Adorado seas, Jesús, Cordero de Dios, Segunda Persona de la Santísima Trinidad, Dios oculto en el Santísimo Sacramento del altar. Adorado seas en la eternidad, en el seno de Dios Padre; adorado seas en el tiempo, en el seno de la Virgen Madre; adorado seas, en el tiempo de la Iglesia, en su seno, el altar Eucarístico. Adorado seas, Jesús, en el tiempo y en la eternidad.
miércoles, 9 de octubre de 2013
“Les aseguro que le dará lo que le pide, por su insistencia”
jueves, 7 de julio de 2011
Quien persevere hasta el fin se salvará

“Quien persevere hasta el fin se salvará” (Mt 10, 16-23). Jesús habla de la persecución que habrá de sufrir
“Quien persevere hasta el fin se salvará”. ¿Por qué la advertencia de Jesús?
Porque antes de la persecución cruenta, final, habrá otra persecución, incruenta, orquestada y dirigida por los medios masivos de comunicación, tendientes a hacer desaparecer del horizonte de la humanidad hasta la idea de Dios y a corromper el alma y el cuerpo de los hombres. De esta manera, a medida que se acerque el fin, la presencia e influencia del infierno y de sus agentes se hará sentir cada vez más intensamente, al punto tal que no parecerá no haber nada sin corrupción, y tal será la situación, que si Dios no acortase los tiempos, se contaminarían con el mal hasta los elegidos.
¿Estamos viviendo esos tiempos? Sólo tres signos, de entre muchos, parecieran inclinarnos a responder afirmativamente.
Un signo es el intento de convertir, mediante la ideología del género, a todo el mundo en un inmenso Sodoma y Gomorra, por medio de las leyes de educación sexual y por la legalización del homomonio. Dentro de poco, de seguir la tendencia actual, no quedará nadie, ni siquiera los niños, puesto que se enseña esto desde el jardín de infantes, sin aceptar la liberalización total de la sexualidad humana.
El otro signo es el aparente triunfo de la “cultura de la muerte”, que busca eliminar a la vida humana en sus extremos, en la concepción y en la vejez, por medio de la legalización del aborto y la eutanasia.
El tercer signo se da dentro de
La consideración, aunque sea ligera, de nuestros tiempos, nos lleva a recordar las palabras del Apocalipsis: “Fuera los perros, los hechiceros, los fornicadores, los asesinos, los idólatras, y todo el que ama la mentira” (22, 15).
Pero el Apocalipsis también describe a aquellos que perseveraron hasta el fin, que no se dejaron contaminar por la idolatría a
“Quien persevere hasta el fin se salvará”. Sólo por medio de
domingo, 24 de enero de 2010
"Éste es el Cordero de Dios"

¿Por qué Juan le da este nombre? ¿Qué es lo que Juan ve y que no ven los otros? El motivo por el cual el Bautista llama a Jesús "Cordero de Dios", es que Juan ha sido instruido por Dios, y por lo tanto, ve aquello que otros no pueden ver: “Aquel a quien Yo te diga, ese es el Cordero de Dios, el Mesías esperado: es Aquel sobre quien veas descender el Espíritu” (cfr. Jn 1, 29-34).
Porque está iluminado por Dios, Juan el Bautista ve en Jesús lo que nadie ve: ve en Jesús al Hijo eterno del Padre, el Emmanuel, caminando en medio de los hombres. Juan ve en Jesús no solo al “hijo de José, el carpintero”, sino que ve al Hombre-Dios, Dios Hijo, que procediendo del seno del Padre se reviste de una humanidad y vive entre los hombres; Juan ve en Jesús al Cordero Inmaculado, que será inmolado en el altar de la cruz para que los hombres, recibiendo la sangre del Cordero, reciban el Espíritu de Dios y con el Espíritu de Dios, la filiación divina; Juan ve en Jesús que pasa al Cordero del Apocalipsis, ante quien se postran en adoración eterna los espíritus puros, los santos y los ángeles de Dios; Juan ve en Jesús que pasa al Cordero Degollado, el Cordero cuya sangre cae en el cáliz, en la misa, concediendo la vida de Dios Trino al alma que la consume; Juan ve en Jesús que pasa el misterio de Dios escondido por los siglos y manifestado en su encarnación.
Así la Iglesia, que posee la visión mística y contemplativa de Juan el Bautista -quien al ver pasar a Jesús no ve a un simple hombre, sino que exclama, lleno del Espíritu: “Este es el Cordero de Dios”- y siendo la Iglesia la Esposa del Cordero, lo contempla extasiada en la Eucaristía, y donde otros ven solo un poco de pan consagrado, la Iglesia adora el misterio y dice: “Este es el Cordero de Dios”[1].
[1] Cfr. Misal Romano.
