"El Reino de Dios es como un grano de mostaza” (Mt 13, 31-35). Para graficar al Reino de
Dios, Jesús utiliza la imagen de un grano de mostaza: de la misma manera a como
el grano de mostaza es inicialmente pequeño, pero luego se convierte en un gran
arbusto, morada para los pájaros del cielo, así también es el Reino de los
cielos, pequeño en su inicio, enorme en su desarrollo final.
Ahora bien, esta parábola puede aplicarse también al
alma, porque Jesús dice: “El Reino de Dios está entre ustedes” y esta aplicación
puede ser de la siguiente manera: el alma, en su estado natural, sin poseer la
gracia santificante es, como la semilla de mostaza, pequeña, pero a medida que
adquiere la gracia divina crece hasta alcanzar un tamaño insospechado,
superando inimaginablemente el tamaño original. Esto es lo que sucede con los santos,
sobre todo a los que llegaron a las altas cumbres de la santidad y esto debido
a la gracia divina. Todos los santos en el Cielo, sin excepción, deben su grandeza
a la gracia que recibieron en vida por los Sacramentos; sin esta gracia
santificante, jamás habrían alcanzado tan grande santidad. Sin la gracia,
habrían permanecido pequeños e insignificantes, tal como lo es un grano de
mostaza.
En la parábola entonces, el alma es el grano de mostaza
que, por la gracia, alcanza un tamaño que supera en miles de veces el tamaño
original, convirtiéndose en un árbol en donde van a hacer nido las aves del
cielo. ¿Qué es lo que representan estas aves del cielo que anidan en el alma que
ha crecido por la gracia?
Estas aves del cielo, que son tres, representan a las
Tres Divinas Personas de la Santísima Trinidad, las cuales “hacen nido en el
alma”, es decir, van a morar, a inhabitar en el alma del justo, en el alma del
que está en estado de gracia santificante. En la parábola del grano de mostaza
y de las aves del cielo, está representada entonces una verdad de nuestra fe
católica y es la inhabitación trinitaria, la inhabitación de las Tres Divinas
Personas en el alma en gracia.

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