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viernes, 22 de diciembre de 2023

Navidad cristiana versus Navidad mundana

 


(Domingo IV - TA - Ciclo B - 2023 – 2024)

         En nuestros tiempos, caracterizados espiritualmente por la descristianización, por el ateísmo y por el materialismo, cuando se viven grandes fiestas espirituales y universales como la Navidad, esta se vive como una Navidad mundana y no como una Navidad cristiana, es decir, se presenta y se vive como una caricatura grotesca y demoníaca de lo que en realidad es. En nuestros tiempos, la antigua Navidad cristiana, ha dado paso a una atea, materialista y hasta demoníaca Navidad mundana.

         ¿En qué consiste la Navidad mundana?

         Cuando se recorren las calles de una gran ciudad, o de un pequeño pueblo, o cuando se leen los periódicos -virtuales o impresos- de diversas partes del mundo, o cuando vemos los noticieros de distintos países del mundo, o cuando vemos las películas supuestamente “navideñas” que comienzan a aparecer ya a fines de noviembre y a comienzos de diciembre, podemos darnos una idea de qué es lo que llamamos “navidad mundana”.

         -Esta Navidad mundana, más que tiempo de sana alegría cristiana, es un tiempo de jolgorio desenfrenado y aberrante, porque la fiesta cristiana navideña tiene su causa en el Niño Dios que nace, mientras que la navidad mundana se origina en la alegría payasesca de las pasiones que han quedado sin control; en la navidad mundana se festeja sin motivo alguno, se festeja por festejar, lo cual es un remedo de la verdadera fiesta cristiana, porque lo que importa es la diversión desenfrenada, el divertirse por el solo hecho de divertirse;

         -La Navidad mundana se caracteriza también por los regalos materiales y por lo tanto, por el consumo desenfrenado, para lo cual hay que comprar, para comprar hay que gastar, para gastar hay que salir a aprovechar ofertas y así en un círculo sin fin, conformando un espejo negativo de la Navidad cristiana, en la que sí se pueden hacer regalos, pero sin olvidar que el que nos regala a su Hijo para salvarnos, por medio del Espíritu Santo en Belén, es Dios Padre y si no está este recuerdo en primer lugar, todo lo otro es puro materialismo;

         -En la Navidad mundana se hacen grandes manjares y suculentos banquetes, acompañados de exquisitas bebidas, lo cual tampoco está mal, pero antes se debe recordar que Quien nos invita a su Banquete celestial es Dios Padre, en donde nos sirve un Banquete celestial, el Pan de Vida eterna, la Carne del Cordero de Dios y el Vino de la Alianza Nueva y Definitiva;

         -La Navidad mundana es tiempo de fiesta mundana, de diversión sin freno, de música pagana y profana, de libertinaje y de alcohol, de pasión y de jolgorio y esto sí que no tiene cabida en la Navidad, de ninguna manera, porque en la Navidad, primero se medita en el silencio el Nacimiento virginal de Dios hecho Niño para nuestra salvación y luego se entonan villancicos junto a los ángeles y a los pastores, para agradecer a la Trinidad por el don de su infinita misericordia;

         -La Navidad mundana y pagana consiste en la introducción de un extraño personaje pagano, inventado por la mente afiebrada y desviada de los hombres, personaje pagano que no solo se ve en países paganos, sino lastimosamente también en países que antiguamente fueron cristianos y que deberían ser luces y faros en la evangelización, quitándolos del error, pero que lamentablemente son los primeros que caen en las tinieblas de la más oscura apostasía, desplazando al Niño Dios del centro de la Navidad, para dar lugar a un espantajo imaginario y pagano al que solo la malicia diabólica y la indiferencia de los hombres ha podido dar cabida en la Navidad cristiana;

         -La Navidad mundana se caracteriza también por desplazar al Niño Dios por el propio “yo”, colocando en el centro de la fiesta navideña a los problemas personales, familiares, afectivos, económicos, de salud, de trabajo, como si bastase el más mínimo problema en cualquier área humana para empañar el recuerdo del Niño Dios que viene a salvarnos, bastando ese problema para entristecer la cena, para enrarecer el clima familiar, o para enfrentar con la violencia a unos contra otros.

