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lunes, 10 de julio de 2023

“Os envío como ovejas en medio de lobos”

 


“Os envío como ovejas en medio de lobos” (Mt 10, 16-23). Jesús compara a sus discípulos con las ovejas, mientras que a aquellos que no son discípulos de Él, con lobos. La diferencia que existe entre ambas especies animales sirve para establecer la diferencia que existe en el plano espiritual entre quien es cristiano y sigue a Cristo por el camino de la cruz porque lo ama, es decir, quien no solo posee la gracia del Bautismo, sino que sigue a Cristo por amor a Él, y aquel que, aun siendo cristiano porque recibió el Bautismo, odia a Cristo y no lo sigue: estos son lobos disfrazados de corderos, aunque también están aquellos que espiritualmente son lobos, en el sentido de que poseen el espíritu del Anticristo.

Quien verdaderamente ame a Cristo y lo siga, se caracterizará por la mansedumbre, que es lo que diferencia a la oveja como animal, de los animales de otras especies. Quien no ame a Cristo, se caracterizará por no solo no poseer la mansedumbre de la oveja o del cordero, sino que poseerá la ferocidad, la malicia y la astucia maligna preternatural del Ángel caído. Los lobos, aquellos que rechazan frontalmente o insidiosamente el Evangelio de Cristo, son quienes espiritualmente se parecen y participan de la malicia preternatural del Ángel caído, Satanás, el Príncipe del Infierno, el Padre de la mentira, la Serpiente Antigua. Los lobos pueden ser los ángeles rebeldes, los demonios, o también los hombres poseídos por el espíritu del Anticristo, que odian a Cristo por ser Cristo, por ser el Hombre-Dios, porque poseen en sus corazones ennegrecidos y retorcidos solo la capacidad de odiar y maldecir a Cristo. Es a enfrentar a estos lobos, a esta manada de lobos, a quienes Cristo envía a sus discípulos.

Como vemos, si bien la imagen de ovejas y lobos puede parecer incluso hasta simpática, porque se compara a seres humanos con animales, no lo es en el plano espiritual, porque los discípulos de Cristo pueden parecer indefensos frente a la ferocidad irracional y diabólica del Príncipe de las tinieblas y de sus secuaces, los hombres malvados que además de adorar al Demonio, recurren al ocultismo, al satanismo y a la magia en el plano espiritual, además de la violencia, la mentira, el robo, en el plano corporal y terrestre. Pero las ovejas de Cristo no están indefensas, como pudiera parecer a simple vista, porque, aunque estén rodeadas por lobos infernales, están protegidos por la Sangre Preciosa del Cordero, frente a la cual el Infierno entero tiembla de pavor y terror. Si Dios nos envía como ovejas en medio de lobos, no debemos temer, en tanto y en cuanto estemos cubiertos por la Preciosísima Sangre del Cordero de Dios.

sábado, 3 de julio de 2021

“Os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed astutos como serpientes y mansos como palomas”


 

         “Os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed astutos como serpientes y mansos como palomas” (Mt 10, 16-23). Para esta enseñanza evangélica Jesús, que es el Divino Maestro, utiliza cuatro especies de animales: ovejas, lobos, serpientes, palomas. De estas imágenes, tres corresponden a los discípulos de Jesús –ovejas, serpientes, palomas- y una a los hijos de las tinieblas, es decir, a los servidores del anticristo: los lobos.

         Entonces, con su Sabiduría divina, Jesús nos hace ver que debemos tener las características –desde el punto de vista espiritual, obviamente-, de estos tres animales: ovejas, serpientes, palomas. De las ovejas, se puede decir que tomamos, como cristianos, la indefensión y también la necesidad de ser guiados por un pastor; la indefensión, porque la oveja es un animal pacífico, no agresivo, manso y, como decíamos, necesita de la guía de un pastor que, en nuestro caso, es el Buen Pastor, el Pastor Sumo y Eterno, Jesucristo, de cuya autoridad y poder participan los pastores de la Iglesia, los sacerdotes ministeriales; de las serpientes, Jesús nos pide que aprendamos de la astucia de estos animalitos, los cuales, tanto para conseguir alimento, como para defenderse de sus enemigos, debe utilizar la astucia, lo cual comprende acciones como, por ejemplo, esconderse para no ser visto por su presa o por su cazador, y luego salir del escondite para escapar velozmente cuando su depredador se descuida; de las palomas, Jesús nos pide que seamos mansos y pacíficos, como son estas aves –características que por otra parte comparten con las ovejas-, para así comportarnos con nuestro prójimo, sea en la familia, sea en la sociedad.

