jueves, 10 de junio de 2021

“¿Quién es Éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?”

 


(Domingo XII - TO - Ciclo B – 2021)

         “¿Quién es Éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?” (Mc 4, 35-41). Jesús y sus discípulos deciden cruzar en barca hasta la otra orilla del lago. En el trayecto, suceden dos cosas llamativas: por un lado, Jesús se duerme profundamente, “reclinado sobre un almohadón”; por otro lado, se desata una furiosa tormenta, con vientos huracanados que crean y agigantan olas de tal tamaño, que amenazan con hundir a la barca. El peligro de hundimiento es tan real, que los discípulos mismos deciden despertar a Jesús: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?”. Es en ese momento en el que Jesús increpa al viento y al mar, cesando en el acto la tormenta y el peligro de hundimiento. Este milagro provoca la admiración de los discípulos quienes, no dándose cuenta todavía de que Jesús es Dios y que por eso le obedecen los elementos de la naturaleza –Él es su Creador-, se preguntan: “¿Quién es Éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?”.

Ahora bien, más allá del episodio y del milagro realizado por Jesús, la escena evangélica de la Barca de Pedro a punto de hundirse en medio de un mar enfurecido, es figurativa y representativa de realidades sobrenaturales: la barca de Pedro, en la que van Jesús y los discípulos, es la Iglesia Católica; Pedro es el Papa, el Vicario de Cristo; los discípulos son los bautizados; el mar embravecido es la historia de la humanidad y de cada hombre cuando se encuentran sin Dios y su gracia; el viento, que sopla con intensidad creando y agigantando las olas, es el Demonio, el Ángel caído, que así como el viento huracanado convierte el manso mar en un océano de olas inmensas que amenazan a la barca, así el Demonio, instigando a los hombres sin Dios, los incita para que ataquen a la Iglesia y traten de destruirla por todos los medios. Por último, hay una imagen que no pasa desapercibida y es el hecho de que Jesús, a cuyo mando está la barca, es decir, la Iglesia, está dormido e incluso sigue dormido, hasta un punto tal que la barca parece que va a hundirse por la intensidad del viento y la altura de las olas. El hecho de que Jesús duerma y parezca que la barca está a punto de hundirse, es la descripción de lo que sucede en nuestros días: Jesús está en la Eucaristía y en la Eucaristía, al no hablar ni mostrarse visiblemente, pareciera como si estuviera dormido, pero en realidad, no lo está y aunque parezca que la situación en la Iglesia y en el mundo están fuera de control, nada escapa, ni siquiera por un segundo, a su control total, puesto que Jesús Eucaristía es Cristo Dios. Sólo basta que Él “despierte”, por así decirlo, y con una sola orden de su voz, conceda a la humanidad la gracia de la conversión y condene al Demonio a lo más profundo del Infierno, con lo cual volverán al instante la calma y la paz más profundas, en la Iglesia y en el mundo. Ahora bien, podemos preguntarnos, visto y considerando que la gran mayoría de los católicos abandona la Iglesia, apenas terminan el Catecismo de Primera Comunión y la Confirmación, pareciera que quien está dormido, en la Iglesia, no es Jesucristo, sino el cristiano que, habiendo recibido la gracia de la filiación divina en el Bautismo, la gracia del Corazón de Jesús en la Eucaristía y la gracia del Amor de Dios en la Confirmación, vive como si fuera pagano, puesto que vive en la vida de todos los días como si Jesús Dios no existiera, como si nunca hubiera recibido la gracia de ser hijo de Dios, como si nunca hubiera recibido al Corazón Eucarístico de Jesús, como si nunca hubiera recibido al Divino Amor, el Espíritu Santo. Entonces, al revés del episodio del Evangelio, en la actualidad, quienes parecen dormidos, son los bautizados y no Jesús Eucaristía. Es por eso que el mundo se embravece, instigado por el Ángel caído, para tratar de destruir la Iglesia. Esto se ve, por ejemplo, en las marchas feministas, que incendian y destruyen iglesias por todas partes del mundo; se ve en las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas –organización masónica y anticristiana-, que declara a la Iglesia como “enemiga de los derechos humanos”, porque la ONU llama “derechos humanos” a todo lo que atenta contra la Ley de Dios, como el aborto, la eutanasia, la promiscuidad sexual, la manipulación genética humana, etc. Y dentro de la Iglesia, también hay enemigos que buscan hundirla, porque entre otras cosas, muchos buscan quitar todo vestigio de la Presencia real, verdadera y substancial del Hombre-Dios Jesucristo en la Eucaristía. Todo esto pasa porque quien parece dormido, en la Iglesia, la Barca de Pedro, es el propio católico y no Jesucristo. Entonces, ¿quién tiene que despertar, para defender a la Iglesia de sus enemigos? ¿Jesús Eucaristía o los católicos? Es obvio que los católicos, porque no hay católicos –o si los hay, son muy escasos- que salgan en defensa de la Iglesia, frente a la agresión laicista, materialista, atea y marxista que sufre la Iglesia en todo momento y en todo lugar. Es hora, por lo tanto, de despertar del letargo de creer que no existe el Demonio y que las ideologías humanas sin Dios no buscan destruir la Iglesia. Es hora de despertar, porque la Barca está en peligro. Jamás se hundirá, porque Jesús, el Hombre-Dios, es el Capitán de la Barca, en cuanto Hombre-Dios. Pero eso no significa que no debamos despertar del letargo en la verdadera fe católica en la que ha caído gran parte del Nuevo Pueblo de Dios.

 

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