(Domingo IV - TC - Ciclo C – 2025)
“El padre se conmovió, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo
cubrió de besos” (cfr. Lc 15, 11-32). En la parábola del hijo pródigo se revela el
verdadero rostro del catolicismo y es la misericordia infinita del corazón de
Dios Padre para con la humanidad. Esto conviene aclararlo porque muchos, no
solo fuera de la Iglesia Católica, sino aún desde dentro de la Iglesia
Católica, tergiversan y traicionan el mensaje evangélico afirmando erróneamente
que el catolicismo es algo así como una ONG piadosa, una organización de orden
social dedicada a obras benéficas a las que se le agregan artificialmente
oraciones y actos de piedad, como es el caso, por ejemplo, del traidor teólogo
salvadoreño Jon Sobrino, a quien el Vaticano[1]
llamó la atención por sus escritos y su doctrina, precisamente por destacar
solamente la naturaleza humana de Jesús, dejando de lado su divinidad. Si esto
fuera así, es decir, si Cristo es sólo un hombre, el cristianismo entonces se
reduce a una organización fraterna de asistencia social que tiene por objetivo
primero y último la reducción de la pobreza material entre los hombres, lo cual
es una falsificación absoluta del mensaje evangélico y una contradicción a
veinte siglos de magisterio eclesiástico católico. Cristo es Dios y ha venido a
salvarnos del Infierno y conducirnos al Cielo y la Iglesia, su Cuerpo Místico,
es una prolongación de Cristo, que tiene su misma misión, en el tiempo y en el
espacio, hasta el fin del mundo.
Si bien el
cristiano está obligado por el amor de Dios a ayudar a su prójimo más
necesitado, el cristianismo no tiene como fin último erradicar villas miserias
o terminar con la pobreza en el mundo. El cristianismo no es ni hábito cultural
ni acción social ni regla moral: es
“El padre
se conmovió, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos”. El padre
de la parábola representa a Dios Padre; el hijo pródigo, que malgasta toda su
fortuna en un país extranjero y luego regresa arrepentido, es el hombre que,
por el pecado original, malgasta la fortuna de la gracia original con la cual
Dios lo había dotado en la Creación y que luego, al recibir la gracia de la
conversión, se arrepiente y decide regresar al seno del Padre; los brazos
abiertos del padre y el abrazo del padre de la parábola, representan a los
brazos abiertos de Dios Padre y al abrazo que Dios Padre ofrece al hombre
arrepentido de sus pecados y estos brazos abiertos y este abrazo de Dios Padre
son los brazos abiertos de Dios Hijo en la Cruz, ya que Jesús en la Cruz abre
los brazos pero no solo para ser clavados por gruesos clavos de hierro, sino
para abarcar en ese abrazo a toda la humanidad, de modo que los brazos abiertos
de Cristo en la cruz son los brazos abiertos de Dios Padre que abraza a toda la
humanidad. Y este abrazo de Cristo en la cruz, que es el abrazo del Padre, Dios
Padre y Dios Hijo donan el Espíritu de Amor al hombre arrepentido, no sólo perdonando
los pecados, sino concediendo la filiación divina, adoptando a toda la
humanidad como hija de Dios Padre en el Espíritu del Hijo.
Ahora bien, esta parábola relatada por Nuestro Señor Jesucristo, reveladora de realidades celestiales y sobrenaturales, se actualiza en cada Santa Misa porque es una prefiguración del Santo Sacrificio del Altar, sacrificio del Cordero ofrecido por Dios Padre para derramar a Dios Espíritu Santo en las almas de los hijos pródigos, los bautizados en la Iglesia Católica. Por esto, podemos decir que en cada Santa Misa la
parábola del hijo pródigo se hace realidad, cobra vida: Dios Padre recibe en su
Casa,
Como muestra de su misericordia infinita para con sus hijos
adoptivos, de su perdón misericordioso, de su alegría y de su amor
misericordioso, Dios Padre dona a su Hijo resucitado en la Eucaristía para
acudir al encuentro de sus hijos pródigos en cada comunión eucarística, para
abrazarlos y cubrirlos con el amor de su corazón divino, el Espíritu Santo.
[1] Cfr. Diario Corriere
della sera, edición digital www.corriere.it, artículo “Altolá al teologo Sobrino”, del 14 de marzo de 2007.
No hay comentarios:
Publicar un comentario