jueves, 15 de octubre de 2026

“Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía”

 


“Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía” (Lc 12, 1-7). Jesús se enfrenta a la casta sacerdotal y laical de su época, calificándolos duramente de “hipócritas”. Jesús no lo hace por suposiciones externas: Él es Dios y en cuanto tal, lee los pensamientos y el corazón de los hombres, de todos y cada uno de los hombres, desde antes incluso de que el hombre exista y los lee hasta el último día de sus vidas; aun antes de que pensemos el próximo pensamiento, Jesús ya lo sabe, porque Él es Dios. Por eso habla con fundamento cuando nos advierte de que nos “cuidemos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía”.

La definición de “hipocresía” es: “acto de fingir creencias, opiniones, virtudes, sentimientos o cualidades que en realidad no se tienen o no se siguen”. Sucede cuando “las acciones de una persona no coinciden con lo que dice o exige a los demás”. La Real Academia Española la define como: “Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan”. Sinónimos de hipocresía son: “falsedad, fingimiento, doblez, cinismo, fariseísmo, insinceridad, disimulo, simulación, santurronería,  comedia, abulencia”.

¿Por qué Jesús califica a los fariseos de “hipócritas”?

Porque fingen, externamente, ser hombres de religión, piadosos, celosos del cumplimiento de la religión y del cuidado del templo, pero por dentro, interiormente, espiritualmente, tal como los acusa Jesús, “están llenos de rapiña y de maldad”. Fingen por fuera ser buenas personas, religiosas, pero por dentro contradicen a la religión con sus deseos de robo y de malicia.

“Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía”. Si Jesús nos advierte y nos dice que nos cuidemos, es porque también nosotros podemos caer en su mismo error, es decir, la hipocresía. Si no vigilamos nuestros pensamientos y nuestros corazones, podemos parecer por fuera hombres de religión, que acuden a misa a diario y rezan todos los días, pero por dentro, estar llenos de rencor, de envidia, de malicia de toda clase. Rechacemos de plano todo pensamiento contrario a la Bondad de Dios y alimentemos nuestras almas con el Amor del Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús; ése es el mejor remedio contra la hipocresía, la levadura de los fariseos.


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