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miércoles, 23 de julio de 2025

El Padrenuestro se vive en la Santa Misa


 

(Domingo XVII - TO - Ciclo C - 2025)

“Señor, enséñanos a rezar…” (Lc 11, 1-13). Los discípulos le piden a Jesús que les enseñe a rezar y Jesús les enseña el Padrenuestro, con lo cual, esta oración se convierte en una oración muy particular, por un doble motivo: por ser precisamente una oración enseñada por el mismo Señor Jesucristo en Persona y por tener una característica que no la tiene ninguna otra oración y esta característica es que, si bien es una oración que puede ser recitada en cualquier momento, tiene la particularidad de que es una oración que se vive, se actualiza, en la Santa Misa. En otras palabras, el Padrenuestro no solo se recita, sino que se actualiza, se hace realidad, se hace vida, en cada Santa Misa. Veamos de qué manera el Padrenuestro se vive en la Santa Misa, analizando cada una de sus oraciones.

“Padre nuestro, que estás en el cielo”: en el Padrenuestro nos dirigimos, con la mente y el corazón, a Dios, nuestro Padre, que está en el cielo; en la Santa Misa, mucho más que nosotros dirigirnos a Dios, que está en el cielo, es Dios Quien, por la liturgia eucarística, viene a nosotros, porque en la Santa Misa el altar material desaparece y se convierte en el majestuoso cielo eterno en donde reside la divina majestad.

“Santificado sea tu Nombre”: en el Padrenuestro pedimos que el Nombre de Dios sea santificado; en la Santa Misa, el Nombre Tres veces Santo de Dios es santificado por Dios Hijo en Persona, el cual glorifica a Dios por medio de su Sacrificio en cruz, renovado incruenta y sacramentalmente en el altar eucarístico.

“Venga a nosotros tu Reino”: en el Padrenuestro pedimos que el Reino de Dios venga a nosotros; por la Santa Misa, esta petición se hace realidad, porque mucho más que venir a nosotros el Reino de Dios, por la liturgia eucarística viene el Rey del Reino de Dios, Cristo Jesús en la Eucaristía.

“Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”: en el Padrenuestro pedimos que la voluntad de Dios se cumpla; en la Santa Misa, esta petición se hace realidad, porque la voluntad de Dios es que todos los hombres se salven y Quien cumple esta voluntad divina es el Cordero de Dios, Jesucristo, al entregar su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad en la Sagrada Eucaristía, para la salvación de todos los hombres.

“Danos hoy nuestro pan de cada día”: en el Padrenuestro pedimos a Dios que nos asista con su Divina Providencia, para que no nos falte el alimento cotidiano; en la Santa Misa, esta petición se hace realidad y de una manera tal que supera todo lo que podemos siquiera imaginar, porque Dios no solo nos concede el sustento material, es decir, el alimento del cuerpo, sino que nos concede algo que no podríamos jamás ni siquiera imaginar si no fuera revelado y es que por la Santa Misa Dios nos concede el sustento del espíritu, aquello que alimenta nuestra alma con la substancia divina trinitaria, el Verdadero Maná bajado del cielo, el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, la Sagrada Eucaristía.

“Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”: en el Padrenuestro pedimos a Dios que perdone nuestros pecados y al mismo tiempo hacemos el propósito de perdonar a quien nos haya cometido algún mal; en la Santa Misa, todo esto se hace realidad por Jesucristo, porque Dios nos perdona nuestros innumerables pecados gracias a la Sangre de Jesús, derramada en el Calvario y recogida en el Cáliz del altar y así se cumple la primera parte de la oración; pero además de esto, Jesucristo nos concede la fuerza de su Amor, la Sangre de su Sagrado Corazón, para que nosotros seamos capaces de perdonar a quien nos ofende, con el mismo perdón y el mismo Amor con el cual Cristo nos perdona y nos ama desde la Cruz y desde el Altar eucarístico.

“No nos dejes caer en la tentación”: en la Santa Misa pedimos a Dios la fuerza para no caer en la tentación; en la Santa Misa, esta petición se cumple con creces, porque no solo recibimos la gracia santificante, que nos da la fuerza necesaria para no ceder ante ninguna tentación, por fuerte que esta pueda ser, sino que además, al recibir la Sangre de Cristo, recibimos al mismo tiempo la gracia de participar de su vida trinitaria y de sus virtudes divinas, lo cual es infinitamente más grandioso que solamente no caer en la tentación.

“Y líbranos del mal”: en el Padrenuestro pedimos a Dios que nos libre del mal y esta petición se cumple con creces en la Santa Misa, porque Jesús por la Misa nos libra de un triple mal: del mal en persona, que es Satanás; del mal del alma, que es el pecado y del mal de la inteligencia, que es el error y la ignorancia, que conducen a la herejía y a la apostasía. Por este motivo, la petición que hacemos a Dios en el Padrenuestro, de que nos “libre del mal”, se cumple sobradamente, porque como dijimos, Jesús no solo nos libra del mal personificado, que es Satanás, el Demonio, el Ángel caído, porque Jesucristo derrota para siempre al Demonio en la Cruz y renueva este triunfo sobre el Demonio en cada Santa Misa, sino que nos concede su Bondad Infinita y Eterna, el Amor de su Sagrado Corazón que late en la Eucaristía. Pero además de librarnos del mal en persona, que es el Ángel caído, Jesús nos libra del mal que es el pecado, el mal raíz de todos los males, porque por el pecado se nos quita la gracia y el alma se ve envuelta en las tinieblas de la negación voluntaria de Dios, que es el pecado; Jesús nos libra también del mal que es el error, la ignorancia y la herejía, porque Él es la Sabiduría Divina, la Sabiduría del Padre, que se carne en Jesús de Nazareth y prolonga esta encarnación en la Eucaristía, colmándonos de la luz de su sabiduría divina cada vez que lo recibimos en gracia, con fe y con amor en la Sagrada Eucaristía.

          Por todo esto, vemos entonces cómo el Padrenuestro es una oración que se vive, se actualiza, en la Santa Misa, en cada Santa Misa y es esta la principal enseñanza que nos deja Jesús en el Evangelio de hoy. Pero el Evangelio de hoy también se refiere a otros aspectos de la oración, como por ejemplo, el hecho de que, siendo Dios infinitamente bueno, solo obtendremos de Él cosas buenas, ya que es imposible que nos dé cosas malas y para que nos demos una idea de esto, Jesús hace la comparación de un hombre que está acostado con sus hijos y que es importunado por un amigo a altas horas de la noche, pidiéndole pan; solo para que no lo importune, le dará el pan, significando a Dios Padre que nos da el Pan de Vida eterna, la Sagrada Eucaristía; el otro ejemplo es el de un padre que no da cosas malas a sus hijos: mucho menos Dios, que es infinitamente bueno, y en el que no hay la más mínima sombra de maldad, no solo no dará cosas malas a nosotros, sus hijos, sino que nos dará algo que ni siquiera podemos imaginar, nos dará el Amor de su Corazón Divino, el Amor de Dios, el Espíritu Santo. Pidamos a Dios, por medio de la Santa Misa, por medio del Sacrificio del Cordero, por medio del Padrenuestro, que venga a los corazones de los hombres de todo el mundo, el Amor de la Trinidad, el Amor de Dios, el Espíritu Santo.


miércoles, 9 de octubre de 2024

El Padrenuestro se vive en la Santa Misa

 



         El Padrenuestro tiene una doble característica: por un lado, es la única oración enseñada personalmente por Nuestro Señor Jesucristo; por otro lado, es la única oración que se vive en la Santa Misa. Veamos por qué.

