de quitar el pecado, obra insuflando en el alma la vida nueva, que es la vida misma de Dios Trino.
“Con sólo tocar los flecos del manto de Jesús, los enfermos quedaban curados”. Si los cristianos tomaran conciencia de la plenitud de vida nueva, sobrenatural, celestial y divina que significa la vida de la gracia, que se recibe por los sacramentos, vivirían aferrados a los sacramentos, principalmente la Eucaristía y la confesión sacramental, y no se desapegarían de ellos, ni de noche, ni de día.

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