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jueves, 22 de julio de 2021

“Allí será el llanto y rechinar de dientes”

 


“Allí será el llanto y rechinar de dientes” (Mt 13, 47-53). En la descripción del Reino de los cielos que hace Jesús, incluye siempre una velada alusión, más o menos indirecta e implícita, a otro reino, el reino de las tinieblas, el cual tiene su sede en el Infierno. Es decir, aunque no lo nombre explícitamente, Jesús revela la existencia de un siniestro reino, en un todo opuesto al Reino de los cielos, coincidiendo con este únicamente en que ambos duran por toda la eternidad.

En este Evangelio, al describir al Reino de los cielos, Jesús revela cómo será el Día del Juicio Final, Día en que ambos reinos, el Reino de Dios y el reino de las tinieblas, iniciarán su manifestación visible y para toda la eternidad.

Aunque muchos en la Iglesia niegan la existencia del Infierno, esta negación no es gratuita puesto que conlleva una ofensa y un agravio a la Palabra de Jesús, Quien es el que revela su existencia. En otras palabras, negar la existencia del Infierno implica negar la omnisciencia del Hombre-Dios Jesucristo y a la Revelación dada por Él. Todavía más, es llamativo el hecho de que Jesús habla en tantas oportunidades sobre el Infierno y por lo tanto, implícitamente del reino de las tinieblas. Es decir, Jesús no revela una o dos veces la existencia del Infierno y del reino de las tinieblas, sino en numerosas oportunidades, lo cual es una severa advertencia para nosotros.

“Allí será el llanto y rechinar de dientes”. No es verdad que, cuando morimos, vamos “a la Casa del Padre”: el Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que el alma va directamente a comparecer ante el Juicio Particular, en el que Dios juzga nuestras obras libremente realizadas y de acuerdo con ellas, nos destina para siempre, sea al Reino de los cielos, sea al reino de las tinieblas, el Infierno, que es donde habrá “llanto y rechinar de dientes”. Esto último no es expresión metafórica de Jesús, porque el llanto y el rechinar de dientes serán reales y sin fin: el llanto, por el dolor provocado por la conciencia, al darse cuenta que por un solo pecado mortal el alma se ha condenado para siempre, apartándose de Dios; el rechinar de dientes será causado por el dolor insoportable, tanto espiritual como corporal, causados por el fuego del Infierno el cual, por un prodigio divino, obrará no solo sobre el cuerpo, sino también sobre el espíritu y esto por toda la eternidad.

De nuestra libertad depende a cuál de los dos reinos iremos para siempre, o el Reino de Dios, o el reino de las tinieblas, el Infierno, en donde “será el llanto y rechinar de dientes”.

lunes, 28 de octubre de 2019

“Entonces será el llanto y el rechinar de dientes”




“Entonces será el llanto y el rechinar de dientes” (Lc 13, 22-30). Jesús describa su Segunda Venida con la figura de un amo de casa que ha estado esperando que ingresen sus súbditos a su casa, por una puerta estrecha; el amo, en determinado momento, se levantará y dejará fuera a quienes hasta ese momento no hayan entrado. Lo llamativo es lo que les sucede a los que quedan afuera: “Entonces será el llanto y el rechinar de dientes”. Es una frase muy llamativa, porque “llanto” sumado al “rechinar de dientes”, está expresando un dolor intensísimo, fuera de lo común; de tal intensidad, que hace “rechinar los dientes”. Esto significa que, quien no ingrese al Reino de Dios por la puerta estrecha que es Cristo crucificado, quedará fuera de él, comenzando inmediatamente a sufrir en cuerpo y alma los insoportables dolores que se sufren en el Infierno y por toda la eternidad. Esto es lo que quiere decir Jesús cuando dice que los que queden fuera del Reino de los cielos “llorarán y rechinarán los dientes” a causa del dolor, del intenso dolor que les provoca el fuego del Infierno.
“Entonces será el llanto y el rechinar de dientes”. Estamos en esta vida no para otra cosa que para entrar en la casa del amo por la puerta estrecha y así evitar quedar fuera, con llanto y rechinar de dientes; es decir, estamos en esta vida para ingresar en el Reino de los cielos por medio de la Santa Cruz y así evitar la eterna condenación en el Infierno.

miércoles, 26 de octubre de 2016

“Cuando el dueño de casa se levante y cierre la puerta, será el llanto y rechinar de dientes”


“Cuando el dueño de casa se levante y cierre la puerta, será el llanto y rechinar de dientes” (Lc 13, 22-30). Preguntan a Jesús si es verdad que “son pocos los que se salvan”, por lo que la respuesta de Jesús está inequívocamente unida a su Segunda Venida, al Día del Juicio Final, la severidad del castigo divino y al destino eterno de las almas.
Para ampliar su respuesta, Jesús utiliza la imagen de un “dueño de casa” que, en apariencia, está descansando y que, de improviso, “se levanta y cierra la puerta” de su casa; es evidente que había gente entrando y gente por entrar, porque luego que cierra la puerta, para quienes quedan fuera de la casa, comienza el “llantos y rechinar de dientes”, y estos son los que “obraron el mal”, a quienes el dueño de casa no quiere con él.
¿De qué se trata esta imagen? Lo sabremos si consideramos que cada elemento de la misma se refiere a una realidad sobrenatural: el dueño de casa es Él, Jesucristo, el Hombre-Dios, que ha de venir a “juzgar vivos y muertos” al final de los tiempos; el hecho de “cerrar la puerta” indica la finalización del tiempo y de la historia humanos, que dan comienzo a la eternidad, y el que se levante el dueño y repentinamente la cierre, significa que el Día del Juicio Final será imprevisto, puesto que “el día y la hora nadie lo sabe, ni el Hijo del hombre”; la casa es el Reino de los cielos; el exterior de la casa, adonde quedan los malos, es el infierno; la severidad de la Justicia Divina para quienes no quisieron aprovechar la Misericordia Divina se ve en el dolor que experimentarán quienes queden afuera, porque la expresión “llanto y rechinar de dientes” no es un mero modo de hablar, sino la descripción de los efectos –llanto y rechinar de dientes- que el intensísimo dolor de los castigos del Infierno, decretados por la Justicia Divina, decreta para quienes persistieron en la malicia del pecado y rechazaron la gracia santificante.
“Cuando el dueño de casa se levante y cierre la puerta, será el llanto y rechinar de dientes”. No sabemos cuándo ha de venir el Señor Jesús, pero al fin de cuentas, para el cristiano que vive en gracia, eso es un dato menor, porque lo que interesa es, precisamente, la vida de la gracia, que es la que permite ingresar en la “casa del dueño” de la parábola, es decir, el Reino de los cielos.