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martes, 7 de julio de 2015

“La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos”

           

         “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos” (Mt 9, 32-38). Luego de predicar la Buena Noticia, curar enfermos, expulsar demonios, Jesús se compadece de la multitud, cuyos integrantes están “fatigados y abatidos” y están desorientados y asustados, como “ovejas sin pastor” y es por eso que da la recomendación a sus discípulos, de orar a Dios pidiendo por las vocaciones sacerdotales y religiosas: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha”. La cosecha son las almas, que le pertenecen a Dios; los trabajadores son los sacerdotes y los religiosos en general; el dueño de los sembrados es Dios; la oración pidiendo por trabajadores, es el deber de la Iglesia de no solo rezar pidiendo por las vocaciones sacerdotales y religiosas, sino de buscarlas y de cuidarlas allí donde se las encuentra, preservándolas del contagio del espíritu mundano, para que no se aparten de su deber de cuidar las almas para Dios. Es decir, la Iglesia debe rezar por las vocaciones religiosas, pero no basta con rezar, sino que debe cuidarlas del espíritu del mundo y, aún más, debe sacrificarse por ellas, como Madre Buena que es.
“La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos”. Los pastores, los trabajadores de la cosecha, son almas elegidas especialmente por Dios, para que pastoreen a SU rebaño, los seres humanos, y son elegidos para que los protejan de las acechanzas del enemigo de las almas, el demonio y por esto mismo, son como los perros guardianes del pastor, del Gran Pastor, Jesucristo: tienen la función de ladrar, de avisar que viene el Lobo Infernal, para que el Gran Pastor Jesucristo, lo ahuyente con su cayado, la Cruz ensangrentada. Pero si los pastores, los religiosos, se mundanizan, o callan frente al mundo y sus trampas mortales, son como un perro mudo, que ve que el lobo se acerca, pero como es mudo, no ladra y así el lobo da fácilmente cuenta de las ovejas, haciendo estragos en el rebaño. No en vano Dios advierte, en las Escrituras, contra los pastores que duermen y que no alertan al rebaño, porque son como “perros mudos”: “son perros mudos que no pueden ladrar, soñadores acostados, amigos de dormir” (Is 56, 10).

Es por eso que no basta con orar por las vocaciones: la Iglesia debe además cuidar las vocaciones, e incluso debe sacrificarse por las vocaciones, para que estas sean santas y puedan así cumplir su función de pastorear a las almas, las ovejas del rebaño del Gran Pastor Jesucristo, conduciéndolas, bajo su guía, a los verdes pastos y el agua fresca, el Reino de los cielos.

jueves, 11 de julio de 2013

“Yo los envío como ovejas en medio de lobos (…) Sean astutos como serpientes y sencillos como palomas”


“Yo los envío como ovejas en medio de lobos (…) Sean astutos como serpientes y sencillos como palomas” (Mt 10, 16-23). Al enviar a la Iglesia a misionar, Jesús utiliza las figuras de tres animales para describir el comportamiento que deberá caracterizar a sus discípulos: deberán ser pacíficos como ovejas, astutos como serpientes y sencillos como palomas. A su vez, utiliza la figura de un cuarto animal, el lobo, para describir el mundo sin Dios al cual son enviados para predicar la Buena Noticia. Jesús les advierte acerca de la peligrosidad del mundo sin Dios y les aconseja la defensa: “Yo los envío como ovejas en medio de lobos (…) Sean astutos como serpientes y sencillos como palomas”. De esta manera, aparece una evidente desproporción y una gran diferencia entre los discípulos de Cristo, que deberán ser como ovejas, palomas y serpientes, y el mundo, que es como “lobo”. El motivo de la desproporción y la diferencia entre los cristianos y el mundo se debe a las diversas fuerzas sobrenaturales que representan: a Dios y al Diablo, respectivamente. Dios es un Dios de paz, y por eso los cristianos deben poseer la mansedumbre de una oveja, y así combatirán contra la guerra que el mundo, instigado por el Demonio, hace contra Dios; Dios es un Dios sabio, de Sabiduría infinita, y por eso los cristianos deben ser astutos como la serpiente, para dar, de modo inteligente, un lúcido testimonio de Dios, y así combatirán contra los engaños de las tinieblas, que con su inteligencia ensombrecida por el mal, buscan borrar de la mente y el corazón de los hombres y de la faz de la tierra, el santo nombre de Dios; Dios es un Dios simple, en el sentido de perfección absoluta, porque su Ser divino es Acto Puro de Ser, que es perfectísimo, y por este motivo los cristianos deberán ser sencillos como palomas, para imitar la sencillez, simplicidad y transparencia del Ser divino, y de esta manera combatirán la doblez, el cinismo, la hipocresía, del ser maligno, quien por medio de la mentira, cuyo Príncipe es, tiende trampas a los hombres para seducirlos, engañarlos, y conducirlos a la eterna perdición.
“Yo los envío como ovejas en medio de lobos (…) Sean astutos como serpientes y sencillos como palomas”. La mansedumbre, la recta inteligencia en las cosas de Dios, y la sencillez, son los signos de que el cristiano está animado por el Espíritu Santo, en contraposición a quienes, guiados por el espíritu del mundo, instigados por el Demonio, obran utilizando las armas de la violencia, el engaño y la hipocresía.