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El racionalismo ha sido siempre una gran tentación dentro de la Iglesia. No es un error nuevo. Desde los primeros momentos del cristianismo, el racionalismo buscó infiltrarse en las mentes de personas buenas y bien intencionadas, pero que cedieron a la tentación de creer que el cristianismo no era una religión sobrenatural, y que Cristo no era Dios en la Persona del Hijo.
Negar la historicidad de Adán y Eva, es negar la existencia real, histórica, en el tiempo, de dos seres humanos que recibieron el nombre de Adán y Eva; negar su existencia, es negar –aunque se diga que no- el dogma del pecado original, pues el pecado de Adán y Eva fue el pecado original, el cual luego habría de transmitirse a toda la humanidad, así como deberían haberse transmitido todos los dones y todas las virtudes sobrenaturales con los que ellos fueron creados, a toda la humanidad.
Negar la historicidad de Adán y Eva es negar, en consecuencia, el pecado original, pero como el pecado original no puede ser considerado sin considerar antes el misterio de gracia al que había sido destinado el hombre, en Cristo Jesús, negar el pecado original es negar a su vez, concomitantemente, la doctrina de la salvación por la gracia comunicada por Jesucristo. Un error se encadena a otro error, y así el extremo resultante de esta cadena es un cúmulo de errores: decía Aristóteles que si dos líneas rectas se separan mínimamente en su inicio, en su extremo final serán absolutamente divergentes. Si se niega la historicidad de Adán y Eva, se niega el dogma del pecado original, si se niega el dogma del pecado original, se niega y se echa por tierra el plan divino de salvación llevado a cabo por Jesucristo, el Hombre-Dios.
La negación de la historicidad de Adán y Eva por Ariel Álvarez Valdez, puede leerse en el reportaje publicado por Página 12, el día martes 16 de marzo de 2010. Ante la pregunta del periodista: “¿Qué sostiene usted respecto del relato de Adán y Eva?”, la respuesta de Ariel Álvarez Valdés: “Que no es un relato histórico”. En la misma nota, se lee: “(Álvarez Valdés) comunicó a las autoridades eclesiásticas de Santiago del Estero, jurisdicción a la que pertenece, que su teoría que niega la existencia histórica de Adán y Eva no está en contra de la idea del pecado original.
En el sitio web Arieu Theologies, http://lasteologias.wordpress.com/2010/03/16/alvarez-valdes-niega-a-adan-y-eva/, dice Álvarez Valdés: “El pecado original es una creencia que la Iglesia tiene pero que no tiene nada que ver con Adán y Eva. Es una reflexión posterior que ha hecho San Pablo y que está basada en la Carta de los Romanos y no en los relatos de Adán y Eva. Pero no muchos eclesiásticos saben esto, y creen que con negar la historicidad de Adán y Eva uno va a negar esta doctrina del pecado original”.
Si se niega la historicidad de Adán y Eva, se niega el dogma del pecado original, y se termina por negar todo el edificio dogmático del cristianismo católico. Si Adán y Eva no existieron –no son “históricos”-, entonces no hay un pecado original propiamente dicho –en efecto, ¿quién lo cometió?-, que pase como culpabilidad verdadera a los descendientes de Adán –no hay pecado original porque Adán y Eva no son “históricos”, luego, no hay pecado a comunicar en sus descendientes, porque no hay ni pecado ni descendientes-.
El pecado no puede por lo mismo implicar ni en Adán ni en sus descendientes una muerte verdadera del alma, esto es, la destrucción de un principio espiritual de vida, como lo es la gracia divina; no podía darse en consecuencia, ni en Adán ni en Eva, ni en sus descendientes, la ofuscación de la razón en lo referente al conocimiento de Dios, y la subsiguiente debilitación de la vida moral –lo cual se compara expresamente a la muerte del alma, a causa del embotamiento del sentido espiritual que contiene-.
Si así fuera, no hay ningún mal en el hombre –porque no hay pecado original transmitido por Adán y Eva, que no existieron porque no son “históricos”-, sino sólo una cierta “fragilidad” de la naturaleza humana. Fragilidad, debilidad, del hombre, pero no mal en el hombre.
