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miércoles, 30 de agosto de 2023

“Vade retro, Satanás”

 


(Domingo XXII - TO - Ciclo A – 2023)

         “Vade retro, Satanás” (Mt 16, 21-27). Cuando Jesús les revela proféticamente, por anticipado, a los Apóstoles, que Él tiene que ser acusado injustamente y luego sufrir la muerte de cruz para resucitar al tercer día, Pedro lleva aparte a Jesús y “se puso a increparlo”, dice el Evangelio, rechazando el misterio salvífico de Jesús, que inevitablemente tiene que pasar por la cruz: “¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte!”. Si es sorprendente el hecho de que sea Pedro, el Papa, el primer Vicario de Cristo, que recrimine a Jesús rechazando el misterio de la cruz, es más sorprendente todavía la respuesta que Jesús le da a Pedro: “Vade retro, Satanás! Tus pensamientos son de los hombres y no de Dios”. En esta respuesta, Jesús se dirige a dos personas: a Satanás y a Pedro: a Satanás, cuando dice: “Retrocede Satanás” y a Pedro, cuando dice: “Tus pensamientos son los hombres y no de Dios”. Jesús se dirige a Satanás porque Él, como es Dios, puede verlo claramente, cosa que no pueden hacer sus discípulos y tampoco Pedro; Jesús se dirige a Pedro en la segunda parte de la frase, para hacerle ver que el rechazo de la cruz es un pensamiento humano, es algo que surge del intelecto de Pedro, pero el hecho de que Pedro rechace la cruz, nos hace ver que Pedro no está iluminado por el Espíritu Santo, sino que ese pensamiento, el rechazar la cruz, está inspirado por el Demonio, por eso es que Jesús le dice a Satanás que se aparte: “Vade retro, Satanás!”. Otro elemento que aparece aquí es la no comprensión, por parte de Pedro, del misterio salvífico de Jesús y su incomprensión se debe a que no tiene la luz de la gracia ya que solo la gracia santificante puede iluminar el camino al cielo, la Santa Cruz de Jesús. Todo otro pensamiento que niegue la Santa Cruz como camino al cielo, proviene de dos fuentes: o del intelecto del Demonio, o de la razón humana; de ahí la importancia de la gracia para adherir al misterio salvífico de Jesús.

         La escena nos enseña, por un lado, cuál es el origen de nuestros pensamientos, que concuerdan con lo que enseña San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales: nuestros pensamientos pueden provenir de tres fuentes: de Dios, de Satanás o de nosotros mismos, de nuestro propio intelecto.

         Otra enseñanza del Evangelio es que el rechazo de la cruz -enfermedad, tribulación- no proviene nunca de Dios: puede provenir del propio hombre y con toda seguridad, de Satanás, quien puede hacer creer al alma que es ella la que piensa, cuando en realidad es él, el Demonio, en quien se origina el rechazo de la cruz, porque el Demonio sabe que el hombre se salva a través de la cruz.

         Y aquí hay otra enseñanza: es imposible llegar al cielo, si no es por la cruz, o también, el único que camino para llegar al cielo, es la unión del alma, por la gracia y el Amor del Espíritu Santo, a Jesús crucificado. No hay cielo sin la cruz y con la cruz se llega al cielo y al Rey de los cielos, Cristo Jesús.

         Luego Jesús nos recuerda cuál es el destino de eternidad que nos espera a los humanos, según sea que hayamos elegido la cruz o la hayamos rechazado: para quienes eligieron la cruz, el cielo; para quienes eligieron rechazar la cruz, el Infierno: “El Hijo del hombre dará a cada uno según sus obras”, dice Jesús.

         “Vade retro, Satanás! Tus pensamientos son de los hombres y no de Dios”. La experiencia de Pedro, es decir, el consentir intelectualmente el oscuro pensamiento del Ángel caído, que lleva a Pedro, en cuanto hombre, a negar la Santa Cruz de Jesús, debe hacernos reflexionar para que estemos atentos a nuestros pensamientos, para discernir su procedencia: si se niega la cruz, esos son pensamientos oscuros que vienen de nosotros mismos o del Ángel caído; si se acepta la Santa Cruz con fe y con amor sobrenatural, ese pensamiento luminoso solo puede provenir de Dios Uno y Trino, quien quiere que todos nos salvemos, a través del “camino estrecho”, que es frecuentado por “pocos” (cfr. Mt 7,14), la Santa Cruz de Jesús.

viernes, 3 de septiembre de 2021

“Vade retro, Satán!”