         “Padrenuestro que estás en el Cielo”: en el Padrenuestro nos dirigimos a Dios, nuestro Padre, que está en el Cielo; en la Santa Misa, Dios Nuestro Padre, se hace Presente, en Persona, con su Cielo eterno, porque el Altar Eucarístico se convierte en el Cielo Eterno por la liturgia eucarística durante la Santa Misa.

         “Santificado sea Tu Nombre”: en el Padrenuestro expresamos el deseo de que el Nombre de Dios sea santificado; en la Santa Misa se hace realidad ese deseo, porque Quien santifica el Nombre Tres veces Santo de Dios es Dios Hijo en Persona, por medio de la oblación de su Cuerpo y su Sangre, la Sagrada Eucaristía.

         “Venga a nosotros tu Reino”: esta petición se cumplida con creces en la Santa Misa, porque mucho más que venir a nosotros el Reino de Dios, en la Santa Misa viene a nosotros el Rey del Reino de Dios, Jesús Eucaristía, para reinar en nuestros corazones.

         “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”: la voluntad de Dios se cumple a la perfección en la Santa Misa, porque su voluntad es que todos los hombres se salven y en la Santa Misa se renueva sacramentalmente el Santo Sacrificio de la Cruz, el Sacrificio del Cordero, por medio del cual se salvan todos los hombres que aceptan al Hombre-Dios como a su Dios y a su Redentor.

         “Danos hoy nuestro pan de cada día”: esta petición se cumple doblemente en la Santa Misa, porque Dios nos concede con su Providencia el pan material, el pan de la mesa, con el cual alimentamos el cuerpo todos los días, pero más importante aún, nos concede el Pan de Vida eterna, la Sagrada Eucaristía, con el cual alimentamos el alma.

         “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”: en la Santa Misa esta petición está concedida aun antes de que la pidamos, porque la Santa Misa es la renovación del Santo Sacrificio de la Cruz, sacrificio por el cual Dios Padre nos perdona la ofensa que le hicimos al haber cometido deicidio, al haber matado a su Hijo en la Cruz y al mismo tiempo, nos concede el Cuerpo y la Sangre de su Hijo, la Sagrada Eucaristía, en la que está contenido el Divino Amor, el Espíritu Santo, con el cual podemos perdonar a nuestros enemigos, para así poder perdonar a quienes nos han ofendido.

         “No nos dejes caer en la tentación”: esta petición se cumple acabadamente en la Santa Misa, porque por la Comunión Eucarística no solo recibimos la Fortaleza Divina más que necesaria para no caer en la tentación, aun cuando sea la más grande tentación, sino que recibimos al Dios Todopoderoso, de quien emana toda fortaleza y de cuya fortaleza nos hacemos partícipes, de manera que una sola Comunión Eucarística nos bastaría para no volver a pecar nunca más hasta el resto de nuestros días mortales.

         “Y líbranos del mal”: por la Santa Misa, nos vemos libres del mal, que es ausencia de bien: de la privación de la vida, que es el mal de la muerte, porque por la Eucaristía recibimos al Dios Viviente y el Dios que es la Vida Increada, Cristo Jesús; nos vemos libres de la privación de la gracia, que es el pecado, porque por la Eucaristía recibimos a Cristo Jesús, que es la Gracia Increada y Fuente Increada de toda gracia; por último, nos vemos libres del mal en persona, que es el ángel caído, el Diablo o Satanás, el Príncipe de las tinieblas, el Príncipe de este mundo y nos vemos libres de todos los ángeles malditos, porque el Dios de la Eucaristía, el Dios del Sagrario, Cristo Jesús, los venció para siempre en la Cruz del Calvario y como Cristo Eucaristía es Luz Eterna, el Príncipe de las tinieblas no soporta la luz divina del Cordero de Dios y huye ante su Presencia y así nos vemos libres de su maligna y demoníaca presencia.

         Por todo esto vemos cómo, el Padrenuestro, es la única oración que se vive en la Santa Misa.


miércoles, 19 de junio de 2024

El Padrenuestro se vive en la Santa Misa

 



         El Padrenuestro tiene dos características muy particulares: una, es una oración enseñada directamente por Nuestro Señor Jesucristo; la segunda, es que se vive, de manera real, substancial, ontológica, en la Santa Misa. En otras palabras, cada oración del Padrenuestro se actualiza, en el presente de cada Santa Misa, haciéndose realidad en el “hoy” y “ahora”, en su realidad substancial y ontológica, desde la eternidad y no en la mera psiquis del que reza. Es como si, al rezar el Padrenuestro en la Santa Misa, cada una de sus oraciones se hiciera presente, se actualizara, desde la eternidad, en el presente del momento en el que se celebra la Santa Misa. Veamos y contemplemos cada una de sus oraciones.

         “Padre nuestro que estás en el cielo”: en el Padrenuestro nos dirigimos a Dios, nuestro Padre del cielo; en la Santa Misa, Dios Padre se hace Presente, en Persona, porque en la Santa Misa el altar ya no es más fracción de piedra, de madera o de cemento, sino que es el Cielo mismo y el Cielo eterno es en donde mora Dios, nuestro Padre celestial, que se hace Presente en Persona en la Santa Misa.

         “Santificado sea Tu Nombre”: en la Santa Misa pedimos que el Nombre Tres veces Santo de Dios sea santificado y esa petición se hace realidad y se cumple por medio del Santo Sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo, puesto que la Misa es la renovación incruenta y sacramental del Santo Sacrificio de la Cruz, Santo Sacrificio por el cual el Hombre-Dios Jesucristo glorifica y santifica el Nombre Santísimo de Dios.

         “Venga a nosotros Tu Reino”: en el Padrenuestro pedimos que el Reino de Dios venga a nosotros; en la Santa Misa ese pedido se hace realidad, porque el altar se convierte en el Cielo, que es el Reino de Dios, pero también hay algo infinitamente más grande que el Reino de Dios y es que por la Santa Misa viene a nosotros el Rey del Reino de Dios, Jesucristo, Rey de cielos y tierra, Rey de los ángeles y de los hombres.

         “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el Cielo”: en el Padrenuestro pedimos que la voluntad santísima de Dios se cumpla y este pedido se cumple en la Santa Misa, porque la voluntad de Dios es que todos los hombres se salven y como la Santa Misa es la renovación incruenta y sacramental del Santo Sacrificio de la Cruz, el Sacrificio del Cordero de Dios, por medio del cual los hombres se salvan, es Jesucristo Quien cumple a la perfección la voluntad de Dios, salvando a los hombres que aceptan ser salvados por su Sangre y por su gracia santificante.

