viernes, 23 de octubre de 2015

“¡Hipócritas! Saben discernir el clima, pero no los signos de los tiempos”


“¡Hipócritas! Saben discernir el clima, pero no los signos de los tiempos” (Lc 12, 54-59). La dura advertencia de Jesús a sus discípulos, va dirigida también a nosotros: tanto ellos como nosotros, sabemos discernir el clima, sabemos pronosticar si va a hacer calor o si va hacer frío, si va a llover o va a estar seco, pero no sabemos –o más bien, no queremos- discernir “los signos de los tiempos”. Y esta ignorancia voluntaria merece un duro reproche por parte de Jesús, porque nos dice: “¡Hipócritas!”. Esto quiere decir que no podemos excusarnos y mirar para otro lado, diciendo “no sabemos cuáles son los signos de los tiempos”. Entonces, ¿cuáles son “los signos de los tiempos” que debemos leer, si es que sabemos leer el tiempo climático?
Basta con observar someramente la realidad cotidiana y nos percataremos de que el hombre ha construido, más que una sociedad, una civilización, no ya sin Cristo, el Mesías, sino sin Dios: la inmensa mayoría de las leyes que rigen hoy a la civilización humana, no tienen a Dios Trino por su origen y fundamento y tampoco conducen a Él. Hoy el hombre ha construido una civilización a su medida, según su pobre capacidad de razonamiento, dejando de lado a Dios, a su revelación en Cristo Jesús y a su Ley, expresada en los Mandamientos, y es así como ha aprobado leyes contrarias a la naturaleza y leyes que atentan contra la vida humana, como la ley del aborto –sólo entre China y EE.UU., desde hace 50 años hasta acá, han muerto más de 450 millones de niños a causa del aborto; en el caso de China, por la política de hijo único; en el caso de EE.UU., por el caso Roe versus Wade, que liberalizó el aborto-, la ley de eutanasia, la FIV, el alquiler de vientres, etc. Pero la civilización sin Dios se manifiesta también en la aparición de un modo de vivir y de convivir entre los humanos, que se acepta como “normal” o “natural”, cuando es totalmente contrario a la Voluntad de Dios: la drogadicción desde muy jóvenes, el narcotráfico como modo de vida, la violencia, la corrupción de costumbres, la pornografía, la guerra, la avaricia, el odio entre pueblos hermanos, la violencia terrorista, y dentro de la Iglesia, la aparición de cristianos paganos, es decir, de cristianos que, habiendo recibido el Bautismo sacramental y la instrucción catequética, viven en la práctica como neo-paganos, haciendo caso omiso de los Mandamientos de Jesucristo y alejándose radicalmente de los sacramentos, constituyendo el hecho más grave el olvido y la indiferencia hacia la Presencia real de Jesús en la Eucaristía.
“¡Hipócritas! Saben discernir el clima, pero no los signos de los tiempos”. El duro reproche de Jesús debe hacernos reflexionar, porque si el mundo está así, es porque los cristianos –empezando por los sacerdotes- no damos ejemplo de vida santa.


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