         Por último, falta la caracterización del lobo, el animal que representa al enemigo de Cristo y el cristiano, es decir, el Anticristo, puesto que así lo dice Jesús: “Os envío como ovejas en medio de lobos”. La imagen no puede ser más elocuente: una oveja, por naturaleza –pacífica, mansa, carente en absoluto de medios tanto de defensa como de ataque-, si es colocada en medio de una manada de lobos, no tiene en absoluto ninguna posibilidad de salir viva, puesto que los lobos tardarían solo unos instantes en clavar sus dientes afilados en la tierna carne de las ovejas. El lobo supera con creces a la oveja y puede dar fácil cuenta de ella, por cuanto posee, por naturaleza, colmillos largos y afilados, garras filosas y gruesas, actitud agresiva, sed de sangre. El lobo es la figura, entonces, que representa tanto al Anticristo como a sus seguidores, los seguidores del Anticristo.

         Ahora bien, nos podemos preguntar dos cosas: por un lado, porqué Jesús nos envía tan indefensos; segundo, porqué nos envía a, literalmente, un lugar que es el centro de la manada de lobos, que es el mundo. La respuesta a las dos preguntas es una sola razón: porque Él es Dios y por lo tanto, no permite que los lobos nos destrocen, como querrían hacerlo, porque Él nos protege con su fuerza divina; por otra parte, Jesús quiere la conversión de los seguidores el Anticristo, los lobos, quienes en definitiva son seres humanos que también están destinados al Reino de los cielos, pero que deben convertirse y es para ayudar a su conversión –que adviene por la gracia santificante- que Jesús quiere que seamos indefensos como ovejas, astutos como serpientes y mansos como palomas. Antes de que Él venga por Segunda Vez.

viernes, 13 de julio de 2018

“Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean astutos como serpientes y mansos como palomas”



“Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean astutos como serpientes y mansos como palomas” (cfr. Mt 10, 16-23). Al enviar a sus discípulos a la misión, Jesús utiliza dos animales como referencia de cómo debe ser su comportamiento en el mundo: las serpientes y las palomas. En otro pasaje, utiliza la figura de la oveja: “Yo los envío como ovejas en medio de lobos”. El cristiano, entonces, debe combinar la sencillez y humildad de las ovejas, con la astucia de las serpientes, para sobrevivir en un medio caracterizado por un fuerte depredador: el lobo, es decir, el hombre sin Dios. Lo que confiere al cristiano las cualidades de los animales descriptos por Jesús, es el acatamiento voluntario a su Ley de la caridad. En efecto, un alma que viva los Mandamientos de la Ley de Dios y se rija por los preceptos de Jesús dados por Él en el Evangelio, será, a los ojos del mundo, como una imitación viviente de Jesús: será humilde y sencillo, como una paloma o una oveja, al tiempo que astuto, como una serpiente, pero no la astucia entendida en el mal sentido, en el sentido de la astucia demoníaca, sino una buena astucia, la astucia que lleva al alma a evitar las trampas que el enemigo tiende para hacerla sucumbir en el pecado. Por otro lado, siempre aparecen en desventaja estos animales –oveja, paloma, serpiente- con respecto al lobo, es decir, al hombre sin Dios, porque el lobo es, en conjunto e individualmente, más fuerte que cualquiera de los tres animales. Pero el lobo –el hombre sin Dios- posee algo que los hombres con Dios sí poseen y es la gracia santificante, la cual suple con creces las deficiencias naturales que pudieran tener. Es la gracia santificante la que hace que el cristiano, débil en apariencia frente al hombre sin Dios –el lobo- salga airoso y triunfante en sus diarios encuentros. De otro modo, Jesús no induciría a sus discípulos a ser como ovejas, palomas  y serpientes, frente a los lobos. En el fondo, los cristianos enviados por Jesús lo que hacen, en definitiva, es imitar la mansedumbre, la sencillez y la bondad de corazón del mismo Jesús. Y es esto lo que da el triunfo al cristiano sobre el lobo, el hombre sin Dios.