         “Danos hoy el pan de cada día”: en el Padrenuestro pedimos que no nos falte el pan de cada día y ese pedido se hace realidad en la Santa Misa, porque Dios, en su Divina Providencia, nos asiste para que no nos falte el pan material, el pan de trigo, amasado y cocido y horneado en el fuego, pero también se cumple algo que ni siquiera imaginamos y que ni siquiera osamos pedir y que sin embargo el Divino Amor del Padre nos lo concede y es el Pan de Vida Eterna, el Pan hecho con el Trigo Santo que es el Cuerpo de Cristo, triturado en la Pasión y cocido y glorificado en la Resurrección, Pan que es el Manjar de los Ángeles, que es alimento celestial para el alma, el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía.

         “Perdona nuestras ofensas”: en el Padrenuestro pedimos perdón y esto se cumple incluso antes de que formulemos el pedido de perdón, porque antes de pedir perdón, Dios Padre nos envía en la Santa Misa a su Hijo crucificado como signo de su perdón y de su Amor Misericordioso, ya que a través de su Corazón traspasado y a través de sus Llagas abiertas brota su Sangre Preciosísima y su Sangre sirve de vehículo, por así decirlo, del Espíritu Santo, del Divino Amor, con el cual Dios no solo nos perdona, sino que nos sumerge en lo más profundo de su Sagrado Corazón.

         “Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”: en el Padrenuestro hacemos a Dios el propósito de perdonar a los que nos ofenden y como Dios sabe que no tenemos fuerza para hacerlo porque somos débiles, nos concede, a través de Jesús Eucaristía, la fuerza del Divino Amor necesaria no solo para perdonar, como Dios nos perdona, sino para amar a nuestros enemigos, así como Dios nos amó, siendo nosotros sus enemigos, cuando crucificamos a su Hijo en la Cruz por el pecado.

         “No nos dejes caer en la tentación”: esta petición también se cumple en la Santa Misa, porque es verdad lo que dice Nuestro Señor en el Evangelio: “Sin Mí, nada podéis hacer”; es decir, sin la ayuda de Jesús, nada podemos hacer; sin la gracia de Jesucristo, no podemos resistir ni a la más mínima tentación, por eso Dios nos concede, en la Eucaristía, la fuerza misma del Hombre-Dios Jesucristo, no solo para no caer en la tentación, sino para incluso para adquirir toda clase de virtudes y dones.

         “Y líbranos del mal”: esta petición se cumple en la Santa Misa, porque siendo la renovación del Santo Sacrificio de la Cruz, es allí donde Jesús derrota para siempre al Príncipe de las tinieblas, al Ángel caído, a Satanás, al Diablo y a todo el Infierno junto, venciéndolo para siempre con su poder divino y con la fuerza de la Cruz, haciendo partícipes de su victoria a su Santa Madre, María Santísima y a todo hombre que por la gracia se asocie a la Santa Cruz.

         Por todas estas razones, el Padrenuestro se vive en la Santa Misa.


martes, 20 de febrero de 2024

El Padrenuestro se vive en la Santa Misa

 



         El Padrenuestro no solo tiene la particularidad de ser la oración enseñada por Nuestro Señor Jesucristo en Persona, sino que además tiene la particularidad de ser la oración que se vive en la Santa Misa, es decir, es la oración cuyas peticiones y proposiciones se hacen realidad, en acto, en la Santa Misa y veamos las razones, meditando y reflexionando sobre cada una de las oraciones del Padrenuestro.

         “Padrenuestro que estás en el cielo”: en el Padrenuestro nos dirigimos a Dios que está en el Cielo; en la Santa Misa, por la liturgia eucarística, el altar deja de ser una construcción material, para ser una parte del Cielo, en donde está el mismo Dios, de manera que en la Santa Misa tenemos en la tierra a Dios, que vive en los cielos.

         “Santificado sea tu Nombre”: en el Padrenuestro pedimos que el Nombre de Dios sea santificado; en la Santa Misa se cumple esta petición, porque Quien santifica el Nombre Tres veces Santo de Dios es Jesucristo al ofrecerse como Víctima Inmaculada y Santa en la Sagrada Eucaristía.

         “Venga a nosotros tu Reino”: en la Santa Misa pedimos que el Reino santo de Dios venga a nosotros; en la Santa Misa esta petición se hace realidad porque como dijimos, el altar se convierte en el Cielo, donde está el Reino de Dios, con el agregado que no solo viene a nosotros el Reino de Dios, sino el Rey del Reino de Dios, Jesús Eucaristía.

         “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”: en el Padrenuestro pedimos que la voluntad de Dios se cumpla tanto en el cielo como en la tierra y en la Santa Misa esta petición se hace realidad, porque Quien la cumple es Jesucristo quien, sacrificándose en el altar de la cruz, cumple la voluntad de Dios en la tierra, salvando a quienes se unen a su Cruz y cumple la voluntad de Dios en el cielo, llevando a quienes se unen a Él por la Comunión, al seno del Padre, por el Espíritu, en el Reino de los cielos.

         “Danos hoy nuestro pan de cada día”: en el Padrenuestro pedimos a Dios que nos conceda el pan cotidiano; en la Santa Misa, Dios nos concede en acto esta petición, porque además de asistirnos con su Divina Providencia para que no nos falte el pan material, nos concede algo que ni siquiera nos imaginamos y es el Pan Vivo bajado del cielo, el Verdadero Maná celestial, la Sagrada Eucaristía.

         “Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”: en el Padrenuestro pedimos perdón por nuestras ofensas y hacemos el propósito de perdonar a quienes nos han ofendido; en la Santa Misa, Jesucristo, con su Santo Sacrificio incruento y sacramental, pide perdón al Padre por nuestros pecados y al mismo tiempo derrama sobre nuestras almas su Sangre, perdonándonos nuestros pecados en el Nombre del Padre, por el Amor del Espíritu Santo.

         “No nos dejes caer en la tentación”: en el Padrenuestro pedimos la fortaleza para no caer en la tentación; en la Santa Misa, Dios nos concede esta petición, dándonos la misma fuerza de Jesucristo para no caer en tentación, pero además, por la Sagrada Eucaristía, nos concede la gracia más que suficiente para crece en la virtud opuesta al pecado sobre el cual somos tentados.

         “Y líbranos del mal”: en el Padrenuestro pedimos a Dios que nos libre del mal, tanto físico como espiritual; en la Santa Misa Jesucristo nos libra de todo mal, principalmente del mal espiritual, el pecado, el error, la herejía y además nos libra del mal en persona, el Diablo o Satanás, el Ángel caído, ya que lo derrota para siempre por medio de su Santo Sacrificio en la Cruz, renovado incruenta y sacramentalmente en la Santa Misa.

         Por todo esto, el Padrenuestro no solo se reza, sino que se vive, en acto, en la Santa Misa.

martes, 10 de octubre de 2023

El Padrenuestro se vive en la Santa Misa

 



         Le piden a Jesús que “les enseñe a orar” y Jesús enseña el Padrenuestro. Esta oración tiene la particularidad de que no solo es enseñada en Persona por Nuestro Señor Jesucristo, sino que podemos decir que se vive en la Santa Misa. Veamos la razón.

