jueves, 4 de febrero de 2021

“¡Hipócritas! Dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres”


 

“¡Hipócritas! Dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres” (Mc 7, 1-13). Jesús critica duramente a los fariseos y a los escribas y la razón es que han pervertido la religión del Dios Único y Uno y sus Mandamientos, cambiándola por mandamientos puramente humanos, como la ablución de manos y el lavado de la vajilla. Es decir, para los fariseos y escribas, eran más importantes las costumbres puramente humanas, que los Mandamientos de la Ley de Dios y es por eso que Jesús los critica tan duramente. No es que esté mal hacer abluciones y lavar la vajilla: lo que está mal es hacer consistir, a estas costumbres humanas, la verdadera religión. Esto nos lleva a considerar qué es la religión y como respuesta podemos decir que la esencia de la religión -específicamente, de la religión católica- es la unión del alma con Dios por medio del Amor y de la gracia –la palabra “religión” significa, precisamente, “re-ligar”, re-unir al alma con Dios- y si no se cumple esta condición, toda costumbre humana, aun cuando sea cumplida a la perfección, no conduce a la unión con Dios, quedando simplemente en eso, en el cumplimiento de un acto humano, pero sin unir al alma con Dios. Jesús los critica a los fariseos y escribas porque siendo, al menos en apariencia, hombres religiosos, han falsificado a tal punto la religión, que la han convertido en un acto, paradójicamente, anti-religioso, porque se centraban en el cumplimiento de ritos externos humanos y no en la unión espiritual del alma con Dios por medio del Amor.

“¡Hipócritas! Dejan a un lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres”. No debemos pensar que los reproches de Jesús a los fariseos y escribas son sólo para ellos: también nosotros podemos caer en el mismo error de ellos y en verdad lo hacemos, toda vez que nos olvidamos que la religión católica consiste en la unión de nuestras almas por el Amor de Dios, el Espíritu Santo y por la gracia, a Dios Uno y Trino, por medio de Nuestro Señor Jesucristo. Si nos olvidamos de esto, de la esencia de la religión, que incluye, además de la unión con Dios Trino, el amor misericordioso –no el simple amor humano, sino el amor misericordioso, que es el Amor de Cristo- hacia el prójimo, estaremos vaciando a nuestra religión católica de toda su esencia y la estaremos convirtiendo en un mero cumplimiento de ritos externos. Por lo tanto, debemos estar atentos para no caer en el error de racionalizar y humanizar –en el sentido de desacralizar- a nuestra religión católica, la Única Religión Verdadera.

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