viernes, 14 de julio de 2017

“Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean astutos como serpientes y sencillos como palomas”


“Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean astutos como serpientes y sencillos como palomas” (Mt 10, 16-23). Al enviar a sus discípulos a evangelizar, Jesús les hace una advertencia y les da un consejo: les advierte que en el mundo hay “lobos” y que ellos, en cuanto sus discípulos, son “ovejas”, con lo cual les hace ver el peligro que significa el mundo y el riesgo que corren en cuanto cristianos, pero al mismo tiempo les da un consejo para que puedan sobreponerse al peligro que significa enfrentar a los lobos y es que deben ser “astutos como serpientes y sencillos como palomas”.
¿A qué se refiere Jesús? La imagen que utiliza es muy fuerte, muy gráfica, muy sugerente: los cristianos, en medio del mundo y sin ser del mundo, anunciando el Evangelio, son como “ovejas en medio de lobos”, lo cual da una idea de lo desproporcionadas que son las fuerzas: una oveja, en medio de lobos, no tiene oportunidad alguna de sobrevivir, puesto que al lobo le basta una certera dentellada dirigida al cuello de la oveja, para quitarle la vida. Así sucede con los cristianos católicos cuando se enfrentan al mundo, y esto lo podemos comprobar todos los días: es más que evidente en los países en los que no hay persecución cruenta hacia el cristianismo, como por ejemplo, en las dictaduras comunistas de China, Corea del Norte, Cuba, la actual Venezuela, pero también se puede comprobar esta agresión hacia el cristianismo, por parte del mundo ateo y anti-cristiano, en los países liberales, en donde la persecución es incruenta. Los ejemplos sobran: ataques incendiarios a iglesias, profanación de imágenes católicas, acoso y agresión verbal y física por parte del lobby LGTBI a quienes simplemente defienden la ley natural, como por ejemplo, los cristianos que están detrás del bus de “Hazte Oír”; la aprobación de leyes pro-aborto, pro-eutanasia, pro-FIV, etc., por parte incluso de legisladores católicos que han apostatado de su fe, etc. En todos ejemplos cotidianos –y cientos más, todos los días-, podemos comprobar cómo sean ciertas las palabras de Jesús: “Yo los envío como a ovejas en medio de lobos”. Los lobos son quienes, consciente o inconscientemente, participan y responden del odio preternatural diabólico del Ángel caído a Dios Trino y su Mesías, Jesucristo; las ovejas, son los cristianos católicos que, escuchando la voz del Señor, se esfuerzan por propagar, en un mundo cada vez más hostil al cristianismo, el mensaje de salvación de Nuestro Señor Jesucristo.

Por último, el consejo de Jesús, de ser “astutos como serpientes y sencillos como palomas”, es vital para el cristiano, para no ser devorado por la intensa presión anti-cristiana del mundo del siglo XXI en el que vivimos. Pero hay algo que los cristianos debemos saber, y es que la astucia y la sencillez que nos pide Jesús, no depende de nosotros, sino que la recibimos de la gracia, que al comunicarnos la vida divina, nos comunica por eso mismo la sabiduría divina, la sencillez divina, la prudencia divina, y es así como, siendo ovejas, triunfamos sobre los lobos que responden al Lobo infernal, porque somos ovejas del pequeño redil del Sumo y Eterno Pastor Jesucristo, que es Quien nos protege.

viernes, 8 de julio de 2016

“Yo los envío como a ovejas en medio de lobos”


