“Cuídense
de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía” (Lc 12, 1-7). Jesús se enfrenta a
la casta sacerdotal y laical de su época, calificándolos duramente de “hipócritas”.
Jesús no lo hace por suposiciones externas: Él es Dios y en cuanto tal, lee los
pensamientos y el corazón de los hombres, de todos y cada uno de los hombres,
desde antes incluso de que el hombre exista y los lee hasta el último día de
sus vidas; aun antes de que pensemos el próximo pensamiento, Jesús ya lo sabe,
porque Él es Dios. Por eso habla con fundamento cuando nos advierte de que nos “cuidemos
de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía”.
La
definición de “hipocresía” es: “acto de fingir creencias, opiniones, virtudes,
sentimientos o cualidades que en realidad no se tienen o no se siguen”. Sucede cuando
“las acciones de una persona no coinciden con lo que dice o exige a los demás”.
La Real Academia Española la define como: “Fingimiento de cualidades o
sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan”. Sinónimos
de hipocresía son: “falsedad, fingimiento, doblez, cinismo, fariseísmo,
insinceridad, disimulo, simulación, santurronería, comedia,
abulencia”.
¿Por
qué Jesús califica a los fariseos de “hipócritas”?
Porque
fingen, externamente, ser hombres de religión, piadosos, celosos del
cumplimiento de la religión y del cuidado del templo, pero por dentro,
interiormente, espiritualmente, tal como los acusa Jesús, “están llenos de
rapiña y de maldad”. Fingen por fuera ser buenas personas, religiosas, pero por
dentro contradicen a la religión con sus deseos de robo y de malicia.
“Cuídense
de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía”. Si Jesús nos advierte y
nos dice que nos cuidemos, es porque también nosotros podemos caer en su mismo
error, es decir, la hipocresía. Si no vigilamos nuestros pensamientos y
nuestros corazones, podemos parecer por fuera hombres de religión, que acuden a
misa a diario y rezan todos los días, pero por dentro, estar llenos de rencor,
de envidia, de malicia de toda clase. Rechacemos de plano todo pensamiento
contrario a la Bondad de Dios y alimentemos nuestras almas con el Amor del
Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús; ése es el mejor remedio contra la
hipocresía, la levadura de los fariseos.

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