miércoles, 4 de agosto de 2021

“Donde dos o tres se reúnen en mi Nombre, ahí estoy yo en medio de ellos’’

 


“Donde dos o tres se reúnen en mi Nombre, ahí estoy yo en medio de ellos’’ (Mt 18, 15-20). Ocurre con mucha frecuencia que los cristianos se sienten solos y como consecuencia de esa soledad, sobrevienen muchas tribulaciones, como la angustia, el miedo, e incluso la desesperación, en los casos extremos. Y estas situaciones se agravan en momentos como el que vivimos, en el que con el pretexto de una crisis sanitaria, los gobiernos toman decisiones autoritarias, propias de una dictadura, como por ejemplo los estados de sitio o los confinamientos prolongados a gente sana, algo que por otra parte es contrario a la ciencia y al sentido común. Todo esto incrementa el sentimiento de soledad, de angustia, de encierro, de soledad.

Ahora bien, en este Evangelio, Jesús nos anima a hacer oración y nos da un estímulo para hacerlo: cuando hacemos oración, sobre todo con el prójimo, Él está con nosotros. No sabemos de qué forma, pero con toda certeza está, Él, Jesús de Nazareth, el Hombre-Dios, cuando hacemos oración y esto es un gran estímulo para hacer oración.

¿Qué oración hacer? El Santo Rosario, la Adoración Eucarística y la Santa Misa. Si esto hacemos, jamás experimentaremos la soledad; por el contrario, experimentaremos la Presencia amorosa de Nuestro Salvador Jesucristo. Es por esto que, para el cristiano, no existe la soledad y mucho menos la desesperación, porque Jesús está con nosotros, nunca nos deja solos. Somos nosotros los que lo dejamos solo, cuando no hacemos oración; hagamos oración y experimentaremos la Dulce Presencia del Señor Jesús.

 

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