 


(Domingo XXIV - TO - Ciclo B – 2021)

         “Vade retro, Satán!” (Mt 16, 20-23). Llama la atención el trato radicalmente opuesto que le dirige Jesús a Pedro, que es su Vicario, el Vicario de Cristo Dios. En un primer momento, cuando Pedro responde correctamente a la pregunta de Jesús acerca de quién dice la gente que es Él, diciendo que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, Jesús lo felicita y le dice que esa verdad no proviene de él, de Pedro, de sus razonamientos humanos, sino que proviene del Espíritu Santo, el Espíritu del Padre: “Esto te lo ha revelado mi Padre”. Es decir, Jesús felicita a Pedro cuando Pedro, iluminado por el Espíritu Santo, lo reconoce como a Dios Hijo encarnado. Pero acto seguido, en el mismo diálogo, luego de que Jesús le revelara a Pedro y a sus discípulos su misterio pascual de muerte y resurrección –“el Hijo del hombre tiene que sufrir mucho a manos de los hombres, morirá en la cruz y al tercer día resucitará”-, y luego de que Pedro se opusiera a este misterio salvífico, Jesús reprende duramente a Pedro, llamándolo “Satanás”: “Vade retro, Satán! Tus pensamientos no son los de Dios, sino de los hombres”. Es decir, cuando Pedro niega la cruz, cuando Pedro niega el misterio de la redención de los hombres, que pasa por la muerte en cruz del Hombre-Dios Jesucristo, es ahí cuando Jesús lo reprende y Jesús lo reprende porque esta vez, Pedro no ha sido iluminado por el Espíritu Santo, sino que le ha sucedido lo siguiente: rechazando la iluminación del Espíritu Santo, que le hubiera permitido aceptar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo como condición para la salvación de la humanidad, Pedro se deja llevar por su razón humana, la cual, sin la luz de Dios, es oscuridad y tinieblas y así, llevado por su sola razón humana, sin la luz de Dios, rechaza el sufrimiento de la cruz, rechaza el misterio de la muerte de Jesucristo y rechaza también el misterio de la resurrección. Es decir, Pedro, primero proclama a Cristo como a Dios Hijo encarnado, cuando es iluminado por el Espíritu Santo, pero a renglón seguido, dejando de lado al Espíritu Santo, su entendimiento humano no puede comprender el misterio de la redención y por eso rechaza la cruz y con el rechazo de la cruz, rechaza también la resurrección y ésta es la razón del duro reproche de Jesús hacia Pedro. Pero en el reproche de Jesús hacia Pedro hay algo más: Jesús no le dice: “Vade retro, Pedro”, sino “Vade retro, Satán”, es decir, Jesús se está dirigiendo a Satanás y no a Pedro y la razón es que Pedro, sin la luz del Espíritu Santo, queda con su razón humana oscurecida, pero también se le agrega otra tiniebla, la tiniebla viviente por antonomasia, el Demonio, el Ángel caído, el Príncipe de la oscuridad, el cual ensombrece todavía más a la razón de Pedro y lo conduce a negar la cruz. Es por esta razón que Jesús dice: “Vade retro, Satán” y no “Vade retro, Pedro”, porque Jesús reprende al Ángel caído, que es quien está detrás de la negación de la cruz por parte de Pedro.

         “Vade retro, Satán!”. No debemos pensar que sólo Pedro estuvo tentado por el Demonio, haciéndolo rechazar la cruz como único camino que conduce al Cielo: debemos sospechar de todo pensamiento que aparezca en nuestras mentes y corazones, que nos conduzca a negar la cruz, porque estos pensamientos no vienen nunca del Espíritu Santo, sino que vienen de nuestras mentes y también del Ángel caído. Estemos atentos a cualquier pensamiento que nos sugiera renegar de la cruz, para rechazarlo prontamente, con la ayuda de la luz de la gracia.

domingo, 23 de agosto de 2020

“¡Apártate de mí, Satanás!”

