(Domingo
X - TO - Ciclo B – 2021)
“El
Reino de Dios es como un grano de mostaza” (Mc
4, 26-34). Jesús compara al Reino de Dios con un grano de mostaza: primero es "la semilla más pequeña de todas", pero luego crece, hasta formar un gran arbusto,
en el que van a hacer nido los pájaros del cielo. Es decir, Jesús utiliza tres imágenes para darnos una idea de lo que es el Reino de los cielos: una semilla de mostaza, un árbol, unos pájaros -tres- del cielo.
Ahora bien, puesto que es obvio que el Reino de Dios no consiste en estas imágenes, sino que está representado visiblemente por estas imágnes sensibles -porque la realidad visible nos lleva a la realidad invisible, dice Santo Tomás-, podemos preguntarnos qué es lo que Jesús quiere decirnos con esta parábola?
Ante
todo, hay que recordar que Jesús también dice que “el Reino de Dios está entre
ustedes” y puesto que es un reino invisible, ese “estar entre ustedes” es “estar
en ustedes”, con lo que el Reino de Dios, aquí en la tierra, es la gracia
santificante, ya que es la gracia lo que tenemos del Reino en esta vida terrena. A partir de esto, podemos analizar, de manera sobrenatural, los
elementos de la imagen. La semilla de mostaza, al inicio, pequeña, frágil, que
todavía no se ha convertido en un gran arbusto, es el alma humana, tal como es
creada por Dios: pequeña, frágil; esa misma semilla, ya convertida en arbusto
grande o incluso hasta en un árbol, es esa misma alma humana, que era pequeña,
pero que por la gracia, ha crecido espiritualmente de una manera que supera
miles de veces su tamaño original. Esto significa que el alma sin la gracia
divina es pequeña –además de tener el pecado original-, pero con la gracia
santificante, se convierte en un enorme arbusto, es decir, la gracia
santificante, al hacer al alma partícipe de la vida divina, la hace partícipe
de la vida de Cristo y Cristo, que es Dios, posee en Sí mismo todas las
virtudes, todas las perfecciones, todos los dones, en grado infinito, máximo, y
hace participar al alma de todas estas perfecciones suyas –caridad, bondad,
misericordia, justicia, fortaleza, etc.- y así el alma que está en gracia, al
ser partícipe de la vida del Hombre-Dios Jesucristo, es partícipe también de
sus virtudes, quien más, quien menos, pero todos son hechos partícipes de las
virtudes y dones de Cristo y es así como el alma crece en santidad,
participando de la vida de Cristo, imitándolo a Él y convirtiéndose en un alma
santa, que participa de la santidad de Cristo. Esta alma, así convertida en
santa por la gracia de Jesucristo, es la semilla que se convierte en arbusto
grande o en árbol.
Por
último, debemos considerar los otros integrantes de la parábola, que aparecen
al fin de la misma y son los pájaros del cielo. ¿Qué representan los pájaros
del cielo, que van a hacer nido en lo que era una semilla de mostaza y se ha
convertido, por la gracia de Cristo, en un árbol frondoso, en un alma santa?
Los pájaros del cielo, que son tres, representan a las Tres Personas de la
Santísima Trinidad, que hacen del alma, del corazón y del cuerpo de quien está
en estado de gracia, su morada, pues es una verdad de fe, que nos enseña el
Catecismo de la Iglesia Católica, que las Tres Divinas Personas de la Santísima
Trinidad inhabitan en el alma del justo, es decir, del que está en gracia, como
un anticipo de la inhabitación en la gloria en el Reino de los cielos.
“El
Reino de Dios es como un grano de mostaza”. Nuestra alma, por sí sola, es
pequeña, débil y frágil como un grano de mostaza. Que sea la gracia
santificante de Nuestro Señor Jesucristo, que se nos comunica por los
Sacramentos, la que la convierta en un árbol de gran tamaño, en un alma santa,
en cuyo corazón vengan a inhabitar, en el tiempo de nuestra vida terrena, las
Tres Divinas Personas de la Trinidad, como un anticipo de la visión beatífica en
el Reino de los cielos.
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