(Domingo XI - TO - Ciclo A - 2026 )
“Id
y anunciad el Evangelio; expulsad demonios, curad enfermos...” (Mt 9, 36-10,8). Jesús envía a su Iglesia
naciente a misionar, lo cual nos lleva a preguntarnos en qué consiste la misión
de la Iglesia. Aunque la consigna de Jesús es muy precisa: “Id y anunciad el
evangelio”, pareciera ser que hoy, en la opinión de muchos, sobre todo dentro de
la Iglesia, la misión de la Iglesia consistiría en una mera acción social y
filantrópica: enseñar a leer, construir escuelas, dar de comer. La misión
consistiría en una actividad meramente social, llevada a cabo por un hábito
cultural determinado: el ser cristiano. Sin embargo, a pesar de que estas
actividades son loables, la misión de la Iglesia no es ni enseñar a leer, ni
dar de comer, ni construir civilizaciones, porque todo esto no pasa del plano
cultural y humano; aún cuando la Iglesia Católica, desde siempre, enseñó a
leer, dio de comer y construyó civilizaciones y culturas. ¿Cuál es entonces la
misión de la Iglesia y en qué se fundamenta? La misión de la Iglesia no se
entiende sin su origen y fundamento, que es la Santísima Trinidad, porque su
misión es una continuación y una prolongación de las misiones y de los procesos
que ocurren en el interior de Dios Trinidad. De ahí que sea necesario ver qué
es lo que entendemos por “misión” en la Trinidad. En la Trinidad, la misión implica un partir, un proceder, y un
llegar, e implica también un objetivo por el cual se parte a la misión[1].
En la Trinidad, la misión de una Persona, es un envío, de una Persona a la
otra; así, el Padre envía al Hijo, y el Padre y el Hijo, envían al Espíritu
Santo. En un sentido activo, la misión es la entrega con la cual se une el ir,
independientemente de lo que se da (ir-entrega); en sentido pasivo, es el venir de un ser, que comprende la entrega de ese ser (venir-entregar/don).
Esa misión se produce dentro de la Trinidad, cuando una Persona sale de la
otra: el Hijo procede, sale del Padre, es enviado por el Padre, y el Espíritu
Santo, procede, sale, es enviado, por el Padre y por el Hijo y las Personas del
Hijo y del Espíritu Santo, a su vez, se donan al Padre. El fin de la misión,
dentro de la Trinidad, es el don, la entrega, de la Persona divina. Este proceso,
la misión, que se verifica dentro de la Trinidad, y que tiene como fruto la
entrega de las Personas divinas, quiere Dios continuarlo fuera de la Trinidad,
dentro del alma del creyente, y para esto, envía en misión al Hijo. El Hijo es
enviado, por el Padre, en misión, al alma de cada ser humano, para continuar,
en el alma, la Presencia de la Trinidad.
¿De qué manera cumple Jesús su misión? La misión
de Jesús, el Hijo que procede del Padre, es encarnarse en el seno Virgen de
María para continuar, fuera de la Trinidad, dentro de la criatura humana, la
misión de las Personas divinas, que termina en el don de esas mismas Personas
divinas. La misión de Jesús es encarnarse para introducir su Persona, la
Persona del Hijo, en la criatura y el estar en la criatura, por la gracia
santificante[2].
De esta manera vemos entonces que la misión del Hijo a los hombres, dentro del
alma, como continuación de la misión intratrinitaria, es el fundamento de la
misión de la Iglesia. La misión de la Iglesia, la misión ad gentes, a
los gentiles, la misión encomendada por Cristo a los Apóstoles, se presenta así
como una continuación y una prolongación de la misión de la Persona divina del
Hijo, para que se verifique dentro del alma, la Presencia de las tres Divinas
Personas, mediante la inhabitación de las Tres Divinas Personas en el alma del que
está en estado de gracia santificante.
El Hijo es enviado dentro del alma –y el ingreso
del Hijo en el alma, se da por la fe, el bautismo, la gracia y la Eucaristía,
que es la Fuente Increada de la gracia-, y entrando en Él, trae consigo a las
Personas del Padre y del Espíritu Santo. La misión del Hijo en el alma, su
ingreso, se realiza por la gracia y por la Eucaristía, y la misión de la
Iglesia tiene el objetivo de hacer que el Hijo entre en cada alma, por la fe,
por el bautismo y por la Eucaristía, y por la vida de la gracia. Éste es el
fundamento trinitario de la misión de la Iglesia, y éste es el fin de la misión
de la Iglesia: introducir, por la fe, por el bautismo y por la Eucaristía, la
Presencia personal del Hijo, y con Él, la Presencia del Padre y del Espíritu
Santo.
[1] Cfr. Matthias Joseph Scheeben,
Los misterios del cristianismo,
Ediciones Herder, Barcelona 1964, ...
[2] cfr. Scheeben, Los misterios.

No hay comentarios:
Publicar un comentario