Mostrando entradas con la etiqueta Acto de Ser. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Acto de Ser. Mostrar todas las entradas

sábado, 30 de mayo de 2020

“Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”




“Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mc 12, 13-17). Unos fariseos y algunos partidarios de Herodes le hacen una pregunta a Jesús, no con el afán sincero de saber su respuesta, sino con la intención de tenderle una trampa y tratar de atraparlo con alguna afirmación de Jesús que luego pueda ser usada en un juicio en su contra. Llevados por la malicia, le preguntan a Jesús si es lícito pagar impuestos al César, o no. Si Jesús dice que sí, lo acusarán de traición al pueblo hebreo y de colusión con la potencia ocupante; si dice que no hay que pagar impuestos, lo acusarán de pretender sublevar al pueblo, poniéndolo en contra del César. Para los fariseos y herodianos, se trata de una trampa perfecta. Pero Jesús es Dios y como dice la Escritura, “de Dios nadie se burla”. En vez de responder directamente, Jesús pide que le traigan un denario -que llevaba la efigie del César- “para que lo vea” y les pregunta de quién es esa imagen y ellos le responden, obviamente, que es la imagen del César. Entonces Jesús da una respuesta que sobrepasa la inteligencia humana, demostrando toda la Sabiduría divina, dejando entrampados en su propia trampa a fariseos y herodianos. Les dice que si esa moneda tiene la imagen del César, entonces es del César; por lo tanto, hay que darle al César lo que es del César, es decir, hay que pagar impuestos. Pero también agrega algo que no estaba en los planes de sus enemigos: además de darle al César lo que es del César, hay que “dar a Dios lo que es de Dios”. Es decir, el cristiano tiene la obligación moral de pagar impuestos justos -eso es darle al César, el poder temporal, lo que le corresponde-, aunque también debe darle a Dios lo que es de Dios.
Del César -el poder temporal-, entonces, es el dinero y el cristiano debe dárselo en forma de impuestos justos, para que el César, el poder temporal, lo administre bajo la ley de Dios y devuelva el dinero de los impuestos en obras públicas, para el Bien Común de la sociedad. Pero como lo dice Jesús, además de darle al César lo que le corresponde, hay que dar a Dios lo que le corresponde, lo que es de Él. ¿Y qué es lo que es de Dios? A Dios le pertenece, porque es nuestro Creador, nuestro ser, nuestro acto de ser, es decir, lo más profundo e íntimo de nosotros mismos, sin lo cual no somos lo que somos; además del ser, le pertenecen a Dios nuestros pensamientos, palabras y acciones, todo lo cual debe ser santo, porque Dios es nuestro santificador y la Santidad Increada en Sí misma y por esta razón, no podemos darle pensamientos, palabras y obras que no sean santos.
“Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Demos el dinero al mundo, que es a quien le pertenece y demos a Dios lo que es Dios: todo lo que somos, lo que pensamos, deseamos y obramos, aunque como dijimos, puesto que Dios es Tres veces Santo, lo que le demos a Dios también debe ser santo.

miércoles, 1 de abril de 2020

“Antes de que Abraham existiera, Yo Soy”




“Antes de que Abraham existiera, Yo Soy” (Jn 8, 51-59). En su enfrentamiento con los fariseos, uno de los temas recurrentes es, para los fariseos, el saber quién es Jesús: lo ven hacer milagros que sólo Dios puede hacer, lo escuchan auto-proclamarse Dios Hijo, pero aun así no creen que Jesús sea Dios Hijo encarnado. Es en este contexto de duda y desconfianza por parte de los fariseos, en el que se produce el diálogo en el que Jesús vuelve a reafirmar su condición divina: “Antes de que Abraham existiera, Yo Soy”. Es decir, Jesús vuelve a aplicarse a Sí mismo el nombre propio de Dios, el nombre con el que Dios se auto-revela a Moisés: “Y dijo Dios a Moisés: Yo Soy El Que Soy” (Éx 3, 14). Este nombre, el “Yo Soy”, es nombre de perfección absoluta, porque indica que Dios tiene el Ser, el Acto de Ser que actualiza la Esencia Divina y la pone en acto desde toda la eternidad. Dios Es, es El que Es, y en contraposición, nosotros los hombres –y también los ángeles- somos nada, con el agregado, para nosotros los hombres, de que somos “nada más pecado”, como dicen los santos.
“Antes de que Abraham existiera, Yo Soy”. Jesús es el Dios que Es, que Era y que Vendrá y ese Dios se nos ha revelado a nosotros, los católicos, que formamos el Nuevo Pueblo Elegido y ése Dios, que es mismo “Yo Soy” de los israelitas, se encuentra Presente, vivo, con toda la gloria de su Acto de Ser perfectísimo, en la Sagrada Eucaristía. Antes de comulgar, hagamos esta pregunta: “Jesús, ¿quién eres en la Eucaristía?”. Y Jesús nos responderá, en los más profundo de nuestro ser, en el silencio del alma que sabe escuchar: “Yo Soy el que Soy”.