sábado, 15 de agosto de 2026

“Mujer, qué grande es tu fe”

 




(Domingo XX - TO - Ciclo A - 2026)

          “Mujer, qué grande es tu fe” (Mt 15, 28). Una mujer que no pertenece al Pueblo Elegido, de origen cananeo y por lo tanto pagana, se postra ante Jesús para clamarle por su hija, que está poseída por un demonio. Después de veintiún siglos transcurridos, esta mujer cananea, de origen pagano, es un ejemplo de fe católica para la totalidad de los católicos de todos los tiempos y en especial, para nosotros, católicos del siglo XXI. Hay muchas razones por las cuales la mujer cananea es ejemplo en la fe.

          Un primer ejemplo de la firmeza y claridad de su fe es que sabe diferenciar entre una enfermedad de origen mental, psiquiátrica, como lo es la esquizofrenia, por ejemplo, que provoca convulsiones de tipo epiléptica, de una posesión demoníaca, en donde el demonio toma posesión de las facultades del ser humano. La mujer cananea acude a Jesús no por una enfermedad mental de su hija, sino porque está poseída por un demonio, tal como ella lo dice y Jesús mismo no la refuta, sino que confirma el diagnóstico de la mujer cananea. La mujer le dice a Jesús: “Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. No le pide a Jesús que la cure de una enfermedad: le pide un exorcismo y la certeza de su diagnóstico está en que Jesús no la contradice, sino que la confirma en este diagnóstico. La distinción que hace la mujer cananea, entre enfermedad psiquiátrica y posesión diabólica, contradice a muchos exégetas católicos, modernistas que en su afán por negar el origen divino de Jesucristo y su poder para expulsar demonios, confunden intencionalmente la posesión demoníaca con una enfermedad psiquiátrica.

          Otro ejemplo de fe católica de la mujer cananea es que reconoce en Jesús no a un profeta, ni a un hombre sabio, ni a un hombre justo o santo, ni siquiera el más santo entre los santos, a quien Dios acompaña con sus signos: reconoce en Jesús a Dios Hijo encarnado; reconoce en Jesús al Hombre-Dios, a Dios humanado, a Dios que se hace hombre sin dejar de ser Dios y esto se ve reflejado en el trato que le da a Jesús, llamándolo “Señor”, reservado sólo a Dios. Además, la mujer cananea se postra ante Jesús, lo cual es un signo externo de adoración reservado solo para Dios.

          Este reconocimiento de Jesús como Dios y también como Mesías -lo llama “Hijo de David”, título reservado para el mesías-, la coloca por encima de la gran mayoría de los pertenecientes al Pueblo Elegido, quienes precisamente se caracterizaron por desconocer voluntariamente la divinidad de Jesús y su condición de Mesías.

          La mujer cananea es ejemplo de fe católica -cree en el Jesús católico y no en el Jesús de los protestantes o el Jesús de las sectas- y es ejemplo también de perseverancia en la oración, porque no se desanima ni siquiera ante las repetidas negativas personales de Jesús a su pedido, continuando en la súplica orante ante Jesús, hasta que logra su cometido, que es la liberación espiritual de su hija.

Es también ejemplo de humildad y de humildad casi en grado extremo, porque a pesar de que Jesús la compara nada menos que con un perro, con un cachorro, al decirle que “no es lícito tomar la comida de los hijos para dárselas a los cachorros”, aun así, no se rebela contra Dios Hijo, sino que asiente a la comparación que hace Jesús, tomando como cierta la comparación del mismo Jesús, quien llama “hijos” a los integrantes del Pueblo Elegido, mientras llama “cachorros de perros” a los que, como ella, no pertenecen al Pueblo Elegido. Luego de ser tratada como “cachorro de perro” la mujer cananea, lejos de dejarse dominar por la ira o por la soberbia, se humilla aun más todavía, aceptando el ejemplo de Jesús y aplicándoselo voluntariamente a ella misma: “Pero aun así, los cachorros comen de las migajas que caen de las mesas de los hijos”. La mujer cananea entiende a la perfección lo que Jesús le quiso decir con el ejemplo de los hijos y los cachorros: los hijos son el Pueblo Elegido y alimento substancial, destinado en primer lugar a ellos, son los milagros que Jesús hace con su omnipotencia divina y puesto que ella, siendo cananea y por lo tanto pagana, no es destinataria primaria de los milagros de Jesús, Él no está obligado a hacer ningún milagro en su favor. Pero la mujer cananea, usando el mismo ejemplo de Jesús y demostrando una humildad heroica, le dice a Jesús que es verdad que ella no pertenece al Pueblo Elegido y por lo tanto no son para ella los grandes milagros, pero aun así, se puede ver beneficiada por un milagro pequeño, como lo es el exorcismo, de la misma manera a como los cachorros se alimentan de las migajas que caen de la mesa de los hijos.

Por todas estas razones, la mujer cananea es ejemplo de fe católica en Jesús, porque se dirige a Jesús como lo que ES Él, es decir, se dirige a Jesús como Dios y no como un profeta o como a un hombre santo. La fe verdaderamente católica en Jesús es la fe de la mujer cananea, la cual se postra en adoración ante Jesús, como ejemplo de que reconoce interior y exteriormente la divinidad de Jesús. Pero es también, como dijimos, ejemplo de perseverancia en la oración, porque persiste en su súplica ante Jesús, aun cuando Jesús en Persona no le concede, en primera instancia, el milagro que pide; es ejemplo de discernimiento -y por lo tanto de sabiduría- porque sabe diferenciar, con su intelecto iluminado por la luz de la gracia, entre enfermedad corporal y posesión diabólica; es ejemplo de humildad y de auto-humillación, porque no duda en aceptar con humildad el duro ejemplo que hace Jesús y tampoco duda en auto-humillarse ante Jesús, con tal de conseguir el exorcismo para su hija.

“Mujer, qué grande es tu fe”. La fe católica de la mujer cananea es tan grande y fuerte, que sorprende al mismo Jesús, el cual, en consideración a esta fe, no solo la alaba, sino que le concede lo que le pide, aun cuando no sea ella la destinataria de los milagros de Jesús. Ante este ejemplo de la mujer cananea, debemos reflexionar y preguntarnos si Jesús, viendo nuestra actual fe, supuestamente católica, nos diría lo mismo que a la mujer cananea o si, por el contrario, nos diría lo mismo que a Pedro y que a los discípulos de Emaús: “Hombres de poca fe”. ¿Creemos verdaderamente que Jesús es Dios Hijo encarnado, que prolonga su Encarnación en la Eucaristía? ¿Creemos verdaderamente que la Eucaristía es Dios Hijo, oculto en la apariencia de pan y vino? Pidamos a la mujer cananea, que con seguridad está en el cielo, que interceda para que nuestra fe en Cristo Jesús y su omnipotencia divina sea al menos pequeña como la migaja que cae de la mesa de los hijos.

         

 

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario