(Domingo XXII - TO - Ciclo A – 2026)
“¡Retírate, Satanás! (...)
Tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres” (Mt 16, 21-27). Es muy llamativo lo que sucede en el diálogo entre Jesús y
Pedro: en muy poco tiempo, Pedro pasa de ser felicitado por Jesús, a ser
rechazado por Él mismo. En un primer momento, lo felicita diciéndole que el
saber que Él es el Mesías y el Hijo de Dios, no le ha sido revelado “ni por la
carne ni por la sangre” sino por “su Padre que está en el Cielo”. Instantes después,
cuando les revela Jesús su misterio pascual de Muerte y Resurrección, luego de
que Pedro se opusiera, Jesús lo reprende diciéndole: “Vade retro, Satan”, y esta reprensión va dirigida nada más que a Pedro,
su Vicario, a quien acababa de nombrar como al Primer Papa entregándole las
llaves del Reino de los cielos.
El que nos da la clave para entender este pasaje del
Evangelio es San Ignacio de Loyola quien, en sus Ejercicios Espirituales y para
conocer el origen de nuestros pensamientos, aplica un método llamado por él “discernimiento
de espíritus”. Según San Ignacio, nuestros pensamientos tienen un triple origen:
pueden venir de Dios, de nosotros o del Demonio. Aplicando este método a Pedro,
vemos cómo claramente actúan en él estas tres fuentes distintas de origen del
pensamiento: el Espíritu de Dios, cuando responde que Jesús es el Mesías y el Hijo
de Dios; el espíritu humano y el espíritu diabólico, cuando frente el anuncio
del misterio pascual de Muerte y Resurrección, Pedro reprende a Jesús y rechaza
la Cruz y la Pasión. Jesús felicita a Pedro cuando éste confiesa la divinidad y
mesianidad de Jesús y la razón es que ese conocimiento no ha sido obtenido por
la “carne ni la sangre”, es decir, no es fruto de sus razonamientos humanos,
sino que ha sido “el Espíritu de su Padre”, el Espíritu Santo, quien le ha
dictado la respuesta. Pero el mismo Jesús reprende duramente a Pedro cuando
ante el anuncio de la Pasión Pedro se rebela, Jesús le dice que se aparte de
Él, porque “piensa como los hombres, no como Dios” y así sus pensamientos
humanos “lo hacen tropezar”. Lo más llamativo es lo que viene después, cuando
Jesús dice “Apártate de Mí, Satanás” y no dice “Apártate de Mí, Pedro” y este
se debe a que la negación de la Pasión y el rechazo de la Cruz viene tanto del
hombre sin Dios como del Demonio. Al aplicar el discernimiento de espíritus de
San Ignacio, se comprende cómo Pedro sea influenciado por tres espíritus
distintos: el Espíritu de Dios, cuando declara que Jesús es el Mesías; su
propio espíritu humano unido al de Satanás, cuando niega la Pasión y la Cruz.
“Vade retro,
Satán”. Análogamente, las palabras de Jesús se aplican a nosotros cuando nos
preguntan acerca de la esencia de la Eucaristía: si nuestra respuesta es que la
Eucaristía no es un simple pan bendecido en una ceremonia religiosa, sino el
Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Cristo, entonces podemos decir que
esa respuesta nos la dictó el Espíritu Santo; si respondemos que la Eucaristía
es sólo un poco de pan que simplemente nos recuerda a la Última Cena, pero que
no es Jesucristo en Persona, entonces oiremos lo mismo que Jesús le dijo a
Pedro cuando rechazó la Pasión: “Vade retro, Satán”.
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