sábado, 31 de octubre de 2026

Conmemoración de Todos los Fieles difuntos


 

(Ciclo A – 2026)

         En la Conmemoración de Todos los Fieles la Iglesia recuerda piadosamente a los seres queridos difuntos, pero no es un mero recuerdo, sino que es un recuerdo en oración, porque además de pedir por su eterno descanso, como fieles católicos debemos adorar y dar gracias a la Divina Misericordia, porque es por esta Divina Misericordia por la cual esperamos que nuestros seres queridos difuntos estén junto a Dios en el Cielo -o en el Purgatorio, antesala del Cielo- y además, es por esta Divina Misericordia por la cual esperamos algún día reencontrarnos con ellos en el Cielo, para nunca más separarnos.

         Recordar a los fieles difuntos no tendría sentido sin la Misericordia Divina porque en este caso la vida terrena solo sería la antesala de la eterna condenación: sin la Misericordia Divina no tendríamos ninguna esperanza de salvarnos del Infierno y en consecuencia, tampoco tendríamos esperanza del reencuentro con nuestros seres queridos difuntos. Pero gracias a Dios, existe Dios y su Divina Misericordia y por esta razón la Conmemoración de los Fieles Difuntos es una conmemoración plena de esperanza e incluso de alegría para el cristiano, precisamente porque por la Divina Misericordia no solo creemos firmemente en la vida eterna, sino que además somos conscientes de que cada día que pasa es un día menos para alcanzar la eternidad y el Reino de los cielos, si vivimos y morimos en gracia. La Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos no debe ser una causa de tristeza por los seres queridos que ya no están, sino de esperanza y alegría porque quienes creemos en Dios, creemos en su Misericordia Divina y que por esta Misericordia les ha concedido, por intercesión de la Virgen, Mediadora de todas las gracias, el don del arrepentimiento perfecto o contrición del corazón en el momento de la muerte y por esta razón es que esperamos que ellos, independientemente de la vida que puedan haber llevado aquí en la tierra, más allá de su condición de viadores y pecadores como lo somos todos, estén ya gozando de la visión beatífica de Dios Uno y Trino y adorando al Cordero de Dios, Cristo Jesús. Esta fe en Cristo Jesús es lo que da fundamento a nuestra esperanza y a nuestra alegría en un día en el que es natural la tristeza por la partida de un ser querido y por su recuerdo, pero aunque la tristeza sea natural, es sobrenatural -y por lo tanto superior- la alegría que nos da el saber que Dios es infinita Misericordia y que por esta Misericordia Divina nuestra perspectiva sombría se convierte en esperanza y alegría al tener la certeza de que nuestros seres queridos están con Dios.

         Jesús Misericordioso es el fundamento de nuestra alegría y de nuestra esperanza: de nuestra alegría, porque por su Divina Misericordia, sabemos que se hizo presente en el momento de la muerte de nuestros seres queridos, para darles la gracia de la contrición o arrepentimiento perfecto; es el fundamento de nuestra alegría porque también, por su Divina Misericordia, esperamos con confianza y serena alegría el reencontrarnos con ellos el día de nuestra muerte porque esperamos que Dios se apiade de nosotros y también nos conceda la gracia del arrepentimiento perfecto de nuestros pecados, para así poder ingresar al Cielo y reencontrarnos con nuestros seres queridos para nunca más separarnos.

Entonces, en la conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, permanecemos serenos, esperanzados y con alegría, porque creemos que Cristo es Dios y que por su sacrificio en cruz ha vencido para siempre al demonio, a la muerte y al pecado; también creemos que, en su infinita Misericordia por nosotros, en la hora de la muerte de nuestros seres queridos ha hecho prevalecer la Misericordia Divina por encima de la Justicia Divina; por último creemos que por esa misma Misericordia habremos de reencontrarnos un día con nuestros seres queridos en el Reino de Dios, y por esta razón este día es un día no para recordar con tristeza a nuestros queridos difuntos, sino para alegrarnos en la adoración, alabanza y amor de la Divina Misericordia.

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario