jueves, 11 de junio de 2026

“Id y anunciad el Evangelio; expulsad demonios, curad enfermos...”

 


(Domingo XI - TO - Ciclo A - 2026 )

         “Id y anunciad el Evangelio; expulsad demonios, curad enfermos...” (Mt 9, 36-10,8). Jesús envía a su Iglesia naciente a misionar, lo cual nos lleva a preguntarnos en qué consiste la misión de la Iglesia. Aunque la consigna de Jesús es muy precisa: “Id y anunciad el evangelio”, pareciera ser que hoy, en la opinión de muchos, sobre todo dentro de la Iglesia, la misión de la Iglesia consistiría en una mera acción social y filantrópica: enseñar a leer, construir escuelas, dar de comer. La misión consistiría en una actividad meramente social, llevada a cabo por un hábito cultural determinado: el ser cristiano. Sin embargo, a pesar de que estas actividades son loables, la misión de la Iglesia no es ni enseñar a leer, ni dar de comer, ni construir civilizaciones, porque todo esto no pasa del plano cultural y humano; aún cuando la Iglesia Católica, desde siempre, enseñó a leer, dio de comer y construyó civilizaciones y culturas. ¿Cuál es entonces la misión de la Iglesia y en qué se fundamenta? La misión de la Iglesia no se entiende sin su origen y fundamento, que es la Santísima Trinidad, porque su misión es una continuación y una prolongación de las misiones y de los procesos que ocurren en el interior de Dios Trinidad. De ahí que sea necesario ver qué es lo que entendemos por “misión” en la Trinidad. En la Trinidad, la misión implica un partir, un proceder, y un llegar, e implica también un objetivo por el cual se parte a la misión[1]. En la Trinidad, la misión de una Persona, es un envío, de una Persona a la otra; así, el Padre envía al Hijo, y el Padre y el Hijo, envían al Espíritu Santo. En un sentido activo, la misión es la entrega con la cual se une el ir, independientemente de lo que se da (ir-entrega); en sentido pasivo, es el venir de un ser, que comprende la entrega de ese ser (venir-entregar/don). Esa misión se produce dentro de la Trinidad, cuando una Persona sale de la otra: el Hijo procede, sale del Padre, es enviado por el Padre, y el Espíritu Santo, procede, sale, es enviado, por el Padre y por el Hijo y las Personas del Hijo y del Espíritu Santo, a su vez, se donan al Padre. El fin de la misión, dentro de la Trinidad, es el don, la entrega, de la Persona divina. Este proceso, la misión, que se verifica dentro de la Trinidad, y que tiene como fruto la entrega de las Personas divinas, quiere Dios continuarlo fuera de la Trinidad, dentro del alma del creyente, y para esto, envía en misión al Hijo. El Hijo es enviado, por el Padre, en misión, al alma de cada ser humano, para continuar, en el alma, la Presencia de la Trinidad.

¿De qué manera cumple Jesús su misión? La misión de Jesús, el Hijo que procede del Padre, es encarnarse en el seno Virgen de María para continuar, fuera de la Trinidad, dentro de la criatura humana, la misión de las Personas divinas, que termina en el don de esas mismas Personas divinas. La misión de Jesús es encarnarse para introducir su Persona, la Persona del Hijo, en la criatura y el estar en la criatura, por la gracia santificante[2]. De esta manera vemos entonces que la misión del Hijo a los hombres, dentro del alma, como continuación de la misión intratrinitaria, es el fundamento de la misión de la Iglesia. La misión de la Iglesia, la misión ad gentes, a los gentiles, la misión encomendada por Cristo a los Apóstoles, se presenta así como una continuación y una prolongación de la misión de la Persona divina del Hijo, para que se verifique dentro del alma, la Presencia de las tres Divinas Personas, mediante la inhabitación de las Tres Divinas Personas en el alma del que está en estado de gracia santificante.

El Hijo es enviado dentro del alma –y el ingreso del Hijo en el alma, se da por la fe, el bautismo, la gracia y la Eucaristía, que es la Fuente Increada de la gracia-, y entrando en Él, trae consigo a las Personas del Padre y del Espíritu Santo. La misión del Hijo en el alma, su ingreso, se realiza por la gracia y por la Eucaristía, y la misión de la Iglesia tiene el objetivo de hacer que el Hijo entre en cada alma, por la fe, por el bautismo y por la Eucaristía, y por la vida de la gracia. Éste es el fundamento trinitario de la misión de la Iglesia, y éste es el fin de la misión de la Iglesia: introducir, por la fe, por el bautismo y por la Eucaristía, la Presencia personal del Hijo, y con Él, la Presencia del Padre y del Espíritu Santo.

 



[1] Cfr. Matthias Joseph Scheeben, Los misterios del cristianismo, Ediciones Herder, Barcelona 1964, ...

[2] cfr. Scheeben, Los misterios.


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