 

(Domingo XXII - TO - Ciclo A – 2020)

“¡Apártate de mí, Satanás!” (Mt 16, 21-27). Sorprende la reacción de Jesús ante Pedro, luego de que éste negara la Cruz: Jesús no dice: ““¡Apártate de mí, Pedro!”, sino: “¡Apártate de mí, Satanás!” y esto lo hace dirigiéndose a Pedro, su Vicario. Es decir, lo asombroso es que a su propio Vicario, el Papa, a quien segundos antes lo había nombrado como Papa y lo había felicitado por estar inspirado por el Padre al reconocerlo a Él como al Mesías, ahora lo trata de “Satanás”. En otras palabras, Pedro es un hombre y aun más, es el Vicario de Cristo, pero a los ojos de Cristo, aun si es su propio Vicario, todo aquel que niegue y rechace la Cruz, es como Satanás, como el Ángel caído. Esto debe llevarnos a reflexionar acerca de la importancia de la Cruz para la eterna salvación y, si es importante para nuestras almas, cuánto más lo es para Dios mismo, quien es El que tiene que sufrir la crucifixión.

“¡Apártate de mí, Satanás!”. La negación de la Cruz es la obra satánica por excelencia; es a lo que el Ángel caído y el Infierno todo dedican sus esfuerzos, porque sin la Cruz de Cristo y sin Cristo crucificado no hay salvación posible. Es esto lo que justifica la reacción airada de Jesús y el tratar a Pedro de “Satanás”, porque es Satanás quien se opone, con todas sus fuerzas, a la obra de la Redención de las almas llevada a cabo por el Cordero de Dios.

“¡Apártate de mí, Satanás!”. Debemos estar precavidos contra nosotros mismos y aplicar en todo momento el discernimiento de espíritus de San Ignacio de Loyola, puesto que nuestros pensamientos pueden provenir de tres fuentes: de nosotros mismos, del Demonio o de Dios. Si se trata de pensamientos que rechazan la Cruz, debemos tener presente la advertencia de Jesús a Pedro como dirigida a nosotros mismos, puesto que el rechazo de la Cruz viene de nuestras mentes contaminadas por el pecado, además de ser inducidos estos pensamientos por el Ángel caído o Satanás; si estos pensamientos vienen, debemos rechazarlos inmediatamente, para dar espacio a los pensamientos santos, venidos de lo alto, que nos llevan no solo a aceptar la Cruz, sino a abrazarla y besarla, tal como lo hizo Jesús en su Pasión.

jueves, 20 de febrero de 2020

“Vade retro, Satán!”




