jueves, 26 de agosto de 2021

“Por tu palabra, echaré las redes”


 

“Por tu palabra, echaré las redes” (Lc 5, 1-11). Jesús realiza el milagro de la pesca abundante: le ordena a Pedro que “navegue mar adentro” y que luego “eche las redes”. Pedro obedece a Jesús y de inmediato se produce la pesca milagrosa. Además del milagro realizado por Jesús, hay algo que se destaca en este episodio del Evangelio y es la fe y la confianza de Pedro en el poder divino de Jesús, lo cual indica que Pedro estaba iluminado por la gracia. En efecto, si Pedro se hubiera dejado guiar por criterios puramente humanos, podría haber objetado a Jesús que no tenía sentido echar las redes porque ellos ya habían intentado toda la noche y había sido en vano; por lo tanto, insistir en el mismo lugar, en donde en apariencia no había peces, sería hacer un esfuerzo inútil. Pero Pedro, como dijimos, iluminado por la gracia, confía en el poder divino de Jesús y llevado por su palabra, hace lo que Jesús le ordena, obteniendo una pesca super-abundante.

En el episodio se destaca, en primer lugar, el milagro de Jesús y la confianza de Pedro en la palabra y en el poder de Jesús, pero también se destacan otros elementos sobrenaturales: por ejemplo, no es casualidad que Jesús haya subido a la “barca de Pedro” y no a la de cualquier otro discípulo y esto porque la “barca de Pedro” es la Iglesia Católica y al subir Jesús a ella, indica que es Él quien conduce, con su Espíritu, a la barca de Pedro, la Iglesia Católica; otro elemento sobrenatural es que cuando Pedro obedece a Cristo, obedece a Dios Hijo encarnado y Dios Hijo encarnado hace, con su omnipotencia y con su amor, lo que el hombre, con sus fuerzas, no puede hacer: en otras palabras, el milagro de la pesca abundante está prefigurando la acción evangelizadora de la Iglesia en el mundo, que sale a pescar almas en el mar de la historia humana, bajo la guía del Espíritu Santo, el Espíritu del Padre y del Hijo. Un último elemento es la enseñanza que nos deja el milagro: con las solas fuerzas humanas, la Iglesia Católica se convierte en una gigantesca organización social, que no lleva almas al Reino de los cielos, pero cuando es guiada por el Espíritu Santo, la misma Iglesia, la Barca de Pedro, lleva a todas las naciones del mundo a adorar al Cordero en la vida eterna.

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