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lunes, 9 de marzo de 2020

“Mataron al heredero”


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“Mataron al heredero” (Mt 21, 33-43.45-46). La parábola de los viñadores homicidas está dirigida directamente a los fariseos y los sumos sacerdotes y es tan clara, que hasta ellos mismos se dan cuenta que se refiere a ellos: “Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos”. En efecto, la parábola se comprende mejor cuando se reemplazan sus elementos y personajes por elementos y personajes sobrenaturales. Así, el dueño de la viña es Dios Padre; la viña es, primero la sinagoga, y luego la Iglesia Católica; los viñadores homicidas son los sumos sacerdotes y los fariseos; los enviados por el dueño de la viña, los cuales son golpeados e incluso hasta asesinados, son los profetas que anunciaban al Pueblo Elegido la pronta Llegada del Mesías; el heredero del dueño de la viña, que también es asesinado, es Dios Hijo encarnado, Cristo Jesús, que viene a este mundo a cumplir su misterio pascual de Muerte y Resurrección, para rescatar y salvar a la humanidad entera. Puesto que es el heredero, es el dueño de la viña por derecho propio, es decir, Él es el Fundador de la Iglesia Católica; es la “Piedra angular” sobre la que se construye el entero edificio de la Nueva Iglesia del Nuevo Pueblo de Dios, que ya no son los hebreos, sino todos los que reciben el Bautismo Sacramental; el asesinato del heredero es la muerte en cruz de Jesús a manos de los sumos sacerdotes y de los fariseos: matan a Jesús porque no lo reconocen precisamente como al Hijo de Dios encarnado, Heredero del trono de Rey de cielos y tierra; el castigo a los viñadores homicidas es que se quedarán sin la viña -hasta el día de hoy, los hebreos no tienen sacrificio-, mientras que la viña será dada a otros arrendatarios -los gentiles que son incorporados a la Iglesia Católica-, que harán buen uso de ella.
“Mataron al heredero”. No son los sumos sacerdotes y los fariseos los únicos en “matar al heredero”: también nosotros volvemos a crucificar a Jesús y a darle muerte en cruz, toda vez que no lo reconocemos como al Mesías y Salvador de nuestras almas, prefiriendo el pecado antes que la gracia. Para no ser como los viñadores homicidas, hagamos entonces el esfuerzo de evitar el pecado, aun a costa de la propia vida, y de vivir en gracia hasta el último día de nuestra vida terrena, de modo de compartir por la eternidad la gloria del Heredero, Cristo Jesús.

viernes, 2 de marzo de 2018

La parábola de los viñadores homicidas



"Los viñadores homicidas"
(Abel Grimmer)

         “Los arrendatarios mataron al heredero…” (cfr. Mt 21, 33-43.45-46). En la parábola de los viñadores homicidas, cada elemento natural representa una realidad sobrenatural. Así, por ejemplo: el Dueño de la Viña es Dios Padre; el Heredero es Dios Hijo; la Viña es la verdadera y única Iglesia de Dios, que antes de Cristo estaba formada por el Pueblo Elegido, los judíos, y después de Cristo, está formada por la Iglesia Católica; los viñadores arrendatarios y homicidas son los judíos; los enviados por el dueño para reclamar el pago del alquiler, son los santos y profetas del Antiguo Testamento; los nuevos arrendatarios, a los cuales el dueño entregará la viña luego de quitárselas a los antiguos, convertidos en homicidas, son los hijos adoptivos de Dios, los bautizados en la Iglesia Católica.



"Los viñadores homicidas"
(Abel Grimmer)

         La parábola de los viñadores homicidas nos revela entonces cómo los judíos mataron a Jesús, la Palabra de Dios, crucificándolo, al elegir sus propias tradiciones antes que la gracia del Hijo de Dios.
         Ahora bien, los católicos también matamos la Palabra de Dios en nuestros corazones, toda vez que rechazamos la gracia santificante y elegimos el pecado.
         La Cuaresma es el tiempo propicio para la conversión, que consiste precisamente en preferir la gracia antes que el pecado y desear la muerte terrena antes que cometer un pecado mortal o venial deliberado.