         Ahora bien, para la Santa Iglesia Católica, la Navidad es algo muy distinto:

         La Navidad es tiempo de fiesta, sí, pero de una fiesta ante todo espiritual, cuyo origen está en lo alto, en los cielos, en la Persona del Hijo, del Verbo de Dios, Quien ha venido a este mundo que yace en tinieblas y en sombras de muerte, que está envuelta en las sombras vivientes del mal, de los habitantes del Infierno, para iluminarnos con la Luz Eterna de su Ser divino trinitario, para disipar y vencer para siempre a las tinieblas del pecado, del error, de la muerte y del Infierno que nos aprisionan y así conducirnos al Reino de la luz, de la paz y de la vida eterna en los Cielos;

         -La Navidad es, para la Santa Iglesia Católica, tiempo de regalos, pero ante todo de regalos espirituales, de regalos que nos vienen de lo alto, de la Santísima Trinidad: Dios Padre nos hace el Don inestimable de su Hijo, de su Verbo, Quien se encarna en el seno de María Santísima para nacer, luego de nueve meses de gestación, en la Gruta de Belén, como Dios hecho Niño sin dejar de ser Dios y a su vez Dios Niño nos hace el don de su Sagrado Corazón, Dios Espíritu Santo, el Divino Amor del Padre y del Hijo, para que en el Espíritu Santo, unidos al Hijo, seamos conducidos al Padre al final de nuestras vidas en la tierra; el hombre agradecido a su Dios Trinidad también hace regalos a Dios y el mejor regalo que puede hacerle es la conversión o al menos la promesa de la conversión del corazón a su Dios, en acción de gracias y en adoración por su infinita misericordia y por lo que Es, Dios de infinito Amor, Justicia, Sabiduría y Majestad y porque siendo Quien Es, se ha dignado rebajarse para salvar a su creatura, el hombre, anonadándose, humillándose, al encarnarse y nacer como Niño en Belén, siendo Dios y sin dejar de ser Dios.

         -La Navidad es, para la Iglesia, tiempo para deleitarse con manjares y bebidas exquisitos, con banquetes y vinos substanciosos, con manjares que deleitan a los ángeles y que no han sido preparados en la tierra y el que prepara la Mesa es Dios Padre y es Él quien invita a sus hijos a estos banquetes que sorprenden por su exquisitez a ángeles y santos: el supremo manjar de los cielos, el Pan Vivo bajado del Cielo, Jesús en la Eucaristía; la Carne del Cordero de Dios, asada en el Fuego del Espíritu Santo, el Cuerpo glorioso de Jesús resucitado; una bebida exquisita que embriaga con el Divino Amor a quien la bebe, el Vino de la Alianza Nueva y Eterna, la Sangre de Cristo resucitado, el Cáliz de la Alianza Nueva y Eterna. Por eso es que, para la Iglesia, esta es la verdadera Navidad y la verdadera fiesta de Navidad es la Santa Misa de Nochebuena.

         -La Navidad es, para la Santa Iglesia Católica, tiempo de alegría, de fiesta, porque Dios, que es “Alegría Infinita”, como dice Santa Teresa de los Andes, ha venido a este mundo, a nuestro mundo, a nuestro tiempo y espacio, a nuestra historia y a nuestro tiempo, como un Niño, se ha encarnado, siendo Dios, sin dejar de ser lo que Es, la Persona Segunda de la Trinidad, y ha venido como un Niño recién nacido, para que no dudemos de su intención de donarnos su perdón, su Amor, su vida divina, vida anticipada y participada en la Eucaristía; ha venido como Niño en Belén, ha nacido milagrosa y virginalmente como Niño en la Gruta de Belén, manifestándose como Niño, para que no tengamos miedo en acercarnos a Él, a Dios Todopoderoso, porque, ¿quién tiene miedo de un niño recién nacido? Si hubiera venido en la majestad infinita de su gloria y en la omnipotencia de su poder, no habríamos siquiera levantado la frente del suelo del temor, pero, viniendo como un Niño recién nacido, ¿puede alguien decir que tiene miedo de un Niño recién nacido? Hasta en eso muestra su delicadeza nuestro Dios, manifestándose como un Niño y por eso la Navidad es una fiesta de Alegría celestial.

