viernes, 20 de agosto de 2021

“¡Ay de vosotros, sepulcros blanqueados!”


 

“¡Ay de vosotros, sepulcros blanqueados!” (Mt 23, 27-32). Jesús califica duramente a los doctores de la ley y a los fariseos, llamándolos “sepulcros blanqueados” e “hipócritas”. Así como los sepulcros recién acabados de pintar de blanco parecen limpios por fuera, pero por dentro están llenos de cuerpos en descomposición, así los doctores de la ley y los fariseos, por fuera parecen personas buenas incluso santas, porque en teoría son personas religiosas, pero en realidad, en su interior, en sus corazones, sólo hay maldad, perversión, corrupción, orgullo y apostasía, porque llegan a renegar del Verdadero Dios, aquel Dios a quien decían adorar y servir, porque cuando este Dios Uno se revela en Cristo como Uno y Trino, reniegan, apostatan de esta verdad y se encierran en sus razonamientos humanos. Todavía más, van más lejos de la apostasía y de la adoración de sí mismos, llegando en el colmo de su perversión a adorar al Ángel caído, Satanás, razón por la cual Jesús los desenmascara como “Sinagoga de Satanás”.

“¡Ay de vosotros, sepulcros blanqueados!”. Debemos tener presente que el reproche de Jesús no se dirige sólo a los doctores de la ley y a los fariseos de su tiempo sino que, extendiéndose a lo largo del tiempo y de la historia humana, llega incluso hasta nosotros y es por esto que se dirige a nosotros, toda vez que por fuera podemos aparentar ser buenas personas e incluso santos, pero por dentro, podemos rechazar a Dios, a su Hijo y a su Ley, convirtiéndonos en sepulcros blanqueados, de la misma manera que los doctores de la ley y los profetas. Para que esto no suceda, debemos blanquear nuestros corazones con la luz de la gracia que nos otorgan los sacramentos y así, iluminados interiormente por esta luz divina, debemos obrar la misericordia, para que nuestra fe concuerde con nuestros actos.

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