(Ciclo A – 2026)
En la Conmemoración de Todos los Fieles
la Iglesia recuerda piadosamente a los seres queridos difuntos, pero no es un
mero recuerdo, sino que es un recuerdo en oración, porque además de pedir por
su eterno descanso, como fieles católicos debemos adorar y dar gracias a la Divina
Misericordia, porque es por esta Divina Misericordia por la cual esperamos que
nuestros seres queridos difuntos estén junto a Dios en el Cielo -o en el
Purgatorio, antesala del Cielo- y además, es por esta Divina Misericordia por la
cual esperamos algún día reencontrarnos con ellos en el Cielo, para nunca más separarnos.
Recordar a los fieles difuntos no
tendría sentido sin la Misericordia Divina porque en este caso la vida terrena
solo sería la antesala de la eterna condenación: sin la Misericordia Divina no
tendríamos ninguna esperanza de salvarnos del Infierno y en consecuencia,
tampoco tendríamos esperanza del reencuentro con nuestros seres queridos
difuntos. Pero gracias a Dios, existe Dios y su Divina Misericordia y por esta
razón la Conmemoración de los Fieles Difuntos es una conmemoración plena de
esperanza e incluso de alegría para el cristiano, precisamente porque por la
Divina Misericordia no solo creemos firmemente en la vida eterna, sino que
además somos conscientes de que cada día que pasa es un día menos para alcanzar
la eternidad y el Reino de los cielos, si vivimos y morimos en gracia. La Conmemoración
de Todos los Fieles Difuntos no debe ser una causa de tristeza por los seres
queridos que ya no están, sino de esperanza y alegría porque quienes creemos en
Dios, creemos en su Misericordia Divina y que por esta Misericordia les ha
concedido, por intercesión de la Virgen, Mediadora de todas las gracias, el don
del arrepentimiento perfecto o contrición del corazón en el momento de la
muerte y por esta razón es que esperamos que ellos, independientemente de la
vida que puedan haber llevado aquí en la tierra, más allá de su condición de
viadores y pecadores como lo somos todos, estén ya gozando de la visión
beatífica de Dios Uno y Trino y adorando al Cordero de Dios, Cristo Jesús. Esta
fe en Cristo Jesús es lo que da fundamento a nuestra esperanza y a nuestra
alegría en un día en el que es natural la tristeza por la partida de un ser
querido y por su recuerdo, pero aunque la tristeza sea natural, es sobrenatural
-y por lo tanto superior- la alegría que nos da el saber que Dios es infinita
Misericordia y que por esta Misericordia Divina nuestra perspectiva sombría se convierte
en esperanza y alegría al tener la certeza de que nuestros seres queridos están
con Dios.
Jesús Misericordioso es el fundamento
de nuestra alegría y de nuestra esperanza: de nuestra alegría, porque por su
Divina Misericordia, sabemos que se hizo presente en el momento de la muerte de
nuestros seres queridos, para darles la gracia de la contrición o
arrepentimiento perfecto; es el fundamento de nuestra alegría porque también,
por su Divina Misericordia, esperamos con confianza y serena alegría el
reencontrarnos con ellos el día de nuestra muerte porque esperamos que Dios se
apiade de nosotros y también nos conceda la gracia del arrepentimiento perfecto
de nuestros pecados, para así poder ingresar al Cielo y reencontrarnos con
nuestros seres queridos para nunca más separarnos.
Entonces, en la conmemoración de Todos los Fieles
Difuntos, permanecemos serenos, esperanzados y con alegría, porque creemos que
Cristo es Dios y que por su sacrificio en cruz ha vencido para siempre al
demonio, a la muerte y al pecado; también creemos que, en su infinita
Misericordia por nosotros, en la hora de la muerte de nuestros seres queridos ha
hecho prevalecer la Misericordia Divina por encima de la Justicia Divina; por
último creemos que por esa misma Misericordia habremos de reencontrarnos un día
con nuestros seres queridos en el Reino de Dios, y por esta razón este día es
un día no para recordar con tristeza a nuestros queridos difuntos, sino para
alegrarnos en la adoración, alabanza y amor de la Divina Misericordia.






