viernes, 20 de abril de 2012

El significado sobrenatural de la multiplicación de panes y peces



“Jesús multiplica panes y peces” (cfr. Mt 14, 13-21). El milagro de la multiplicación de panes y peces demuestra la condición divina de Jesús, puesto que sólo Dios, Creador de todo cuanto existe, y por lo tanto, creador también de la materia, tiene el poder suficiente para crear, de la nada, la materialidad de los panes y de los peces, con los cuales alimenta a más de cinco mil personas.
         Al realizar estos milagros, Jesús proclama, con obras, su condición de Dios Hijo, dando al mismo tiempo un signo irrefutable para creer en Él -en sus afirmaciones de ser Dios Hijo, igual en dignidad y poder a Dios Padre-, de manera tal que ya no se pueda, a partir de estos signos sobrenaturales, dudar de sus palabras. Es lo que Él les dice a los fariseos: “Si no me creéis a Mí, creed al menos en mis obras”.
         Quien se cierra a la evidencia de los milagros, difícilmente podrá acceder al Reino de los cielos.
         Pero Jesús tiene otra intención, además de afirmar que Él es Dios: el milagro de la multiplicación de panes y peces tiene por objeto prefigurar y anticipar otro milagro, infinitamente más grande, el Milagro de los milagros, la conversión del pan y del vino en su Cuerpo y en su Sangre.
         La multiplicación del pan inerte, sin vida, hecho de trigo y agua, que da sólo sustento a la vida corporal, tiene por objeto prefigurar y anticipar otro Pan, no hecho de trigo y agua, sino de la Carne y la Sangre del Hombre-Dios; un Pan Vivo, bajado del cielo, que contiene en sí la Vida eterna, y que comunica de esa vida eterna a quien lo consume; un Pan que, más que dar sustento a la vida corporal y terrena del hombre, le concede y le hace partícipe de una vida nueva, la vida eterna del Hombre-Dios.
         A su vez, la multiplicación de la carne muerta del pescado, cuya ingestión sólo sirve para sustentar la vida corporal, anticipa y prefigura otro milagro, la conversión del pan en la carne del Cordero de Dios, carne no muerta sino viva, glorificada, llena de la vida divina, de la luz inextinguible, y de la gloria eterna del Hombre-Dios.
         En consecuencia, al leer y meditar el pasaje de la multiplicación de panes y peces, el cristiano no puede guiarse por una mentalidad racionalista, negadora de la realidad sobrenatural y de la condición divina de Jesús de Nazareth y de sus signos, los milagros. En este caso particular, la negación del milagro de la multiplicación de panes y peces, conduce a la negación del Milagro de los milagros, la Eucaristía.

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