         “Padrenuestro que estás en el cielo”: le rezamos a nuestro Padre que está en el cielo, pero en la Santa Misa, si bien se celebra en la tierra, se hace Presente, sobre el altar eucarístico, el cielo en el que está nuestro Padre celestial, el cual envía a su Hijo Jesucristo, por el Espíritu Santo, a la Sagrada Eucaristía.

         “Santificado sea tu Nombre”: el Nombre de Dios, Tres veces Santo, es santificado por Nuestro Señor Jesucristo en Persona, al renovar en el altar eucarístico su Santo Sacrificio de la Cruz, de modo incruento y sacramental.

         “Venga a nosotros tu Reino”: por la Santa Misa, viene a nuestro presente, a nuestro aquí y ahora, no solo el Reino de Dios, sino el Rey del Reino de Dios, Nuestro Señor Jesucristo, en la Sagrada Eucaristía.

         “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”: la voluntad santísima de Dios es que todos nos salvemos por medio del Santo Sacrificio de la Cruz y en la Santa Misa, Nuestro Señor Jesucristo cumple la voluntad del Padre, al renovar de manera incruenta y sacramental el Sacrificio de la Cruz, por el cual somos salvados.

         “Danos hoy nuestro pan de cada día”: en la Santa Misa, Dios Padre no solo nos provee del pan material, el pan de la mesa, el alimento del cuerpo, sino sobre todo el Pan de Vida eterna, que nutre al alma con la Vida Divina del Cordero de Dios, Cristo Jesús.

         “Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”: por la Santa Misa, Dios Padre nos perdona nuestros pecados incluso antes de que se lo pidamos, puesto que por pedido suyo, Nuestro Señor Jesucristo entrega su Cuerpo en la Eucaristía y derrama su Sangre en el Cáliz, para el perdón de nuestros pecados.

         “No nos dejes caer en la tentación”: por la Santa Misa, recibimos la fuerza divina del mismo Hijo de Dios, Jesucristo, al comulgar la Sagrada Eucaristía y con esta fuerza divina no solo no caemos en la tentación, sino que crecemos cada vez más en la imitación del Cordero de Dios, Cristo Jesús.

         “Y líbranos del mal”: en la Santa Misa somos librados del mal en persona, el ángel caído, Satanás, la Serpiente Antigua, porque por el Santo Sacrificio del altar, Nuestro Señor Jesucristo aplasta la cabeza de este monstruo del Infierno, derrotándolo para siempre, sepultándolo en el Infierno.

         Por todas estas razones, vemos que el Padrenuestro es una oración que no solo se reza, sino que se vive en la Santa Misa.

 

martes, 28 de febrero de 2023

El Padrenuestro se vive en la Santa Misa

 



         Jesús nos enseña a rezar el Padrenuestro (Mt 6, 7-15); por lo tanto, es una oración propia del cristianismo. Pero además hay otra característica de esta oración, que la hace muy particular y es que el Padrenuestro se vive en la Santa Misa y veamos por qué.

         “Padrenuestro que estás en el cielo”: en el Padrenuestro nos dirigimos a Dios Padre que está en el cielo, pero en la Santa Misa el altar es una porción del cielo, por lo que podemos decir que misteriosa y místicamente somos trasladados al cielo, durante la Santa Misa, para estar ante la Presencia de Dios.

         “Santificado sea tu Nombre”: pedimos que el nombre de Dios sea santificado, pero en la Santa Misa se produce efectivamente la santificación del Nombre Tres veces Santo de Dios, por medio del sacrificio de adoración y de acción de gracias del Cordero de Dios, Jesús Eucaristía.

         “Venga a nosotros tu Reino”: pedimos que venga a nosotros, aquí en la tierra, el Reino de Dios y esta petición se cumple sobreabundantemente, porque mucho más que venir el Reino de Dios, por la Santa Misa viene a nosotros el Rey del reino de Dios, Jesús Eucaristía.

         “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”: la voluntad de Dios es que todos nos salvemos y en la Santa Misa Nuestro Señor Jesucristo renueva su sacrificio de expiación del Calvario, incruenta y sacramentalmente, sacrificio por el cual Cristo derrama su Sangre para nuestra salvación.

         “Danos hoy nuestro pan de cada día”: por la Santa Misa Dios nos provee del pan material necesario para la subsistencia del cuerpo, pero además nos da el Pan de Vida eterna, necesario para la subsistencia del alma, la Sagrada Eucaristía.

         “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”: en la Santa Misa, Jesús en persona pide perdón por nuestros pecados –“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”- y además, recibimos, por la Sagrada Eucaristía, el Amor y la Fortaleza divinas necesarios para perdonar a quienes nos han ofendido.

         “No nos dejes caer en la tentación”: por la Santa Misa, recibimos el don de la Fortaleza misma de Dios, que nos hace capaces de vencer todo tipo de tentación, aun las más fuertes, porque la fuerza de Dios es infinitamente más poderosa que la más grande de las tentaciones.

“Y líbranos del mal”: en la Santa Misa Jesús renueva el incruenta y sacramentalmente el Santo Sacrificio de la Cruz, por el cual derrota a tpdp aquello que es la fuente de nuestros males, el pecado, el mundo y el demonio, además de concedernos la gracia de vivir en la santidad, al hacernos partícipes, por la Sagrada Comunión, de la Santidad Increada en Sí misma, santidad propia del Ser divino trinitario.

         Como vemos, en la Santa Misa no solo se reza el Padrenuestro, la oración enseñada por Jesús, sino que se vive el Padrenuestro.

        

martes, 19 de julio de 2022

El Padrenuestro se vive en la Santa Misa


 

(Domingo XVII - TO - Ciclo C – 2022)

          “Recen el Padrenuestro” (Lc 11, 1-13). Jesús nos enseña a rezar el Padrenuestro y por esta razón esta oración es característica del cristiano. Sin embargo, hay otra característica de esta oración, que la hace muy particular y es que esta oración se vive en la Santa Misa. Esto se deduce al meditar en cada una de sus frases. Consideremos brevemente.

          “Padre nuestro que estás en el cielo”: en el Padrenuestro nos dirigimos, con la oración, a Dios Padre que está en el cielo; en la Santa Misa, el altar se convierte en una parte del cielo y en el cielo está Dios Padre en Persona, junto a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo.

          “Santificado sea tu Nombre”: en el Padrenuestro pedimos que el Nombre de Dios sea santificado; en la Santa Misa, el Nombre Tres veces Santo de Dios Uno y Trino es santificado y glorificado por el Hombre-Dios Jesucristo, que sobre el Altar Eucarístico renueva el Santo Sacrificio del Altar.

          “Venga a nosotros tu Reino”: en el Padrenuestro pedimos que venga a nosotros el Reino de Dios; en la Santa Misa, por el misterio de la Eucaristía, viene a nosotros no solo el Reino de Dios, sino algo infinitamente más grande que el Reino de Dios, y es el Rey del Reino de Dios, Cristo Jesús en la Eucaristía.