La negación del pecado original, lleva a considerar entonces que sólo hay flaqueza o debilidad en el hombre, pero no mal propiamente dicho, y como no hay mal, sino debilidad o flaqueza, entonces lo que se necesita es simplemente un “médico”, pero no se necesita, de ninguna manera, un vivificador con fuerza divina, capaz de arrancar el mal del corazón humano, con su gracia vivificante, así como se arranca una mala hierba de un jardín.
Si fuera así, como lo sostiene Álvarez Valdés –y muchos otros racionalistas a lo largo de la historia-, se necesitaría sólo un hombre santo –no al Dios Tres veces Santo, encarnado en una naturaleza humana-, a quien Dios hubiera dotado de virtudes y dones especiales, incluso divinos –pero no que fuera Dios en Persona-, que se presentase como un ejemplo para la humanidad, por su vida santa, por su dedicación a la oración, por su sabiduría, e incluso podría presentarse hasta como mediador.
Si fuera como sostiene Álvarez Valdés, bastaría con un hombre santo, con estas características. ¿Para qué se necesitaría un Hombre-Dios, en quien se unieran hipostáticamente la naturaleza humana con una Persona divina? Si fuera tal como sostiene Álvarez Valdés, para sanar la debilidad –y no el pecado original, porque no habría desde Adán y Eva, que no existieron “históricamente”-, bastaba con un hombre rodeado de autoridad divina, pero no hacía falta Dios Hijo en Persona encarnado en una naturaleza humana. Si fuera como sostiene Álvarez Valdés, ¿no bastaría acaso un simple hombre, quien tendría con Dios una unión moral, pero de ninguna manera hipostática? Si la naturaleza humana sólo fue debilitada, pero no había en ella ningún mal, entonces, ¿no bastaba con este hombre santo, que diera ejemplo de moralidad y de cómo vencer la debilidad? ¿Para qué un Hombre-Dios?
Y nos preguntamos todavía: si sostenemos lo que sostiene Álvarez Valdés: ¿no damos un significado rastrero, erróneo, falso, de Jesucristo en cuanto Hombre-Dios, y de su plan de salvación, y de su sacrificio redentor en la cruz? ¿No rebajamos a la nada el misterio insondable de Jesucristo, Hombre-Dios?
De ninguna manera es aceptable la teoría racionalista de Álvarez Valdés.
Además, el racionalismo de Álvarez Valdés lo lleva a negar la virginidad de María, y el nacimiento virginal del Hijo de Dios: en la entrevista mencionada, en Página 12, se lee: (periodista): –De todos modos, la concepción de María en tanto virgen implicaría ya una intervención sobrenatural. (Álvarez Valdés): “–En la Biblia, la virginidad no necesariamente debe interpretarse como hecho meramente físico. La Biblia entiende por virginidad el hecho de la fidelidad a una misma persona. En el Antiguo Testamento puede leerse: “Feliz de ti, virgen que has concebido a tus hijos...”. En este sentido una virgen puede tener hijos con su marido, porque la virginidad no concierne a la biología sino a la fidelidad”.
El hecho de que en el Antiguo Testamento se aplique de modo metafórico la palabra “virgen”, no significa, por ninguna razón, que se aplique de esa manera a la Virgen María. Cuando se refiere a María, “virgen” significa lisa y llanamente eso: virginidad en el sentido físico y primario de la palabra. Negarlo, es negar el dogma de la Inmaculada Concepción –la Virgen es la Llena de gracia, la Inhabitada por el Espíritu Santo, y por eso es digna de ser la Madre de Dios-, y es negar que María sea la Madre de Dios, porque no puede ser Madre de la Persona divina de Dios Hijo quien ha tenido contacto físico carnal con un hombre, como sucede entre los hombres.