         -La Navidad es un tiempo especial para todos, porque nos muestra el sentido de nuestras vidas, que es alcanzar el Cielo en unión con el Niño de Belén, pero lo es especialmente para los jóvenes, quienes se encuentran en nuestros días especialmente tentados por los falsos atractivos del mundo que les provocan hartazgo, desasosiego y los llevan por caminos falsos que los desvían de la Verdad que es Cristo y les hacen tomar decisiones equivocadas, sumamente dañinas para sus vidas; el Niño de Belén, abriendo sus bracitos en cruz, quiere abrazar a todos los jóvenes del mundo, para tenerlos consigo y para recordarles que el único sentido de la vida terrena es la unión con su Sagrado Corazón.

         -La Navidad es, para la Santa Iglesia Católica, el tiempo de gracia para recordar el milagroso Nacimiento en Belén, en el tiempo y en la historia humana, de la Segunda Persona de la Trinidad, Quien al encarnarse en el seno purísimo de María Santísima, nace como Niño y esta verdad revelada trae paz, luz, gozo y alegría al alma; también es tiempo de recordar que cada corazón humano está llamado a convertirse, por acción de la gracia santificante, en un Nuevo Portal de Belén, en el que el Niño Dios quiere renacer por la gracia y para esto es necesaria la presencia de la Santísima Virgen, para que prepare previamente al corazón para recibir la gracia del Nacimiento de su Hijo con el deseo de la conversión.   

-La Navidad es, para la Iglesia, tiempo de hacer balances, pero balances que, comenzando en la tierra, finalicen en la eternidad: por ejemplo, es tiempo de ver cómo nos preparamos para el Nacimiento de Dios Hijo en nuestro corazón, Nacimiento que a su vez nos prepara para la Vida eterna, Vida a la que ingresaremos el día de nuestra muerte corporal; es tiempo de ser solidarios, pero la primera solidaridad es no es material sino espiritual, es para con aquellos que, al igual que los habitantes de Belén, no quieren dar lugar a Dios Niño en sus corazones, y el primer bien a compartir, más que los materiales, es el bien de la Fe en Cristo Dios, de manera que en Navidad nos debemos preguntar qué hemos hecho y qué hemos de hacer para que nuestros prójimos, los hambrientos de Dios, los ateos, los materialistas, sacien su hambre y sed de felicidad recibiendo al Niño de Belén como nosotros, por gracia de Dios, lo recibimos, por la fe, por el amor y por la Eucaristía.

Por último, hagamos el propósito de celebrar una Navidad cristiana ofreciendo nuestros corazones como un Nuevo Belén, en donde por la gracia nazca el Niño Dios. No celebremos una navidad pagana. No nos aturdamos en el festejo desenfrenado, en el jolgorio mundano de un mundo que parece celebrar no el Nacimiento de Dios hecho Niño, sino el rechazo de Dios en un festejo pagano. Reparemos, con la oración y la Santa Misa, por todos aquellos que “festejan” una navidad pagana, vacía, mundana, sin Dios, e imploremos a la Madre de Dios, que trae a su Niño en su seno virginal, que lo haga nacer en los corazones más fríos y oscuros.

