viernes, 6 de agosto de 2021

“Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”

 


“Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Mt 19, 3-12). Los fariseos, pretendiendo tenderle una trampa a Jesús, le preguntan acerca de la posibilidad del divorcio: “¿Le está permitido al hombre divorciarse de su esposa por cualquier motivo?”. Jesús les responde con una cita del Génesis, en la que se revela, por un lado, la creación del hombre como varón y mujer y, por otro, la indisolubilidad de la unión entre ambos, lo cual es la razón de la imposibilidad del divorcio: “¿No han leído que el Creador, desde un principio los hizo hombre y mujer, y dijo: ‘Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse a su mujer, y serán los dos una sola cosa?’ De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. En otras palabras, Jesús les hace ver que el hecho de que el hombre sea varón y mujer y que al unirse en matrimonio se conviertan “en una sola carne” es obra de la voluntad creadora de Dios y que por lo tanto el hombre no puede modificar esa realidad. Es decir, el hombre no puede modificar la realidad de que Dios ha creado sólo dos sexos –varón y mujer- y que ha establecido que ambos se unan, para su felicidad en la complementación mutua- en matrimonio, convirtiéndose en una nueva realidad, en “una sola carne”, la cual es imposible de dividir. En otras palabras, tanto el hecho de que en la especie humana existan sólo dos sexos, como que estos dos sexos se unan en matrimonio indisoluble, no es invención del hombre, sino creación de la infinita sabiduría y del infinito amor de Dios. No puede el hombre, por más que quiera, modificar esta realidad, esto es, que la especie humana tiene sólo dos sexos y que ambos están destinados a conformar un matrimonio indisoluble.

Ahora bien, como fruto del pecado original, se enciende en el hombre la concupiscencia y la rebeldía, que lo llevan a querer modificar la realidad inmutable creada por Dios, para establecer una realidad según el gusto de la concupiscencia humana: así, surgen movimientos originados en el pecado, como la ideología de género, que afirma que el varón puede ser mujer y la mujer puede ser varón, o también movimientos laicistas que establecen leyes inicuas y anti-cristianas que permiten la disolución del matrimonio, esto es, el divorcio.

“Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”, les dice Jesús a los fariseos, haciendo referencia a la prohibición del divorcio. Nosotros, parafraseando a Jesús, podríamos agregar: “Y lo que Dios ha creado, varón y mujer, no pretenda el hombre invertirlo”, haciendo referencia a la prohibición de la ideología de género y sus postulados. Todo lo que pretenda cambiar la realidad creada por Dios, sea la única condición sexual de la especie humana, como varón y mujer, sea la indisolubilidad y santidad del matrimonio, no proviene del Espíritu Santo, sino del Ángel caído y por eso no puede nunca ser aceptado por el cristiano.

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