Álvarez Valdés niega también el nacimiento virginal de Dios Hijo a partir de María Virgen. A la pregunta del periodista de Página 12: “–¿Cómo distinguir estas visiones de las que conciernen a la psicopatología?”, responde así Álvarez Valdés: “Son auténticas si los mensajes que trasmiten coinciden con la Biblia. El 90 por ciento de los mensajes que se atribuyen a la Virgen María están contra la Biblia: se dijo que la Virgen de San Nicolás había contado que el nacimiento de Jesús fue como cuando un rayo de sol atraviesa el cristal de la ventana sin tocarlo ni romperlo, pero la Biblia dice que Jesús nació como un hombre, es decir, como nacen todos los hombres”.
Esta afirmación de Álvarez Valdés está en contra de lo que enseña el Magisterio de la Iglesia, en la voz de los Papas, y en la voz de los Padres de la Iglesia, y de sus santos. En el Catecismo del Papa San Pío X se afirma que el alumbramiento del Señor fue semejante a “como un rayo de sol atraviesa el cristal sin romperlo ni mancharlo”.
También otros antiguos padres de la Iglesia compararon el parto virginal, milagroso, con la luz que atraviesa el cristal sin romperlo, y entre los santos más recientes, figura Ana Catalina Emmerich.
Esta hermosísima imagen, enseñada por los Papas y por los Padres de la Iglesia, concuerda con los misterios de María como Madre de Dios y de Jesús como Dios Hijo encarnado. ¿Podía nacer Dios Hijo encarnado, de su Madre Virgen, tal como nacemos los hombres mortales? ¿No es acaso rebajar groseramente el majestuoso misterio de la Madre de Dios y del Hombre-Dios?
Por otra parte, la expresión “como un rayo de sol atraviesa un cristal sin romperlo ni mancharlo”, no está en desacuerdo con las modernas y actuales teorías científicas. Lejos de ser una mera expresión poética –aunque muchos crean que es sólo poesía- es una expresión que concuerda con la realidad, y con las posibilidades de la realidad. Según lo que sabemos, la luz no es únicamente ondas de energía, sino micropartículas o corpúsculos de materia. Según la teoría corpuscular, la luz sería un “torrente de partículas sin
carga y sin
masa” llamadas “
fotones”, capaces de “portar todas las formas de radiación electromagnética”. Leemos: “Esta interpretación resurgió debido a que la luz, en sus interacciones con la materia, intercambia energía sólo en cantidades discretas (múltiplas de un valor mínimo) de energía denominadas
cuantos. Este hecho es difícil de combinar con la idea de que la energía de la luz se emita en forma de ondas, pero es fácilmente visualizado en términos de corpúsculos de luz o fotones”
[1]. La teoría corpuscular de la luz da la posibilidad teórica de que la materia pudiera ser atravesada por la materia, sin romperla o dañarla, puesto que la luz sería “un torrente de partículas” –materia- “sin carga y sin masa”. Además, si en el orden creado existe al menos la posibilidad de que la materia –teoría corpuscular de la luz- atraviese la materia, cuánto más en el orden increado, en donde Dios, Luz eterna e indefectible, en cuanto Luz, sobrepasa infinitamente este orden creado.
Por otra parte, el nacimiento virginal de Dios Hijo, como un rayo de sol que atraviesa el cristal sin dañarlo, es compatible con las propiedades físicas del cuerpo resucitado y glorioso de Jesús, el cual entra y sale de lugares cerrados, atravesando la materia de paredes y puertas.
Y si parece poesía, es porque la realidad del nacimiento virginal del Hijo de Dios, es poesía: poesía divina.
Para finalizar, al señor Álvarez Valdés se le pidió que dejase de enseñar en una institución universitaria católica, porque la institución, como toda la Iglesia, cree y enseña una doctrina sobrenatural; cree y enseña en el misterio sobrenatural de Cristo Dios, lo cual es incompatible con el craso racionalismo del señor Álvarez Valdés.
Y si el señor Álvarez Valdés desea enseñar racionalismo bíblico, que lo haga, pero no en la Iglesia Católica, Custodia y Maestra de los misterios sobrenaturales del cristianismo.
P. Álvaro Sánchez Rueda
[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Luz#Teor.C3.ADa_corpuscular.