“Yo los envío como a ovejas en medio de lobos” (Mt 10, 16-23). Los discípulos de Jesús, en medio del mundo, son comparados, por el mismo Jesús, a “ovejas en medio de lobos”. ¿Por qué esta comparación? Una oveja es un animal manso, en tanto que el lobo es un animal agresivo y carnívoro y depredador, siendo la oveja uno de sus blancos preferidos y más fáciles de conseguir. La mansedumbre del cristiano-oveja se debe a que, por la gracia, se hace partícipe de la mansedumbre del Cordero de Dios, en tanto que la agresividad y hostilidad del mundo sin Dios, participan de la furia deicida del Ángel caído y de la malicia que brota del corazón del hombre en pecado. A primera vista, pareciera como si los cristianos en el mundo estuvieran inermes e indefensos y en grave peligro de muerte, así como un rebaño de ovejas está en peligro inminente de ser devorado por una manada de lobos que rodea al redil. Sin embargo, la indefensión de los cristianos es sólo aparente, porque mientras las ovejas sí están indefensas y nada pueden hacer contra las dentelladas de los lobos, si estos alcanzan a hundir sus dientes en sus tiernas carnes, los cristianos, por el contrario, están protegidos por la Sangre del Cordero de Dios, que ahuyenta a los lobos, los ángeles caídos, y los protege de la malicia de los hombres sin Dios. Si un pastor terreno dejara a su redil a merced de una manada de lobos, desentendiéndose de su suerte, se podría decir, con toda justicia, que ese pastor es desalmado y que no le importa nada el destino de sus ovejas, pues es inevitable que los lobos terminen desgarrando, con sus filosos dientes, los cuerpos indefensos de las ovejas, terminando con el rebaño entero en muy poco tiempo. Pero no es este el caso del Pastor Eterno, Cristo Jesús, porque aunque sus ovejas están en el mundo, rodeadas de lobos y de peligros para la eterna salvación, es Él mismo en Persona quien las asiste, las protege y las cuida para que nada malo les suceda, protegiéndolas con su Amor divino, de manera que ni todo el mal del mundo, ni todo el odio del infierno, puede siquiera tocar un cabello de un cristiano, si Jesús no lo permite (cfr. Mt 10, 29-30). Si Jesús nos envía a los cristianos a un mundo sin Dios, es para que, asistidos por su Sangre, por su Amor y por el Espíritu Santo, sea Él quien conquiste el mundo, por medio de nuestro testimonio, venciendo el odio con el Divino Amor y la violencia con la mansedumbre de su Sagrado Corazón.

viernes, 10 de julio de 2015

“Yo los envío como ovejas en medio de lobos (…) sean mansos como palomas y astutos como serpientes”



“Yo los envío como ovejas en medio de lobos (…) sean mansos como palomas y astutos como serpientes” (Mt 10, 16-23). Es curioso el hecho de que Jesús utilice a cuatro animales para caracterizar, tanto a sus discípulos, como a los enemigos de sus discípulos, aquellos que son partidarios del mundo, los mundanos. Sus discípulos son “como ovejas”, que deben tener la “mansedumbre de una paloma” y la “astucia de una serpiente”, al tiempo que sus adversarios, los hombres mundanizados, son “como lobos”. Es verdad que Jesús utiliza la figura de animales, los cuales están en un plano inferior al de los seres humanos, para graficar la realidad de la batalla espiritual que se libra entre sus discípulos –las ovejas- y los discípulos de Satanás, los mundanos –los lobos-; sin embargo, debido a que se trata de una batalla espiritual, las figuras son solo figuras, ya que en la realidad, lo que actúa, en el caso de los discípulos de Jesús, es la gracia, concediendo la mansedumbre, propia de las ovejas y de las palomas, y la astucia, propia de las serpientes, aunque en este caso, se trate de la mansedumbre del Hijo de Dios y de la astucia o, más bien, de la sabiduría del Hijo de Dios; en el caso de los hombres mundanos, los “lobos”, quien les hace partícipe de lo que es propio del lobo –traducido a las características humanas, esto es, ferocidad, impiedad, dureza de corazón, perversidad, astucia con mala intención, etc.-, es el Demonio, puesto que los hombres que pertenecen al mundo están bajo sus órdenes.
“Yo los envío como ovejas en medio de lobos”. En esta –aparente- desigual batalla entre las ovejas y los lobos –los lobos, con sus colmillos afilados, llevan todas las de ganar, frente a la indefensión de las ovejas-, quien dará la victoria final, será Nuestro Señor Jesucristo, porque Él infundirá, en sus discípulos, en aquellos que sean mansos como ovejas y astutos como serpientes, su Espíritu, el Espíritu Santo, quien “hablará por ellos”, cuando sean perseguidos y encarcelados por causa del Hijo de Dios.

“Yo los envío como ovejas en medio de lobos (…) sean mansos como palomas y astutos como serpientes”. Un filósofo pre-cristiano, Platón, decía que era preferible sufrir una injusticia, antes que cometer una injusticia; los cristianos, al ser mansos como ovejas en medio de lobos, están expuestos a toda clase de injusticias, de persecuciones, de agresiones, e incluso, están expuestos a perder la vida y no puede ser de otra manera, porque eso es lo que le sucedió al Pastor de las ovejas, Jesucristo. Por otra parte, para quien sea como una oveja, manso como una paloma y astuto como una serpiente, le está prometida la asistencia del Espíritu Santo y el triunfo final sobre sus enemigos, los lobos infernales, y le está asegurada, por lo tanto, el ingreso al Reino de los cielos.

sábado, 10 de mayo de 2014

“Yo Soy la Puerta de las ovejas”


(Domingo IV - TP - Ciclo A – 2014)
         “Yo Soy la Puerta de las ovejas” (Jn 10, 1-10). Jesús utiliza una imagen, la del pastor con sus ovejas en un aprisco, en un refugio, para dar su enseñanza: una tapia o empalizada que protege a las ovejas cuando estas regresan de sus pastos para pasar la noche, la puerta abierta a los pastores, pero no a los ladrones que penetran en el aprisco por algún otro lugar, la escena de la mañana cuando el pastor viene de su casa para sacar a las ovejas para pastar, la llamada del pastor que reconocen sus propias ovejas, el hecho de conocerlas el pastor por su nombre, llamándolas a cada una por su nombre, la docilidad con que la grey le responde, al tiempo que está dispuesta a huir de un extraño[1].
         En esta imagen, cada elemento tiene un significado sobrenatural: el pastor, el buen pastor, que entra por la puerta y conoce a sus ovejas, es Cristo; las ovejas, son los bautizados; el corral o aprisco, donde las ovejas están seguras, es la Iglesia Católica; el exterior del corral y la noche, en donde merodean los lobos, representan los peligros para la salvación de las almas: las tentaciones del mundo y los ángeles caídos, los demonios; los ladrones, que no entran por la puerta, sino por otra parte, son los falsos mesías, los anticristos, los fundadores de sectas, o incluso sacerdotes católicos a los que les importa más de sí mismos que de las almas a ellos confiadas.
         La imagen central del aprisco o corral se aplica entonces a la Iglesia, único lugar seguro de salvación, porque así como las ovejas están seguras en el corral, protegidas por una puerta firme y por un buen pastor, resguardadas del peligro de la noche, en donde merodean los lobos y los asaltantes, así también las almas están seguras dentro de la Iglesia Católica, cuyo Buen Pastor es Cristo, quien es también su Puerta firme y segura.
Solo en la Iglesia Católica, fundada por el Hombre-Dios Jesucristo el Viernes Santo, encuentra el hombre la salvación, por eso es que el Catecismo de la Iglesia Católica[2] y el Concilio Vaticano II[3] enseñan que “fuera de la Iglesia no hay salvación”. La Iglesia nació al ser traspasado el Sagrado Corazón de Jesús por la lanza del soldado romano, y al brotar de su Corazón la Sangre y el Agua, portadores de la gracia santificante que se transmite a través de los sacramentos; de estos sacramentos, el sacramento del bautismo es la puerta[4] por la cual los hombres entran en la Iglesia para recibir la salvación obtenida por Cristo en la cruz.
Con la imagen del corral y del aprisco en el que las ovejas entran y quedan seguras y al resguardo de los lobos y de los ladrones, Jesús nos quiere hacer ver que la Iglesia es necesaria para la salvación y que “no hay salvación fuera de la Iglesia”; quienes no pertenecen a la Iglesia, pueden salvarse, porque Dios, dice también el Concilio Vaticano II, puede llevar a la fe por caminos que sólo Él conoce, aunque esto no exime a la Iglesia de su tarea misionera: “Dios, por caminos conocidos sólo por Él, puede llevar a la fe, ‘sin la que es imposible agradarle’ (Hb 11, 6), a los hombres que ignoran