          “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”: en el Padrenuestro pedimos que la voluntad de Dios se haga en la tierra como en el cielo; en la Santa Misa, la voluntad de Dios se cumple efectivamente, porque la voluntad de Dios es que todos nos salvemos y en la Misa Cristo Dios cumple la voluntad de Dios, al renovar sacramental e incruentamente su Sacrificio de la Cruz, sacrificio por el cual nos salvamos.

          “Danos hoy nuestro pan de cada día”: en el Padrenuestro pedimos a Dios que nos dé el pan de cada día; en la Santa Misa, ese pedido se cumple, porque Dios Padre nos concede no solo las gracias para conseguir el pan material, sino que nos da algo que ni siquiera nos hubiéramos imaginado que podíamos pedir y es el Pan del Vida eterna, la Sagrada Eucaristía, que alimenta el alma con la substancia divina.

          “Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”: en la Santa Misa esta petición se hace realidad, porque Dios Padre nos perdona aun antes de que le pidamos perdón y el signo de su perdón es el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que se nos entrega no solo para perdonarnos, sino para colmarnos con el Amor de Dios, el Espíritu Santo; además, se nos da, con la Eucaristía, el Amor Divino que necesitamos para perdonar a quien nos ha ofendido.

          “No nos dejes caer en la tentación”: por la Santa Misa, obtenemos la fuerza más que necesaria para no caer en la tentación, porque en la Eucaristía Cristo nos dona su propia fuerza, la fuerza misma del Hombre-Dios, que nos permite vencer fácilmente cualquier tentación que se presente, por fuerte que ésta sea.

          “Y líbranos del mal”: en la Santa Misa este pedido se cumple efectivamente, porque Cristo, con su Sacrificio en cruz, que se representa sacramental e incruentamente en el Altar, derrota definitivamente a aquello que es la fuente del mal, el pecado que nace en nuestros corazones y al Demonio, el Príncipe de las tinieblas, el Príncipe del mal y no solo eso, sino que nos concede, con su Sagrado Corazón Eucarístico, todo bien, tanto material como espiritual, en una medida que ni siquiera somos capaces de imaginar.

          Por todo esto, vemos cómo el Padrenuestro, la oración que nos enseñó el Señor Jesucristo, se vive en la Santa Misa.

jueves, 30 de septiembre de 2021

El Padrenuestro se vive en la Santa Misa

 



         Jesús nos enseña una oración que es propia del catolicismo y es la oración del Padrenuestro. Además de caracterizarse porque en la oración nos dirigimos a Dios como “Padre”, esta oración tiene una característica particular y es que se la puede rezar, como se reza habitualmente, pero también se la puede “vivir”, literalmente y esto sucede en la Santa Misa. Veamos cada una de sus partes y cómo estas partes del Padrenuestro se hacen vivas en la Santa Misa.

         “Padre Nuestro que estás en el cielo”: en la Santa Misa el altar se convierte en una parte del Cielo y en el Cielo es donde moran el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, por lo que en la Santa Misa está el Padre Eterno, que es el Origen Increado de la Santísima Trinidad.

         “Santificado sea Tu Nombre”: en la Misa se santifica el Nombre de Dios, que es Tres veces Santo y esto lo hace el mismo Jesucristo, el Hijo de Dios, quien al renovar su sacrificio en cruz en el altar eucarístico, santifica infinitamente el Nombre Santísimo de Dios.

         “Venga a nosotros Tu Reino”: El Reino de Dios viene efectiva y realmente en cada Santa Misa, porque el altar, como dijimos, se convierte en el Cielo, en donde está el Reino de Dios, pero todavía más que el Reino, por la Santa Misa viene a nosotros algo que es infinitamente más grande y majestuoso que el mismo Reino de Dios y es el Rey de ese reino, Cristo Jesús en la Eucaristía.

         “Hágase Tu Voluntad, así en la tierra como en el cielo”: la voluntad de la Trinidad Santísima es que todos nos salvemos y esta voluntad se cumple a la perfección en la Santa Misa, porque allí Jesús renueva de forma sacramental e incruenta su sacrificio en cruz, sacrificio por el cual nos salva, por medio de su Preciosísima Sangre redentora.

         “Danos hoy nuestro pan de cada día”: en la Santa Misa, Dios Uno y Trino cumple doblemente con esta petición, porque nos provee el pan material de cada día pero además nos dona el Pan del espíritu, el Pan de Vida eterna, el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en la Sagrada Eucaristía.

         “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”: en la Santa Misa, Dios Trino nos perdona nuestros pecados antes de que se lo pidamos, al enviar a Dios Hijo a morir en la cruz por nosotros; además, nos da la fuerza del Amor Divino, necesario para que nosotros perdonemos a nuestros enemigos de la misma manera y con el mismo Amor con el que Cristo nos perdonó desde la cruz.

         “No nos dejes caer en la tentación”: en la Santa Misa, Dios nos da no sólo fuerzas más que suficientes para no caer en la tentación –porque nos hace partícipes de su misma santidad, de su misma fuerza divina-, sino que nos da la gracia para crecer en toda clase de virtudes, incluidas las fuerzas para imitar a Cristo en todas sus virtudes.

         “Y líbranos del mal”: en la Santa Misa, Dios Uno y Trino no sólo nos libra del mal en persona, Satanás, el Ángel caído, porque Cristo lo vence con la cruz, sino que además nos colma de un Bien infinito, al concedernos el Pan de Vida eterna y la Carne del Cordero, la Sagrada Eucaristía, Fuente Increada de la Bondad divina.

         Por todas estas razones, el Padrenuestro se vive en la Santa Misa.

jueves, 10 de junio de 2021

El Padrenuestro se vive en la Santa Misa

 



         Jesús nos enseña una oración que, además de ser hermosa, tiene la particularidad de que se vive en la Santa Misa. Veamos por qué.

         “Padre nuestro que estás en el cielo”: en el Padrenuestro nos dirigimos a Dios Padre, que está en el cielo y si bien con su omnipotencia está Presente en todo tiempo y lugar –está presente en nosotros, dándonos el acto de ser, la existencia, la vida-, sin embargo, nosotros estamos en la tierra y Él sigue estando en el Cielo; en la Santa Misa, Dios Padre está Presente en el altar, porque es Él quien nos dona a su Hijo Jesús en la Eucaristía, que está en el altar, por lo que la Santa Misa es como si el Cielo bajara a nuestra tierra y a nuestro tiempo.

         “Santificado sea tu Nombre”: en el Padrenuestro pedimos que el Nombre de Dios Trino sea santificado, mientras que en la Santa Misa, Quien santifica el Nombre de Dios Trinidad es Dios Hijo encarnado, quien prolonga su Encarnación en la Eucaristía y renueva su Santo Sacrificio de la Cruz en el Santísimo Sacramento del altar.

         “Venga a nosotros tu reino”: en el Padrenuestro pedimos que venga a nosotros el Reino de Dios, pero es solo una petición, mientras que en la Santa Misa esa petición se hace realidad, porque el altar se convierte en el Cielo, donde está el Padre que nos dona a su Hijo en el Cáliz y en la Eucaristía, para donarnos su Amor, el Espíritu Santo; además, por la Santa Misa viene a nosotros algo infinitamente más grande y hermoso que el mismo Cielo y es el Rey del Cielo, Jesús Eucaristía.

         “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”: en el Padrenuestro pedimos que se haga la voluntad de Dios, mientras que en la Santa Misa se cumple la voluntad de Dios y Quien la cumple a la perfección por nosotros es Cristo Jesús, renovando sacramentalmente su Santo Sacrificio de la Cruz para salvarnos, que es la voluntad de Dios, el que todos nos salvemos.

         “Danos hoy nuestro pan de cada día”: en el Padrenuestro pedimos a Dios que nos dé el pan, es decir, el sustento de cada día, pero como somos una composición de cuerpo y alma, pedimos un doble sustento, corporal y espiritual; en la Santa Misa se cumple esta petición, porque Dios nos da, por su Providencia, el pan material, la comida de la mesa con la que alimentamos el cuerpo, pero también nos da el sustento espiritual, el Pan Vivo bajado del Cielo, la Sagrada Eucaristía, que alimenta nuestras almas con la substancia divina de Dios Trinidad.

         “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”: en el Padrenuestro pedimos perdón por nuestros pecados, al tiempo que hacemos la promesa de perdonar a quien nos haya ofendido; en la Santa Misa, esta petición se hace realidad, porque Dios Padre nos perdona de antemano, antes de que se lo pidamos, enviando a su Hijo a morir en la Cruz por nosotros, renovando su Santo Sacrificio sacramentalmente, en el altar. Además, nos da la fuerza divina para perdonar a quienes nos ofenden, al darnos como alimento el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús, que está inhabitado por el Espíritu Santo.

         “No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”: en el Padrenuestro pedimos la fuerza para no caer en la tentación y además el ser librados del mal, principalmente del mal personificado, el Ángel caído, Satanás; en la Santa Misa Dios nos concede las fuerzas más que suficientes para vencer a la tentación y al mal, al darnos como alimento el Cuerpo de su Hijo Jesucristo; además, no solo vence al Demonio, para siempre, aplastando la cabeza de la Serpiente Antigua con la Santa Cruz de Jesús y así nos libra del mal en persona, sino que nos concede la Fuente Increada de todo Bien celestial, el Pan Vivo bajado del cielo, el Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús.

         Por todo esto es que decimos que esa hermosa oración que es el Padrenuestro, se vive, en la realidad, en cada Santa Misa.

        

domingo, 4 de octubre de 2020

El Padrenuestro se vive en la Santa Misa

 



          Los discípulos le piden a Jesús que les “enseñe a orar” y Jesús les enseña una oración nueva, la oración del “Padrenuestro”. Esta oración es especialísima, ante todo, por el hecho de haber sido enseñada por el mismo Jesucristo en Persona; otra particularidad, es que por ella nos dirigimos a Dios como nuestro “Padre” y esto es algo real y no metafórico, desde el momento en que Él nos ha adoptado como hijos suyos por la gracia del Bautismo sacramental. Sin embargo, hay algo que la hace muy especial, y es que el Padrenuestro se vive en la Santa Misa. Veamos de qué manera.

          “Padrenuestro que estás en los cielos”: mientras en el Padrenuestro nos dirigimos a Dios “que está en el cielo”, en la Santa Misa, Dios Padre se hace Presente en Persona, junto a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo, porque al hacerse presente Dios Hijo en la Eucaristía, también están presentes las otras Personas de la Santísima Trinidad, por el motivo que son inseparables: donde está Una, están las Tres. Y como el altar se convierte en una parte del cielo en donde mora la Trinidad, por la Santa Misa Dios Trino, que está en el cielo, se hace Presente en la tierra.

          “Santificado sea tu Nombre”: en el Padrenuestro pedimos la santificación y glorificación del Nombre de Dios: en la Santa Misa, es Cristo Dios en Persona quien, con la renovación incruenta y sacramental de la Santa Misa, santifica y glorifica el Nombre Tres veces Santo de Dios, a nombre nuestro.

          “Venga a nosotros tu Reino”: en el Padrenuestro pedimos que el Reino de Dios venga a nosotros, que estamos de momento en la tierra; en el Padrenuestro, no solo el cielo baja a la tierra, porque el altar durante la Misa se convierte en el cielo, sino que baja a la tierra nada menos que el Rey del Reino de los cielos, Cristo Jesús en la Eucaristía.

          “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”: en el Padrenuestro pedimos que se haga la voluntad de Dios en nuestras vidas, voluntad que siempre es santa, por ser la voluntad de Dios; en la Santa Misa, esa voluntad de Dios se cumple, porque es voluntad de Dios que todos nos salvemos y por la Misa, que es la renovación incruenta y sacramental del Santo Sacrificio de la Cruz, salvamos nuestras almas y así cumplimos, ya en la tierra, la santa voluntad de Dios, que está en el cielo.

          “Danos hoy nuestro pan de cada día”: mientras en el Padrenuestro pedimos a Dios por el “pan de cada día”, con el cual alimentamos nuestro cuerpo, en la Santa Misa, además de recibir esta gracia de su Divina Providencia, recibimos algo que ni siquiera nos imaginamos que podíamos recibir, ni sabíamos que existía si no hubiera sido revelado: recibimos el Pan de Vida eterna, el Pan Vivo bajado del cielo, el Verdadero Maná llovido del cielo, la Sagrada Eucaristía, con la cual alimentamos nuestras almas para la vida eterna, al consumir la substancia divina misma.

          “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”: en el Padrenuestro pedimos a Dios que nos perdone y nos comprometemos nosotros a perdonar a quienes nos ofenden: en la Santa Misa, esta petición se cumple porque se renueva sobre el altar el Santo Sacrificio de la Cruz, sacrificio por el cual Dios Padre perdona nuestros pecados, en virtud de la Sangre derramada por Cristo; además, por la Comunión Eucarística recibimos la fuerza divina del Amor del Corazón de Jesús, con el cual podemos perdonar, en la realidad y no en el mero deseo, a quienes son nuestros enemigos ocasionales.

          “No nos dejes caer en la tentación”: en el Padrenuestro pedimos la fortaleza para “no caer en la tentación”: por la Santa Misa, recibimos en la Comunión la fuerza divina de Jesucristo, que no solo nos fortalece para no caer en la tentación, sino que nos comunica de sus gracias y virtudes divinas, que son infinitas.

          “Líbranos del mal”: en el Padrenuestro pedimos a Dios que nos “libre del mal”: en la Santa Misa, Dios Padre cumple con este pedido, porque por la Muerte de su Hijo en la cruz, que se renueva sacramental e incruentamente en la Santa Misa, son derrotados los causantes de nuestros males, nuestros enemigos mortales, el Demonio, el Pecado y la Muerte.

          Por todas estas razones, en la Santa Misa se vive la maravillosa oración del Padrenuestro.

