domingo, 1 de noviembre de 2026

“Los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz”

 


“Los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz” (Lc 16,1-8). Hay que prestar atención a esta parábola para no sacar conclusiones erróneas. Lo que hay que considerar es que tanto el dueño de la parábola como el administrador deshonesto, son “hijos de este mundo”, es decir, hijos de las tinieblas y por esta razón no es posible hacer ninguna transposición entre el dueño y Dios Padre, que es Dios Perfectísimo y de Bondad infinita. Entonces, quien alaba el proceder astuto del administrador infiel es el dueño de la parábola y no Nuestro Señor Jesucristo y sin embargo no aprueba su deshonestidad. Esto quiere decir que ni en la parábola y mucho menos Jesús, se aprueban la deshonestidad del administrador infiel, sino que se ensalza su proceder astuto, sagaz, con el cual el administrador infiel pretende ganarse amigos para cuando quede en la calle. Se pone el foco de la atención en la astucia de los hijos de las tinieblas y no en su deshonestidad.

         ¿Cuál es la enseñanza que nos deja esta parábola? Ante todo, tenemos que venos reflejados en la figura del administrador debido a que también nosotros somos administradores de los bienes de Dios y por lo tanto debemos administrar estos bienes para que, cuando sea la hora de nuestra muerte –que equivale al momento en el que administrador de la parábola queda despedido-, nos veamos desamparados ante el Juicio de Dios. Si hacemos uso correcto de los bienes materiales y espirituales que Dios nos ha dado – un ejemplo es el compartir estos bienes materiales y espirituales con los más necesitados-, entonces nos ganaremos el favor, no sólo de aquellos a quienes auxiliamos, sino que obtendremos el favor de nada menos que de una Gran Abogada, la Santísima Virgen María, Nuestra Madre del cielo, que intercederá por nosotros en el momento del Juicio Particular, para que el destino nuestro final no sea la eterna condenación, sino el cielo o el purgatorio.

“Los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz”. Aprendamos la lección del administrador infiel, no en su pecado, que es el robo, sino en su astucia, es decir, en el saber obrar para hacerse amigos que luego lo puedan ayudar; seamos misericordiosos y obremos la misericordia espiritual y corporal para con el prójimo y así obtendremos almas que intercedan por nosotros cuando lo necesitemos –sobre todo en el Juicio Particular- y, sobre todo, obtendremos el favor de la Abogada de los pobres, María Santísima.


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