el Evangelio sin culpa propia; corresponde, sin embargo, a la Iglesia la necesidad y, al mismo tiempo, el derecho sagrado de evangelizar’ (AG 7)”[5]. Distinto es el caso de aquellos que, sabiendo que Jesús fundó la Iglesia Católica y sabiendo que es necesaria para la salvación, no quieren entrar o no quieren perseverar en ella, es decir, los que no quieren recibir el bautismo, o los que, habiéndolo recibido, lo rechazan, apostatando de la fe, tal como existe hoy en la actualidad, un movimiento de apóstatas que llaman a borrar los nombres de los libros del Bautismo[6]. Dicen así el Concilio Vaticano II: “No podrían salvarse los que sabiendo que Dios fundó, por medio de Jesucristo, la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin embargo, no hubiesen querido entrar o perseverar en ella”[7].
La otra imagen que utiliza Jesús es la de la puerta, y es para aplicársela a sí mismo: “Yo Soy la Puerta de las ovejas”. Una puerta abierta deja pasar, entrar, salir; permite circular libremente; una puerta cerrada, impide el paso, protege[8]. La puerta se identifica también, con la construcción a la que pertenece: ya sea con la ciudad -sobre todo en la antigüedad, las ciudades poseían puertas monumentales, fortificadas, que protegían de los enemigos o daban paso a los amigos- o, en el caso de la figura del aprisco o corral, se identifica con el corral: Jesús es la Puerta de las ovejas, es la puerta del corral: Él es, con su Corazón traspasado en la Cruz, la Puerta abierta al cielo; Él es la Puerta abierta por la que salen las ovejas al amanecer, para alimentarse con los pastos verdes y abundantes y beber el agua fresca y cristalina de la gracia santificante, los sacramentos de la Iglesia; Él es la Puerta cerrada que protege a las ovejas cuando ya ha oscurecido y todas las ovejas han entrado al redil, y no deja entrar al Lobo infernal, que quiere, con sus dientes y garras afiladas, despedazar las almas para siempre en los abismos del Infierno; Jesús es la Puerta cerrada, segura y firme, que protege a las ovejas de las acechanzas del Lobo infernal, y si alguna, por desventura, queda a merced del Lobo, es solo porque no ha querido, por voluntad propia, entrar y quedar segura, al resguardo del aprisco cerrado y protegido por la Puerta maciza que es Cristo Jesús. Jesús es la Puerta cerrada que protege a las ovejas también de los malos pastores, de los asaltantes, de los que quieren entrar en el aprisco por otro lado; son los falsos cristos, los falsos mesías de la Nueva Era, los anticristos, los que se disfrazan de pastores, pero solo para apuñalar a las ovejas, matarlas, y apoderarse de su lana y asar su carne.
“Yo Soy la Puerta de las ovejas”. Solo Jesús en la Cruz y en la Eucaristía es la Puerta por la cual alcanzamos la eterna salvación; no existe ninguna otra puerta por la que podamos entrar en la vida eterna, porque solo Jesús crucificado y Jesús en la Eucaristía nos conduce, por medio del Espíritu Santo, al seno de Dios Padre. Cualquier otro cristo, es un cristo falso, un Anticristo.




[1] Cfr. B. Orchard et al., Comentario al Nuevo Testamento, Tomo III, 732-733.
[2] Número 846.
[3] Lumen Gentium n. 14.
[4] Cfr. Catecismo, 846.
[5] Catecismo 848. Decreto Ad Gentes sobre la Actividad Misionera.
[6] El movimiento existe y se llama: “Apostasía Colectiva”; su página web es: apostasía.com.ar. Llama a los bautizados en la Iglesia Católica a “darse de baja de la Iglesia Católica”, entendiendo la apostasía como “un derecho” (sic), y el modo de hacerlo consistiría en remitir una carta modelo en la que se solicita a la parroquia que se borren los datos del bautismo de los libros parroquiales.
[7] Lumen Gentium n. 14. Esta afirmación no se refiere a los que, sin culpa suya, no conocen a Cristo y a su Iglesia: ‘Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna’ (LG 16; cf DS 3866-3872). Catecismo, 847.
[8] Cfr. X. León-Dufour, Vocabulario de Teología Bíblica, Editorial Herder, Barcelona 1993, 750-751.