         

         

domingo, 14 de junio de 2020

El Padrenuestro se vive en la Santa Misa



          La oración del Padrenuestro es especial no sólo por el hecho de haber sido enseñada por Nuestro Señor Jesucristo en Persona, sino también porque se vive en la Santa Misa. En efecto, cada petición del Padrenuestro se cumple en cada Santa Misa.
          Veamos:
          “Padre nuestro que estás en el Cielo”: en el Padrenuestro nos dirigimos a Dios, nuestro Padre, que está en el Cielo; en la Santa Misa, Dios Nuestro Padre está Presente en Persona porque el altar, por la liturgia eucarística, se convierte en el Cielo, donde está Dios Nuestro Padre.
          “Santificado sea Tu Nombre”: si en el Padrenuestro pedimos que el Nombre de Dios sea santificado, en la Santa Misa el Nombre Tres veces Santo de Dios es santificado y glorificado por Dios Hijo en Persona, al ofrecerse por la salvación de los hombres en su sacrificio en cruz, renovado incruentamente sobre el altar.
          “Venga a nosotros tu Reino”: en la Misa se cumple esta petición porque el altar se convierte en el Cielo, pero además, la petición está extra-colmada, porque además de convertirse el altar en el Cielo donde mora Dios, viene al altar eucarístico el Rey del Reino de los cielos, Jesús Eucaristía.
          “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el Cielo”: en la Santa Misa se cumple esta petición a la perfección, porque la voluntad de Dios es que todos los hombres se salven y por la Misa, Jesucristo renueva incruenta y sacramentalmente el Santo Sacrificio de la Cruz, sacrificio por el cual somos salvados, al ser derramada sobre nuestras almas la Sangre del Cordero.
          “Danos hoy nuestro pan de cada día”: por la Santa Misa esta petición se cumple doblemente, porque por un lado, pedimos a Dios el pan material, que Dios nos concede diariamente en su Providencia; por otro lado, Dios nos da otro pan, un Pan celestial, el Pan de Vida eterna, la Sagrada Eucaristía.
          “Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”: en la Misa, esta petición se cumple anticipadamente, porque la razón de ser de la Misa es el perdón de nuestros pecados, los cuales quedan perdonados por la Sangre del Cordero derramada en la Cruz y recogida en el Cáliz; además, por la Eucaristía, recibimos al Sagrado Corazón de Jesús y al Amor de Dios que en Él inhabita, Amor que nos concede el amor necesario para perdonar a quienes nos ofenden.
“No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”: en la Santa Misa se cumple esta petición porque por un lado, recibimos a Cristo Dios en la Eucaristía, quien nos comunica de su Fuerza divina, más que suficiente para rechazar cualquier tentación; por otro lado, por el Santo Sacrificio de la Cruz, renovado incruenta y sacramentalmente sobre el altar, el pecado queda destruido, la muerte aniquilada y el mal en persona, el Ángel caído, queda vencido para siempre y así nos vemos libres de todo mal.
Por todas estas razones, el Padrenuestro se vive en la Santa Misa.

martes, 3 de marzo de 2020

El Padrenuestro se vive en la Santa Misa



          La oración del Padrenuestro tiene la particularidad de que se vive mientras se confecciona el Santísimo Sacramento del altar, es decir, se vive mientras se celebra la Santa Misa. Esto es así para cada uno de sus enunciados:
          “Padre nuestro que estás en los cielos”: en la oración del Padrenuestro nos dirigimos a Dios como nuestro Padre, mientras que en la Misa Dios Padre viene a nosotros o, mejor, nosotros somos llevados ante su Presencia, desde el momento en que el altar se convierte en una parte del cielo, en donde reside Dios Padre.
          “Santificado sea tu Nombre”: en el Padrenuestro pedimos que el Nombre de Dios sea santificado, mientras que en la Santa Misa ese nombre es santificado y glorificado por el Hombre-Dios en Persona, quien renueva sobre el altar el Santo Sacrificio de la Cruz.
          “Venga a nosotros tu Reino”: en el Padrenuestro pedimos que el Reino de Dios venga a nosotros, mientras que en la Santa Misa, más que venir el Reino de Dios, viene el Rey de ese Reino, Cristo Jesús, oculto en la Eucaristía.
          “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”: en el Padrenuestro pedimos que se cumpla la voluntad de Dios en el cielo y en la tierra y esa petición se cumple en la Santa Misa, renovación del Sacrificio de la Cruz, porque es voluntad del Padre que Jesucristo muera en la Cruz para nuestra salvación.
          “Danos hoy nuestro pan de cada día”: en el Padrenuestro pedimos por el pan cotidiano, que alimenta el cuerpo, mientras que en la Santa Misa recibimos, por el misterio de la transubstanciación, el Pan Vivo bajado del cielo, el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía.
          “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”: en la Santa Misa se cumple esta petición, porque Dios nos perdona en el Sacrificio de Cristo, al tiempo que nos da las fuerzas, en la Eucaristía, para perdonar a nuestros enemigos, como Dios nos perdona a nosotros.
          “No nos dejes caer en la tentación”: en la Santa Misa se cumple esta petición, porque en la Eucaristía recibimos la gracia más que suficiente para no sólo no caer en tentación, sino para vivir en estado de gracia hasta el día de nuestra muerte.
          “Y líbranos del mal”: en la Santa Misa se cumple a la perfección esta petición, porque con su omnipotencia y santidad divina, Cristo Jesús en la Eucaristía no sólo vence al mal en persona, el demonio, sino que se nos da Él en la Eucaristía, que es la santidad Increada.
          Por todas estas razones, el Padrenuestro no sólo se reza, sino que se vive en la Santa Misa.



miércoles, 9 de octubre de 2019

El Padrenuestro se vive en la Santa Misa



         El Padrenuestro es una oración muy especial, no solo porque Él nos la enseñó, sino porque se vive en un lugar y en un momento muy especiales, la Santa Misa.
         En efecto, cada petición del Padrenuestro se cumple en la Santa Misa. Veamos.
         “Padrenuestro que estás en el cielo”: rezamos a Dios como nuestro Padre que está en el cielo, pero en la Misa ese cielo viene a nosotros, porque en el tiempo en que dura la Misa, el altar no es lo que parece, sino una porción del cielo, en donde está nuestro Padre Dios.
         “Santificado sea tu Nombre”: pedimos la santificación del nombre de Dios Uno y Trino, pero en la Misa quien santifica y glorifica el nombre Tres veces Santo de Dios es Jesucristo, al renovar de forma incruenta su sacrificio en la cruz, sobre el altar.
         “Venga a nosotros tu Reino”: pedimos que venga el Reino de Dios, pero en la Misa, por el poder del Espíritu Santo, viene a nosotros no sólo el Reino de Dios, al convertirse el altar en una porción del cielo, sino que viene el mismo Rey del Cielo, Cristo Jesús, quien se queda oculto en la Eucaristía.
         “Hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo”: la voluntad tres veces santa de Dios es que todos los hombres nos salvemos y esta voluntad se cumple en la Misa, porque Jesús renueva su sacrificio incruenta y sacramentalmente para que nos salvemos.
         “Danos hoy nuestro pan de cada día”: por la Misa, no solo se nos da el pan material, el pan de la mesa, el alimento terreno, sino que recibimos algo que ni siquiera nos imaginamos, y es el Pan del cielo, el Pan de Vida eterna, la Sagrada Eucaristía.
         “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”: pedimos perdón por nuestras ofensas, al tiempo que ofrecemos perdón a quienes nos ofenden: en la Misa, Cristo Dios se ofrece al Padre en sacrificio, para perdonarnos en la Cruz y al mismo tiempo nos da las fuerzas y el Amor necesario para perdonar a nuestros enemigos, a quienes nos ofenden.
         “No nos dejes caer en la tentación”: esta petición se cumple en la Misa, porque por la Cruz y por la Eucaristía, Cristo Dios derrota al Mal personificado, el Demonio, concediéndonos al mismo tiempo la fuerza necesaria para no solo no caer en la tentación, sino para mantenernos en gracia.
         “Amén”: en la Misa se reza el triple “Amén” con el cual reconocemos el poderío, la sabiduría, el Amor y la majestad de Dios Uno y Trino, ofrecidos por nosotros por Cristo Jesús desde la Eucaristía.
         Por todas estas razones es que decimos que el Padrenuestro se vive en la Santa Misa.

