sábado, 17 de julio de 2021

“Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”

 


“Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto” (Jn 20, 1-2. 11-18). María Magdalena va al sepulcro el Domingo de Resurrección, de madrugada y al no encontrar a Jesús, piensa que alguien se ha llevado su cadáver y es eso lo que les dice a Pedro y a Juan: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”. Lo que sucede con María Magdalena es que, si bien cree, conoce y ama a Jesús, en el fondo, no cree en su resurrección, por lo que en su mente y en su corazón Jesús es un hombre santo, pero que ha muerto en cruz, no ha resucitado y alguien se ha llevado su cadáver, cambiándolo de lugar. Ésa es la razón de su tristeza y de su llanto: no cree en la resurrección de Jesús y sí cree, en cambio, en un Jesús muerto. La tristeza de María Magdalena se convierte en alegría incontenible cuando se encuentra con Jesús resucitado y Jesús le concede la gracia de la iluminación sobrenatural de su mente y de su corazón, que le permite creer en la resurrección de Jesús.

         “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”. No debemos pensar que María Magdalena es la única que no cree en la resurrección de Jesús; no debemos pensar que María Magdalena es la única en creer en un Jesús muerto, no resucitado: vista la casi absoluta ausencia de católicos bautizados a la más grande ofrenda sacrificial a la Trinidad que lleva a cabo la Iglesia todos los domingos, la ofrenda del Cordero de Dios, resucitado y glorioso en la Eucaristía, a la Santísima Trinidad, es de suponer que la inmensa mayoría de los católicos se encuentra en una situación análoga a la de María Magdalena antes del encuentro personal con Jesús resucitado. Es decir, pareciera que la inmensa mayoría de los católicos no cree en la resurrección de Jesús y por lo tanto no cree en su Presencia gloriosa y resucitada en la Eucaristía, porque de lo contrario, nadie dejaría de asistir a la Santa Misa.

         “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”. Por la luz de la fe, podemos parafrasear a María Magdalena y decir: “Sí sabemos dónde está el Cuerpo de Jesús: está resucitado, vivo y glorioso, no tendido en el sepulcro, sino de pie, triunfante y victorioso, en la Sagrada Eucaristía. Sí sabemos dónde está el Cuerpo glorioso de Jesús resucitado: en el sagrario, en el Pan Vivo bajado del cielo, la Sagrada Eucaristía”. Es esta noticia la que debemos anunciar al mundo de hoy.

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