miércoles, 2 de octubre de 2013

“Yo los envío como ovejas en medio de lobos”



“Yo los envío como ovejas en medio de lobos” (Lc 10, 1-12). Al enviar a su Iglesia a misionar al mundo, Jesús les advierte acerca de los peligros que correrán, peligros que no están causados tanto por factores humanos, sino por factores sobrehumanos, y estos son los ángeles caídos. Es a esto a lo que Jesús quiere referirse cuando dice que envía a sus discípulos “como ovejas en medio de lobos”, porque la disparidad de fuerzas que da la imagen –una oveja no tiene ninguna posibilidad frente a un lobo- remite a entidades malignas que superan ampliamente las fuerzas de la naturaleza humana. En otras palabras, cuando Jesús dice que los cristianos somos como “ovejas en medio de lobos”, no está hablando de la mera inseguridad que puede vivir una sociedad civil, inseguridad causada por el aumento de la delincuencia en todas sus formas, en donde los cristianos serían las ovejas, y los delincuentes, los lobos: Jesús está hablando de un peligro mucho más grande, tan grande que es difícil incluso de imaginar, porque es un peligro real, posible de abatirse sobre los cristianos como una fuerza imposible de resistir, así como una oveja no puede resistir las dentelladas del lobo. Este peligro real, que supera con creces cualquier posibilidad de defensa natural de la que sea capaz el hombre, está dado por una multitud de seres malignos, los ángeles caídos, que habitan en el infierno pero a los cuales se les permite salir para que tienten a los hombres.
Sólo así se explica la imagen que da Jesús, la de “ovejas en medio de lobos”, con la cual describe a los integrantes de su Iglesia: así como un lobo es más ágil, astuto y fuerte que una oveja, en cuya comparación es lenta para caminar, tarda para pensar y sumamente débil, así la naturaleza angélica del ángel caído es superior a la naturaleza humana, y así como no puede ofrecer la más mínima resistencia a las dentelladas del lobo, así el cristiano, sin la ayuda de la gracia, es fácil presa de Lobo Infernal, Satanás.
“Yo los envío como ovejas en medio de lobos”. El cristiano, en medio del mundo, gobernado por el Príncipe de las tinieblas y por los hombres asociados a él, es como una “oveja en medio de lobos”, y por lo tanto es débil como una oveja, pero al mismo tiempo, y paradójicamente, al estar asistido por la gracia divina, es más fuerte que el Lobo: no posee la astucia del Lobo infernal, pero posee la Sabiduría divina; no posee la fuerza del Lobo, pero está dotado con la Fortaleza de Cristo; no cuenta con la doblez y el cinismo de las tinieblas, que proporcionan una ventaja inicial, pero está dotado de la mansedumbre y humildad del Sagrado Corazón de Jesús. Y con estas armas invencibles, la Sabiduría divina, la Fortaleza de Cristo y la mansedumbre y humildad, se da algo imposible para el hombre: que la oveja venza al Lobo.

jueves, 11 de julio de 2013

“Yo los envío como ovejas en medio de lobos (…) Sean astutos como serpientes y sencillos como palomas”


