miércoles, 10 de abril de 2024

“El que no cree en el Hijo ya está condenado”


 

“El que no cree en el Hijo ya está condenado” (Jn 3, 16-21). En estos tiempos, en los que predomina en ciertos ambientes eclesiásticos una falsa concepción de la Misericordia Divina -Dios perdona todos los pecados, sin importar si hay o no arrepentimiento, lo cual es falso, porque la Misericordia Divina perdona los pecados solo cuando hay arrepentimiento-, las palabras del Evangelio, fuertes y precisas, van en contra de esta falsa concepción de la Misericordia de Dios: “En el que no cree en el Hijo ya está condenado”. Es decir, quien no cree en Jesucristo -el Jesucristo de la Iglesia Católica, la Segunda Persona de la Trinidad encarnada, que prolonga su Encarnación en la Eucaristía-, aun ya desde esta vida “está condenado”, en el sentido de que, si se produjera su muerte en este estado de incredulidad, efectivamente se condenaría, irreversiblemente, en el Infierno. No se pude contradecir a la Palabra de Dios, ni se puede intentar tergiversar su contenido, porque sería una temeridad, de manera que solo cabe una interpretación y es interpretar lo que la Palabra de Dios dice textualmente. Al referirse a los que “no creen en Cristo” -y por lo tanto ya están condenados-, se refiere no solo a los ateos, quienes al no creer en Dios no creen obviamente en el Hijo de Dios, sino también a quienes creen en un cristo falso, como los protestantes, evangelistas, judíos, o como quienes creen en deidades que son demonios, como las religiones panteístas de tipo oriental y cualquier clase de secta. A todos estos les cabe la advertencia de la consecuencia de no creer en el Único y Verdadero Cristo: ya están condenados. Pero también están comprendidos muchísimos católicos, quienes por ignorancia culpable, por moda, por esnobismo, por descuido de su fe católica o por alguna otra razón, no creen en el Único y Verdadero Cristo, que está presidiendo, como Rey que es, a la Iglesia Católica, desde su trono real, el sagrario, en la Eucaristía. A estos católicos también les cabe la advertencia, que sería así: “El que no cree en el Señor Jesús, Hijo de Dios, Presente en la Eucaristía, ya está condenado”. No hay términos medios: o creemos en la Presencia real de Jesucristo en la Eucaristía y así salvamos nuestras almas, o rechazamos esa Presencia y nos condenamos. Por supuesto que, mientras vivamos en el tiempo, hay tiempo de acudir a la Divina Misericordia, para pedir perdón por el pecado de incredulidad y así comenzar el camino de la conversión y de la salvación, pero a ese camino hay que emprenderlo de una vez, porque el tiempo pasa, se acaba y no vuelve más y, además, lamentablemente, son muchísimos los católicos que, paradójicamente, cometen el mismo error de los ateos, los protestantes, los judíos, los evangelistas y los sectarios: no creen en Jesús Eucaristía. Si queremos salvar nuestras almas y las de nuestros seres queridos, pidamos la gracia de no caer nunca en el pecado de incredulidad o bien de salir de él, si es que ya estamos en él, para así dar inicio a nuestra salvación en Jesús Eucaristía.  

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