jueves, 10 de junio de 2021

“Acumulen tesoros en el Cielo”


 

“Acumulen tesoros en el Cielo” (Mt 6, 19-23). Es natural que el ser humano desee acumular bienes materiales, puesto que es parte del instinto de supervivencia: al poseer bienes materiales, el ser humano piensa que su porvenir está asegurado. Esta tendencia a poseer bienes materiales no es, en sí misma, un pecado, ni tampoco está mal desde el punto de vista moral, porque es verdad que los bienes materiales son necesarios para el normal desarrollo de la vida natural. Sin embargo, como consecuencia del pecado original, esta tendencia a poseer bienes materiales se desordena con frecuencia y se convierte en avaricia, cuando la acumulación de bienes materiales es desproporcionada para las necesidades vitales del ser humano. Ejemplos de avaros codiciosos que acumulan excesivas riquezas terrenas se encuentran en abundancia entre los que pertenecen a la secta pestífera del comunismo: por ejemplo, Cristina Kirchner, tiene más de quinientas mil hectáreas; la hija del dictador comunista Hugo Chávez, posee una fortuna de cinco mil millones de dólares, sin haber cumplido aún los cuarenta años; Fidel Castro, el dictador comunista cubano, tiene una fortuna de más de mil millones de dólares, y así podríamos seguir hasta el infinito. La avaricia se caracteriza, en cierta medida, por el deseo desordenado de acumular riquezas materiales, por lo que al decirnos Jesús que “no acumulemos tesoros en la tierra”, nos está haciendo un bien, al advertirnos de la inutilidad de la excesiva acumulación de riquezas materiales. Sin embargo, si bien Jesús nos pide que no acumulemos tesoros en la tierra, sí nos pide que acumulemos otra clase de tesoros, no en la tierra, sino en el cielo y así lo dice explícitamente: “Acumulen tesoros en el cielo”. En otras palabras, Jesús, mientras nos advierte acerca de la inutilidad de acumular excesivos tesoros terrenos, nos alienta y anima en cambio a “acumular” tesoros en el cielo. Y aquí toma relevancia la palabra “acumular”, porque esta palabra implica, por sí misma, un exceso de aquello que se acumula. Entonces, según Jesús, debemos poseer bienes terrenos en su justa medida, pero debemos ser como “avaros”, por así decirlo, para poseer bienes en el cielo, porque debemos poseer el mismo deseo de acumular tesoros terrenos que tiene un avaro, pero para bienes celestiales y en el cielo. En ese sentido, debemos ser como los avaros, pero de bienes celestiales y no terrenos o materiales.

Si debemos acumular tesoros en el cielo, surge entonces la siguiente pregunta: ¿de qué bienes celestiales habla Jesús? ¿Cuáles son esos “bienes celestiales” que sí debemos acumular, ya desde la vida terrena? Los bienes celestiales son muchos y muy variados y todos, sin excepción, dependen de una condición: de poseer el alma en gracia, porque si no se está en gracia, no se pueden acumular bienes celestiales. Volviendo a estos, podemos decir que es un bien celestial, por ejemplo, una Comunión eucarística realizada con el mayor amor y la mayor devoción de la que seamos capaces; un bien celestial es realizar cualquier obra de misericordia, sea corporal o espiritual y así es un bien espiritual, por ejemplo, rezar el Rosario, ofrecer un sacrificio o un ayuno por las Almas del Purgatorio y así por el estilo.

         “Acumulen tesoros en el Cielo”. No seamos avaros, en el sentido de desear poseer excesivos e inútiles bienes materiales; seamos “avaros” en el buen sentido, en el sentido de acumular tesoros, en lo posible, infinitos, en el Cielo. Y el más grande de los tesoros que poseemos, aquí en la tierra, es la Sagrada Eucaristía, por lo que comulguemos con amor y fervor y adoremos al Sagrado Corazón Eucarístico de Jesús y hagamos en gracia obras de misericordia, para así poseer abundantes bienes en el cielo, bienes de los que disfrutaremos eternamente una vez que hayamos atravesado el umbral de la muerte terrena.

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