“Vade retro, Satán!” (Mt 8, 27-33). Uno de los aspectos que más asombra en este Evangelio es, por un lado, la doble respuesta de Pedro, constituida por dos afirmaciones que se oponen entre sí la una a la otra; por otro lado, lo que sorprende es también la doble respuesta de Jesús, consistente en afirmaciones dirigidas a las respectivas respuestas de Pedro. La primera reacción de Pedro, positiva, y que se acompaña de una afirmación también positiva de Jesús, es la respuesta de Pedro ante la pregunta de quién piensan los discípulos que es Jesús: el único en responder de modo correcto es Pedro, cuando dice que Jesús es “el Mesías, el Hijo de Dios”. A esta respuesta de Pedro, le sigue una felicitación de Jesús hacia Pedro, puesto que lo que ha respondido, en substancia, le ha sido inspirado, no por su razón humana, sino por el Espíritu del Padre, el Espíritu Santo. La segunda reacción de Pedro, esta vez negativa, es después de que Jesús les revelara anticipada y proféticamente su misterio pascual de muerte y resurrección, misterio que habría de implicar su juicio injusto, su condena a muerte y su muerte en cruz, para luego resucitar: Pedro se opone con vehemencia a este misterio de la cruz y es esto lo que desencadena la sorprendente reacción de Jesús, quien le dice: “Vade retro, Satán!” a Pedro. Es decir, en el instante anterior, Jesús había felicitado a Pedro porque sus pensamientos no eran de su razón humana, sino que había sido inspirado por el Espíritu Santo; inmediatamente después, en la misma conversación, Jesús reprende a Pedro porque le dice que sus pensamientos son humanos y diabólicos, al rechazar la cruz y que estos pensamientos sean de origen satánico se deduce por la forma en que Jesús se dirige a Pedro: no le dice: “Vade retro, Pedro!”, sino: “Vade retro, Satán!”, afirmando implícitamente que quien le sugiere rechazar la cruz no es en este momento el Espíritu de Dios, sino el espíritu infernal, Satán. En síntesis, Pedro, sin darse cuenta tal vez, es inspirado por dos espíritus: cuando reconoce a Jesús como el Mesías e Hijo de Dios, es inspirado por el Espíritu Santo; cuando rechaza la cruz y se aparta de Jesús, es inspirado por el demonio.
“Vade retro, Satán!”. Debemos estar atentos a nuestros pensamientos y tener bien presente este episodio del Evangelio, porque lo que le sucedió a Pedro, también puede sucedernos a nosotros: cuando aceptamos la cruz de cada día, como camino de purificación espiritual y como camino que nos conduce al cielo, entonces estamos inspirados por el Espíritu Santo; cuando rechazamos la cruz y nos alejamos de Jesús -de la oración, de los sacramentos, de la Misa-, entonces estamos inspirados por Satanás.

lunes, 5 de agosto de 2019

“Vade retro, Satán”



“Vade retro, Satán” (Mt 16,13-23). Sorprende que Jesús diga “Ve detrás de Mí, Satanás”, nada más que a Pedro, su Vicario, a quien acababa de nombrar como al Primer Papa, entregándole las llaves del Reino de los cielos. Es decir, Jesús no le dice al Demonio: “Ve detrás de Mí”, sino que se lo dice a San Pedro, el primer Papa. Para poder comprender esta reacción de Jesús, hay que tener en cuenta lo que San Ignacio llama “discernimiento de espíritus”, es decir, de dónde vienen los orígenes de nuestros pensamientos y esto sobre todo en Pedro. En efecto, sobre Pedro actúan tres espíritus, originando tres pensamientos distintos: el Espíritu de Dios, cuando responde que Jesús es el Mesías; el espíritu humano y el espíritu diabólico, cuando ante el anuncio de la Pasión, reprende a Jesús y rechaza la Pasión. Es decir, cuando Pedro confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, el Mesías, Jesús lo felicita, porque le dice explícitamente que eso no se lo ha dicho “ni la carne ni la sangre”, es decir, no ha provenido la respuesta de sus razonamientos humanos, sino que ha sido “el Espíritu de su Padre”, el Espíritu Santo, quien le ha dictado la respuesta. Pero cuando ante el anuncio de la Pasión Pedro se rebela, Jesús le dice que se aparte de Él, porque “piensa como los hombres, no como Dios” y así sus pensamientos humanos “lo hacen tropezar”, pero lo llamativo es que no le dice: “Apártate de Mí, Pedro”, sino “Apártate de Mí, Satanás”, porque la negación de la Pasión, es decir, el rechazo de la Cruz, viene tanto del hombre sin Dios como del Demonio. Aplicando el discernimiento de espíritus de San Ignacio, se comprende cómo Pedro sea influenciado por tres espíritus distintos: el Espíritu de Dios, cuando declara que Jesús es el Mesías; su propio espíritu humano unido al de Satanás, cuando niega la Pasión y la Cruz.
“Vade retro, Satán”. De forma análoga, podemos decir que la misma consideración y las mismas palabras de Jesús valen para nosotros, cuando nos preguntan sobre la esencia de la Eucaristía: si contestamos que la Eucaristía no es pan, sino el Cuerpo y la Sangre de Cristo, entonces podemos decir que esa respuesta nos la dictó el Espíritu Santo; si respondemos que la Eucaristía es sólo pan, entonces oiremos lo mismo que Jesús le dijo a Pedro cuando rechazó la Pasión: “Vade retro, Satán”.


