(Domingo XX - TO - Ciclo A - 2026)
“Mujer, qué grande es tu fe” (Mt 15, 28). Una mujer que no pertenece al Pueblo
Elegido, de origen cananeo y por lo tanto pagana, se postra ante Jesús para
clamarle por su hija, que está poseída por un demonio. Después de veintiún
siglos transcurridos, esta mujer cananea, de origen pagano, es un ejemplo de fe
católica para la totalidad de los católicos de todos los tiempos y en especial,
para nosotros, católicos del siglo XXI. Hay muchas razones por las cuales la
mujer cananea es ejemplo en la fe.
Un primer ejemplo de la firmeza y claridad de su fe es que sabe diferenciar
entre una enfermedad de origen mental, psiquiátrica, como lo es la
esquizofrenia, por ejemplo, que provoca convulsiones de tipo epiléptica, de una
posesión demoníaca, en donde el demonio toma posesión de las facultades del ser
humano. La mujer cananea acude a Jesús no por una enfermedad mental de su hija,
sino porque está poseída por un demonio, tal como ella lo dice y Jesús mismo no
la refuta, sino que confirma el diagnóstico de la mujer cananea. La mujer le
dice a Jesús: “Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. No le
pide a Jesús que la cure de una enfermedad: le pide un exorcismo y la certeza
de su diagnóstico está en que Jesús no la contradice, sino que la confirma en
este diagnóstico. La distinción que hace la mujer cananea, entre enfermedad
psiquiátrica y posesión diabólica, contradice a muchos exégetas católicos,
modernistas que en su afán por negar el origen divino de Jesucristo y su poder
para expulsar demonios, confunden intencionalmente la posesión demoníaca con
una enfermedad psiquiátrica.
Otro ejemplo de fe católica de la mujer cananea es que reconoce en Jesús no a
un profeta, ni a un hombre sabio, ni a un hombre justo o santo, ni siquiera el
más santo entre los santos, a quien Dios acompaña con sus signos: reconoce en
Jesús a Dios Hijo encarnado; reconoce en Jesús al Hombre-Dios, a Dios humanado,
a Dios que se hace hombre sin dejar de ser Dios y esto se ve reflejado en el
trato que le da a Jesús, llamándolo “Señor”, reservado sólo a Dios. Además, la
mujer cananea se postra ante Jesús, lo cual es un signo externo de adoración
reservado solo para Dios.
Este reconocimiento de Jesús como Dios y también como Mesías -lo llama “Hijo de
David”, título reservado para el mesías-, la coloca por encima de la gran
mayoría de los pertenecientes al Pueblo Elegido, quienes precisamente se
caracterizaron por desconocer voluntariamente la divinidad de Jesús y su
condición de Mesías.
La mujer cananea es ejemplo de fe católica -cree en el Jesús católico y no en
el Jesús de los protestantes o el Jesús de las sectas- y es ejemplo también de
perseverancia en la oración, porque no se desanima ni siquiera ante las
repetidas negativas personales de Jesús a su pedido, continuando en la súplica
orante ante Jesús, hasta que logra su cometido, que es la liberación espiritual
de su hija.
Es también ejemplo de
humildad y de humildad casi en grado extremo, porque a pesar de que Jesús la
compara nada menos que con un perro, con un cachorro, al decirle que “no es
lícito tomar la comida de los hijos para dárselas a los cachorros”, aun así, no
se rebela contra Dios Hijo, sino que asiente a la comparación que hace Jesús,
tomando como cierta la comparación del mismo Jesús, quien llama “hijos” a los
integrantes del Pueblo Elegido, mientras llama “cachorros de perros” a los que,
como ella, no pertenecen al Pueblo Elegido. Luego de ser tratada como “cachorro
de perro” la mujer cananea, lejos de dejarse dominar por la ira o por la
soberbia, se humilla aun más todavía, aceptando el ejemplo de Jesús y
aplicándoselo voluntariamente a ella misma: “Pero aun así, los cachorros comen
de las migajas que caen de las mesas de los hijos”. La mujer cananea entiende a
la perfección lo que Jesús le quiso decir con el ejemplo de los hijos y los
cachorros: los hijos son el Pueblo Elegido y alimento substancial, destinado en
primer lugar a ellos, son los milagros que Jesús hace con su omnipotencia
divina y puesto que ella, siendo cananea y por lo tanto pagana, no es
destinataria primaria de los milagros de Jesús, Él no está obligado a hacer
ningún milagro en su favor. Pero la mujer cananea, usando el mismo ejemplo de
Jesús y demostrando una humildad heroica, le dice a Jesús que es verdad que
ella no pertenece al Pueblo Elegido y por lo tanto no son para ella los grandes
milagros, pero aun así, se puede ver beneficiada por un milagro pequeño, como
lo es el exorcismo, de la misma manera a como los cachorros se alimentan de las
migajas que caen de la mesa de los hijos.
Por todas estas
razones, la mujer cananea es ejemplo de fe católica en Jesús, porque se dirige
a Jesús como lo que ES Él, es decir, se dirige a Jesús como Dios y no como un
profeta o como a un hombre santo. La fe verdaderamente católica en Jesús es la
fe de la mujer cananea, la cual se postra en adoración ante Jesús, como ejemplo
de que reconoce interior y exteriormente la divinidad de Jesús. Pero es
también, como dijimos, ejemplo de perseverancia en la oración, porque persiste
en su súplica ante Jesús, aun cuando Jesús en Persona no le concede, en primera
instancia, el milagro que pide; es ejemplo de discernimiento -y por lo tanto de
sabiduría- porque sabe diferenciar, con su intelecto iluminado por la luz de la
gracia, entre enfermedad corporal y posesión diabólica; es ejemplo de humildad
y de auto-humillación, porque no duda en aceptar con humildad el duro ejemplo
que hace Jesús y tampoco duda en auto-humillarse ante Jesús, con tal de
conseguir el exorcismo para su hija.
“Mujer, qué grande es
tu fe”. La fe católica de la mujer cananea es tan grande y fuerte, que
sorprende al mismo Jesús, el cual, en consideración a esta fe, no solo la
alaba, sino que le concede lo que le pide, aun cuando no sea ella la
destinataria de los milagros de Jesús. Ante este ejemplo de la mujer cananea,
debemos reflexionar y preguntarnos si Jesús, viendo nuestra actual fe,
supuestamente católica, nos diría lo mismo que a la mujer cananea o si, por el
contrario, nos diría lo mismo que a Pedro y que a los discípulos de Emaús:
“Hombres de poca fe”. ¿Creemos verdaderamente que Jesús es Dios Hijo encarnado,
que prolonga su Encarnación en la Eucaristía? ¿Creemos verdaderamente que la
Eucaristía es Dios Hijo, oculto en la apariencia de pan y vino? Pidamos a la
mujer cananea, que con seguridad está en el cielo, que interceda para que
nuestra fe en Cristo Jesús y su omnipotencia divina sea al menos pequeña como
la migaja que cae de la mesa de los hijos.


.jpg)