martes, 24 de diciembre de 2019

Octava de Navidad 2019 6


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          En el siglo XXI, la Navidad se ha tergiversado tanto en su sentido original, que se ha convertido en una fiesta mundana y pagana, en la que el personaje central, Cristo, ha sido dejado de lado por la fiesta misma, por los regalos, los festejos y por un usurpador llamado “Santa Claus”. Esto que decimos no lo inventamos nosotros, sino que, además de ser una experiencia que puede ser comprobada por nosotros mismos, lo afirma un diario inglés, llamado The Guardian Unlimited[1]. En dicho diario, en un artículo, se dan toda una serie de consejos mundanos, banales, triviales e incluso anti-cristianos, para festejar una Navidad “super” –en inglés le dicen “cool”- o, también, una "Navidad mundana". Es decir, el artículo da consejos para que la Navidad sea una fiesta divertida, sorprendente, que sea recordada por todos precisamente por lo divertida que resultó ser. En estos consejos, se incluyen todo tipo de detalles, que van desde la ropa, los zapatos, los accesorios, hasta qué elementos decorativos colocar, qué comidas preparar, qué bebidas servir, etc. Tal y como se realiza con una fiesta mundana, así se aconseja hacer para Navidad. El problema no radicaría tanto en esto, puesto que una fiesta sí debe ser, además de elegante, divertida, y por eso no están demás algunos consejos dados en buena fe: el problema radica en que se reduce la Navidad a eso, a una fiesta, quitándole lo esencial, lo mistérico, lo sobrenatural, lo que es la causa de la Navidad, esto es, el Nacimiento del Hijo de Dios en forma de Niño humano en el Portal de Belén.
          Es decir, en el artículo se dan toda clase de consejos para que la Navidad sea una fiesta “inigualable” e “inolvidable”, pero se olvidan de lo esencial de la Navidad, el Niño Dios, por quien tiene sentido toda fiesta y sin el cual ninguna fiesta tiene razón de ser. Una fiesta así, en la que se deja de lado al personaje central de la fiesta, carece de sentido.
          Ahora bien, hay otro error en el artículo y es el pensar que la fiesta de Navidad se da en un solo ambiente, el mundano: no toman en cuenta que es en otro ambiente, no de origen mundano o terrestre, en donde se origina la verdadera fiesta de Navidad y es la Santa Misa de Nochebuena. La razón es que allí, en la Santa Misa –como en cada Santa Misa- el Niño Dios prolonga su Encarnación en la Eucaristía, para nacer en los corazones de aquellos que lo reciban con un corazón humilde, con fe y en gracia. Es decir, la verdadera fiesta de Navidad es la Santa Misa de Nochebuena, la cual se origina no en la tierra sino en los cielos, porque es desde de los cielos desde donde desciende el Niño Dios para prolongar su Encarnación en la Eucaristía y nacer en los corazones convertidos en otros tantos portales de Belén.
          El Niño que nace indefenso, temblando de frío, llorando por el hambre, es el Niño que fue engendrado en la eternidad en el seno del Padre y ahora viene a este mundo para cumplir su misterio salvífico y pascual de muerte y resurrección.
El Niño que nace en Belén y actualiza su Nacimiento por la liturgia eucarística en el altar eucarístico es el Rey de los cielos y es por lo tanto, en Sí mismo, la Alegría Increada y la causa de toda alegría participada. Este Niño que nace en Belén es el que le da a la fiesta de Navidad su verdadera y única alegría, ya que la alegría de la fiesta terrena es sólo una alegría refleja de esta alegría celestial.
La fiesta que no tiene en cuenta a la Santa Misa de Nochebuena, es una fiesta mundana, pagana, sin razón de ser, en donde la alegría es vana y banal, pasajera, sin fundamento alguno que la sustente y esto porque dejan de lado a Aquél que es la razón de ser de la fiesta de Navidad, Cristo Jesús, el Niño Dios. La verdadera fiesta, lo volvemos a decir, es la Santa Misa de Nochebuena, Santa Misa en la que Dios hecho Niño sin dejar de ser Dios, actualiza por la liturgia eucarística del altar su milagroso nacimiento del seno virginal de María Santísima, al nacer también de modo milagroso en otro seno virginal, el de la Iglesia, esto es, el altar eucarístico y esto lo hace para luego convertir a cada corazón en un nuevo Portal de Belén.
La verdadera fiesta y el verdadero banquete es la Santa Misa de Nochebuena, porque allí Dios Padre organiza para nosotros un banquete celestial, un manjar suculento, substancioso: nos convida con el Pan de Vida eterna, la Sagrada Eucaristía; con el Vino de la Alianza Nueva y Eterna, la Sangre de Jesús y con la Carne del Cordero de Dios, asada en el fuego del Espíritu Santo. Sin esta fiesta celestial, toda fiesta terrena es mundana, pagana y anti-cristiana, carente de toda razón de ser.
Por último, una fiesta mundana, en la que se deje de lado al Verdadero y Único protagonista, Cristo Jesús, es  incluso peligroso, tal como lo dice San Hilario: “¿Hay algo más peligroso para el mundo que el hecho de no querer aceptar a Cristo?”[2].




[1] Cfr. The Guardian Unlimited, edición digital, www.theguardian.uk, noviembre de 2006.
[2] Cfr. In Evang. Matth. Comment. XVIII, 3, PL 9, 1019; cit. en Iván Kologrivoff, Il Verbo di Vita, Libreria Editrice Fiorentina, Florencia 1956, 128.