sábado, 2 de septiembre de 2017

“Vade retro, Satán! Tus pensamientos no son como los de Dios, sino como los de los hombres”


(Domingo XXII - TO - Ciclo A – 2017)

“Vade retro, Satán! Tus pensamientos no son como los de Dios, sino como los de los hombres” (Mt 16, 23). Luego de que Jesús les revelara proféticamente cómo habría de ser su Pascua –“ debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día”-, Pedro “lo lleva aparte” para “reprenderlo, diciendo: “Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá”. Jesús, que momentos antes había alabado a Pedro porque era Dios Padre quien lo había iluminado para que Pedro supiera que Jesús era el Hijo de Dios encarnado, ahora, cuando Pedro rechaza la Pasión y la Cruz, Jesús lo reprende durísimamente, llamándolo incluso “Satanás”: “Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: “¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres””. Jesús llama a su Vicario, el Papa, Satanás, por dos motivos: porque Satanás es quien le ha inducido a rechazar la Cruz y la Pasión, y porque Satanás está, verdaderamente, al lado de Pedro.
Este Evangelio nos enseña lo que San Ignacio llama “discernimiento de espíritus”, esto es, el aprender a discernir qué espíritu es el que nos habla a través de nuestros pensamientos[1]. Para que no nos suceda lo de Pedro, el Papa, que luego de ser inspirado por el Espíritu Santo para afirmar que Jesús es el Hijo de Dios encarnado, y minutos después se deja llevar por sus pensamientos y los de Satanás, negando la Cruz, debemos considerar el origen de nuestros pensamientos. Según San Ignacio de Loyola, nuestros pensamientos se pueden originar en tres fuentes distintas: nosotros mismos, Dios, o el Diablo. Es decir, no todo pensamiento nos pertenece, ya que algunos provienen de nosotros mismos, otros de Dios y otros del Demonio, y esa es la razón por la cual debemos estar siempre muy atentos y discernir su origen. ¿Cómo saber de dónde vienen? San Ignacio, en sus Ejercicios Espirituales, nos proporciona una "regla de discernimientos de espíritus". Dice San Ignacio que cuando el principio, el medio y el final del pensamiento son buenos, entonces es señal clara que viene de Dios y si lo secundamos, entonces nos apropiamos de estos pensamientos como si fueran nuestros. Según San Ignacio, en los pensamientos que provienen del “mal espíritu” -que podemos ser nosotros, con nuestra inteligencia que con dificultad busca la Verdad y está propensa al error, por la herida del pecado original, y también el Demonio, literalmente-, en algún punto es malo, ya sea en el principio, en el medio o en el fin; por ejemplo, el principio puede ser bueno, pero si el medio y el fin malos, entonces es señal de que esos pensamientos vienen o del Demonio o del Demonio y también de nosotros mismos. Cuando se mezcla aunque sea la más mínima malicia en los pensamientos, es segurísimo que ese pensamiento NO viene de Dios. En el caso de Pedro, cuando iluminado por el Espíritu de Dios Padre reconoce que Jesús es el Hijo de Dios y así lo manifiesta, eso es señal de que la verdad que proclama viene de Dios. Pero cuando niega a la Pasión –con lo cual niega la Redención y la salvación de los hombres-, es señal de que viene del mal espíritu -y de su propia mente humana, ofuscada en su búsqueda de la Verdad por el pecado original-. Es evidente que en la negación de la Pasión, hay una influencia de Satanás en el pensamiento de Pedro, de manera que empieza bien, pero luego, el medio y el final, son malos. En la negación de la cruz por parte de Pedro, se aplica la regla de discernimiento de espíritus de San Ignacio: es decir, Pedro considera que el principio es bueno –Jesús es el Hijo de Dios- pero el medio y el fin son malos, porque Pedro se niega a que Jesús sufra la Pasión –el medio, ya que le dice: "No quiero que sufras la Pasión y la Cruz"-, con lo cual niega la salvación de los hombres –fin malo-.
 “Vade retro, Satán! Tus pensamientos no son como los de Dios, sino como los de los hombres”. La regla de discernimiento de espíritus de San Ignacio de Loyola nos sirve en toda ocasión, para escrutar y discernir el origen de nuestros pensamientos, de manera tal que si detectamos que vienen del Demonio o de nosotros mismos, no debemos seguirlos, y si detectamos que vienen de Dios, los debemos secundar. De esto podemos deducir que cualquier pensamiento que nos lleve a considerar –como le pasó a Pedro, el primer Papa- que esta vida terrena se debe vivir sin la cruz y que el cielo se puede alcanzar sin la Cruz, sin la gracia, sin la fe y sin la Eucaristía, viene del Enemigo de las almas, el Demonio, y no de Dios, y debemos, por lo tanto, rechazarlo de raíz.