sábado, 27 de julio de 2019

En la Santa Misa se vive el Padrenuestro



(Domingo XVII - TO - Ciclo C – 2019)

         En el Evangelio (cfr. Lc 11, 1-13), Jesús enseña dos cosas: qué orar y cómo orar. Qué orar, porque nos enseña una oración nueva, el Padrenuestro, lo cual quiere decir que nos enseña a tratar a Dios como Padre; cómo orar, porque con la parábola del amigo que da a su amigo tres panes debido a la insistencia, sin hacer caso de lo inoportuno de la hora, Jesús nos enseña a que recemos a toda hora, en todo tiempo -a tiempo y destiempo- porque si el hombre de la parábola dio a su amigo lo que le pedía debido a su insistencia, también Dios nos dará a nosotros lo que le pedimos, si se lo pedimos con insistencia, también a tiempo y a destiempo. Por eso es que decimos que Jesús, en esta parábola, nos enseña a orar con insistencia, con constancia y con perseverancia.
         La otra cosa que nos enseña Jesús una oración nueva, propia del cristianismo y es el Padrenuestro: es nueva porque tratamos a Dios como a “Padre” y no solamente como a “Señor” y esto tiene fundamento en la realidad, porque por la gracia de la filiación adoptiva, somos verdaderamente hijos de Dios, no en un sentido meramente moral, de deseo o declarativo: verdaderamente somos hijos de Dios, porque hemos recibido, en el bautismo sacramental, la gracia de la filiación divina con la cual el Hijo de Dios es Hijo de Dios desde toda la eternidad. Por esto mismo es que con toda razón podemos llamar a Dios “Padre”. Ahora bien, la novedad del Padrenuestro no se termina ahí. Podemos decir, también con toda razón, que el Padrenuestro que rezamos, se realiza en la Santa Misa o, dicho en otras palabras, podemos decir que el Padrenuestro se vive en la Santa Misa. Veamos por qué.
         “Padrenuestro que estás en el cielo”: en el Padrenuestro nos dirigimos a Dios, que está en el cielo, pero en la Santa Misa, ese Dios al cual nos dirigimos está frente a nosotros, en el misterio de la liturgia, porque el altar se convierte en una parte del cielo, en donde se encuentra a Dios. Si en el Padrenuestro nos dirigimos a Dios, en la Santa Misa nos encontramos con Él, personalmente, porque si el altar es una parte del cielo durante la Misa, en el cielo está Él en su Trinidad de Personas.
         “Santificado sea tu Nombre”: en el Padrenuestro pedimos que el nombre de Dios sea santificado; en la Santa Misa, quien santifica por nosotros el nombre Tres veces Santo de Dios es el mismo Jesucristo, quien baja desde el cielo hasta el altar eucarístico, para dar gloria al Dios del cielo y así santificar su Nombre.
         “Venga a nosotros tu Reino”: en el Padrenuestro pedimos que venga a Dios su Reino; en la Santa Misa, esa petición se hace realidad, porque no sólo, como vimos, el altar se convierte en una parte del cielo en donde está Dios y por lo tanto su Reino, sino que en la Misa, por el misterio de la liturgia eucarística, viene a nosotros el Rey del cielo, Cristo Jesús en la Eucaristía.
         “Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”: en el Padrenuestro pedimos que se haga la voluntad de Dios: en la Santa Misa esa voluntad se cumple, porque la voluntad de Dios es que todos seamos salvados y quien cumple ese deseo, renovando su sacrificio incruento en la cruz, sobre el altar, es Cristo Jesús, para que todos seamos salvados.
         “Danos hoy nuestro pan de cada día”: en el Padrenuestro pedimos el pan de cada día; en la Santa Misa, ese pedido se cumple, porque Dios, además de darnos lo que necesitamos en el plano material, nos da el pan Eucarístico, el Pan Vivo bajado del cielo, cada día, cada vez que celebramos la Santa Misa.
         “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”: en la Santa Misa esta petición se cumple porque aun antes de que le pidamos a Dios que nos perdone, Él envía a su Hijo para que muera en la Cruz y así nos perdone los pecados, al mismo tiempo que nos da, desde la Cruz del altar y desde la Eucaristía, la fuerza sobrenatural que necesitamos para perdonar a nuestros enemigos, tal como Él nos perdonó desde la Cruz.
         “No nos dejes caer en la tentación”: en la Santa Misa se cumple esta petición, porque al comulgar la Eucaristía, recibimos no sólo los dones y las virtudes que nos fortalecen para no caer en la tentación, sino que recibimos al mismo Rey del Cielo, Cristo Jesús, quien nos comunica de su misma fuerza divina, para que no caigamos en la tentación y nos conservemos en estado de gracia.
         “Y líbranos del mal”: esta petición se cumple en la Santa Misa, porque Jesús, en el altar, renueva de modo incruento y sacramental su santo sacrificio del Calvario, sacrificio con el cual derrota para siempre al Demonio, que es el mal personificado, y así nos libra de este ángel caído, un ser  maligno que sólo busca nuestra eterna perdición. En la Misa, en cada Misa, se renueva el Santo Sacrificio de la Cruz, por el cual Cristo Jesús venció al Demonio de una vez y para siempre, librándonos del Príncipe del mal, el Demonio.
         “Amén”: el “Amén” que entonamos en la Santa Misa es el Amén con el cual nos unimos a la Iglesia Triunfante y a la Iglesia Peregrina, glorificando así nuevamente, al final del Padrenuestros, el Nombre Tres veces Santo de Dios.
         Por todas estas razones, no hay oración más hermosa que el Padrenuestro, porque no solo nos dirigimos a Dios como hijos adoptivos y muy amados suyos, sino porque también es una oración viva, que se vive en cada Santa Misa, que se realiza ante nuestros ojos, cada vez que rezamos como nuestro Padre.