“Yo los envío como ovejas en medio de lobos (…) Sean astutos como serpientes y sencillos como palomas” (Mt 10, 16-23). Al enviar a la Iglesia a misionar, Jesús utiliza las figuras de tres animales para describir el comportamiento que deberá caracterizar a sus discípulos: deberán ser pacíficos como ovejas, astutos como serpientes y sencillos como palomas. A su vez, utiliza la figura de un cuarto animal, el lobo, para describir el mundo sin Dios al cual son enviados para predicar la Buena Noticia. Jesús les advierte acerca de la peligrosidad del mundo sin Dios y les aconseja la defensa: “Yo los envío como ovejas en medio de lobos (…) Sean astutos como serpientes y sencillos como palomas”. De esta manera, aparece una evidente desproporción y una gran diferencia entre los discípulos de Cristo, que deberán ser como ovejas, palomas y serpientes, y el mundo, que es como “lobo”. El motivo de la desproporción y la diferencia entre los cristianos y el mundo se debe a las diversas fuerzas sobrenaturales que representan: a Dios y al Diablo, respectivamente. Dios es un Dios de paz, y por eso los cristianos deben poseer la mansedumbre de una oveja, y así combatirán contra la guerra que el mundo, instigado por el Demonio, hace contra Dios; Dios es un Dios sabio, de Sabiduría infinita, y por eso los cristianos deben ser astutos como la serpiente, para dar, de modo inteligente, un lúcido testimonio de Dios, y así combatirán contra los engaños de las tinieblas, que con su inteligencia ensombrecida por el mal, buscan borrar de la mente y el corazón de los hombres y de la faz de la tierra, el santo nombre de Dios; Dios es un Dios simple, en el sentido de perfección absoluta, porque su Ser divino es Acto Puro de Ser, que es perfectísimo, y por este motivo los cristianos deberán ser sencillos como palomas, para imitar la sencillez, simplicidad y transparencia del Ser divino, y de esta manera combatirán la doblez, el cinismo, la hipocresía, del ser maligno, quien por medio de la mentira, cuyo Príncipe es, tiende trampas a los hombres para seducirlos, engañarlos, y conducirlos a la eterna perdición.
“Yo los envío como ovejas en medio de lobos (…) Sean astutos como serpientes y sencillos como palomas”. La mansedumbre, la recta inteligencia en las cosas de Dios, y la sencillez, son los signos de que el cristiano está animado por el Espíritu Santo, en contraposición a quienes, guiados por el espíritu del mundo, instigados por el Demonio, obran utilizando las armas de la violencia, el engaño y la hipocresía.

miércoles, 17 de octubre de 2012

"Yo los envío como ovejas en medio de lobos"



“Yo los envío como ovejas en medio de lobos” (Lc 10, 1-9). El envío de Jesús a sus discípulos, a la misión de evangelizar el mundo, tiene una característica: los cristianos serán, en medio del mundo, como “ovejas en medio de lobos”.
Esta situación no se deriva de un factor extrínseco, meramente moral, como pudiera ser la decisión pragmática del fundador de una religión con respecto a sus discípulos, ni se trata de un pacifismo a ultranza: la situación de verdadera indefensión en la que se encuentran los discípulos –no puede haber mayor indefensión para un rebaño de ovejas que encontrarse rodeada por una manada de hambrientos y feroces lobos- depende de la naturaleza misma de las cosas y de la realidad teologal última de la historia y de la vida humana.
La oveja, mansa y pacífica, humilde, indefensa, representa al fiel bautizado, el cual a su vez es una imagen del ser divino, por cuanto lleva su impronta, al haber sido creado a su imagen y semejanza: el Ser divino trinitario es pacífico, manso, y humilde; de ahí que Jesús pida en el Evangelio su imitación: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”.
Por el contrario, el lobo, con su característica ferocidad, salvajismo y sed de sangre y con su capacidad de sembrar muerte a su alrededor, es una figura del Príncipe de las tinieblas, que movido por su sed inextinguible de odio, no solo despedazaría corporalmente en el acto a todo hombre si le fuera permitido por la Voluntad divina, sino que lo arrastraría a lo más profundo del infierno, para hacer sufrir por la eternidad a quien fuera en vida una imagen del Dios Viviente.
Es aquí entonces cuando se comprende en toda su magnitud sobrenatural la frase de Jesús: “Yo los envío como ovejas en medio de lobos”, puesto que el mundo está bajo el poder del Maligno y busca destruir todo resquicio de luz y de verdad divina, contenidos de la misión que las ovejas, los bautizados, tienen que realizar.
Lo malo es cuando las ovejas, más que disfrazarse, se transmutan en lobos; lo malo es cuando el cristiano, llamado a ser una prolongación y una actuación viviente de la mansedumbre y humildad de Jesús, se convierte en un espantoso y deforme monstruo, soberbio y desafiante, que pretende destruir todo a su paso, como si fuera una siniestra prolongación en la tierra del ángel caído.