[1] a) En las consolaciones con causa San Ignacio recomienda examinar todo el proceso de nuestros pensamientos (EE, 322-323):

–Los que vienen de Dios son buenos en su principio, su medio y su fin.

–Los que vienen del mal espíritu, en algún momento del proceso no son buenos: ya sea en su comienzo, en su medio o en su fin. San Ignacio advierte que es propio del demonio entrar con la “nuestra” para salir con “la suya”, es decir, sacar provecho incluso con cosas aparentemente buenas.

b) En las consolaciones sin causa hay que examinar el “segundo momento” de la consolación. Porque Dios puede tocar el alma y dejarla inflamada, pero en un segundo momento puede también mezclarse la influencia del mal espíritu, ya sea:

–Haciéndonos ver dificultades e inconvenientes en cumplir lo que Dios nos ha mostrado como voluntad suya en la consolación.

–O haciéndonos perder todo el fervor recibido inclinándonos a hablar y a manifestar a los demás, sin pudor espiritual, la gracia recibida.

–O bien poniéndonos respetos humanos de obrar en consonancia con las gracias recibidas durante la consolación (EE, 336).

jueves, 16 de febrero de 2017

“¡Vade retro, Satan! Tus pensamientos no son los de Dios”


“Tus pensamientos no son los de Dios” (Mc 8, 27-33). Este pasaje del Evangelio es sumamente útil para graficar el “discernimiento de espíritus”, según San Ignacio de Loyola[1], y también para darnos acerca de cómo, incluso el Vicario de Cristo, el Papa, puede apartarse de Aquel a quien representa en la tierra, el Hombre-Dios Jesucristo.
Con respecto al discernimiento de espíritus –siempre según las Reglas de San Ignacio para los Ejercicios Espirituales-, el Evangelio nos permite constatar cómo Pedro, siendo Vicario de Cristo, cuando es iluminado por el Espíritu Santo, proclama la verdad plena y absoluta acerca de Jesucristo: Él es “el Mesías”, el que “tiene palabras de vida eterna” (Jn 6, 68), el “Hijo de Dios” (Mt 16, 16): “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro respondió: “Tú eres el Mesías”.
Pero cuando el mismo Vicario, Simón Pedro, rechaza esta iluminación interior y se deja llevar por sus propios pensamientos –pensamientos contrarios a la Cruz y la Pasión de Jesús-, se aparta de la Voluntad de Dios y, lo que es peor, se coloca bajo la influencia directa del Príncipe de la mentira, tal como se lo dice Jesús: “¡Retírate de Mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”.
En otras palabras, cuando el Espíritu Santo lo ilumina, Pedro proclama la Verdad acerca de Jesús: “Tú eres el Mesías, Tú eres Dios Hijo encarnado”. Pero cuando rechaza la Cruz. se deja influenciar por Satanás y por sus propios pensamientos: “Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: “¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”.
Esto nos enseña que, cada vez que neguemos que Jesús es Dios y cada vez que neguemos y rechacemos la Cruz –y cada vez que neguemos y rechacemos a la Santa Misa como renovación incruenta y sacramental del Santo Sacrifico de la Cruz-, debemos decirnos, a nosotros mismos, junto con Jesús: “¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”.