jueves, 11 de marzo de 2021

“¡Lázaro, sal de allí!”

 


(Domingo IV - TC - Ciclo B – 2021)

         “¡Lázaro, sal de allí!” (Jn 11, 3-7. 17. 20-27. 33b-45). En el episodio de la resurrección de Lázaro, llaman la atención la actitud y las palabras de Jesús, apenas enterado de que Lázaro, su amigo junto a Marta y María, estaba enfermo de gravedad. Primero, dice algo que en apariencia no se cumple, porque dice que “esta enfermedad –la de Lázaro- no acabará en la muerte”, algo que en apariencia no se cumplió, porque Lázaro murió efectivamente; el segundo hecho que llama la atención es la demora de Jesús en acudir a asistir a su amigo moribundo: en efecto, luego de saber que Lázaro estaba gravemente enfermo, en vez de partir inmediatamente, permanece “dos días en el lugar en que se hallaba”, según relata el Evangelio. Es esto lo que da lugar a la queja de Marta cuando Jesús llega: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Ahora bien, por extrañas que puedan parecer, ambas actitudes de Jesús tienen explicación, de manera tal que todo lo que hace Jesús está encaminado a la realización de un milagro por el cual Dios habría de ser glorificado.

         En cuanto a la predicción de Jesús, de que “esta enfermedad no acabará en la muerte”, se cumple efectivamente, porque si bien la enfermedad termina provocando la muerte de Lázaro, la resurrección que obra Jesús derrota tanto a la enfermedad como a la muerte, por lo que la enfermedad, que había provocado la muerte, termina no en la muerte, sino en el regreso a la vida de Lázaro. Por otra parte, se cumple también la segunda parte de la frase de Jesús: “(esta enfermedad) servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo del hombre sea glorificado por ella” y efectivamente es lo que sucede, porque por el milagro de la resurrección, Dios Hijo es glorificado y también el Nombre de Dios es ensalzado y glorificado.

         Con respecto a la demora de dos días de Jesús en acudir a visitar a Lázaro, sabiendo que estaba gravemente enfermo y que esta demora le impediría verlo antes de morir -en modo absoluto es falta de caridad de Jesucristo, lo cual es imposible de que eso suceda, siendo Él la Caridad Increada en persona-, se explica de la siguiente manera: Jesús se queda dos días porque quería, positivamente, que Lázaro muriera, para que Él hiciera luego el milagro de la resurrección. La demora de Jesús, expresamente deseada por Jesús, lo que hace es, por un lado, resaltar el hecho de la muerte de Lázaro –cuando Jesús llega ya llevaba cuatro días muerto y estaba ya sepultado- y por otro lado, resalta el poder del Hombre-Dios Jesucristo, que vuelve a la vida a quien estaba, humanamente hablando, definitiva y seguramente muerto. Si Jesús hubiera llegado cuando Lázaro acababa de morir, no habría resaltado tanto el milagro, como sí sucedió al realizar el milagro después de cuatro días de muerto.

         Otro aspecto en el que podemos reflexionar es en el hecho de la resurrección de Lázaro, es decir, nos podemos preguntar qué es lo que sucedió, desde el punto de vista antropológico y espiritual en la resurrección de Lázaro. Lo que sucedió fue que la poderosa voz del Hombre-Dios Jesucristo se escuchó en el reino de los muertos y, por el poder divino de esta voz, el alma de Lázaro regresó de la región de los muertos y volvió a unirse a su cuerpo, regresando Lázaro a la vida. Este milagro es una demostración explícita de la divinidad de Jesucristo –es decir, que Cristo es Dios-, porque sólo Dios, con su omnipotencia, puede hacer que un alma, que se había separado de su cuerpo por la muerte, vuelva a unirse al cuerpo, y además, sólo Dios puede hacer que un cuerpo, que estaba ya en pleno proceso de descomposición orgánica, quede completamente restablecido, en pleno estado de salud corporal. Quien reflexione sobre el milagro que realiza Jesús, de resucitar a Lázaro, no puede no concluir que Jesús es Dios en Persona.

         Hay otro aspecto que se puede considerar en este milagro y es que la resurrección de Lázaro es un anticipo y una prefiguración de otras dos resurrecciones: la vuelta a la vida por acción de la gracia del alma que había pecado mortalmente, lo cual sucede en la absolución de los pecados por parte del sacerdote ministerial en el Sacramento de la Penitencia, y la resurrección de los cuerpos en el Día del Juicio Final, en el que, por el poder de Cristo Dios, los cuerpos serán restituidos a un estado de salud plena corporal y las almas se unirán a sus respectivos cuerpos, como sucedió en la resurrección de Lázaro.

         “¡Lázaro, sal de allí!”. En la prodigiosa resurrección de Lázaro obrada por Jesús, debemos ver entonces, prefigurada, nuestra propia resurrección espiritual, por obra del Sacramento de la Penitencia y, por otro lado, debemos ver prefigurada nuestra resurrección corporal, en el Día del Juicio Final. Por todos estos portentos divinos, debemos siempre y en todo momento, glorificar a la Santísima Trinidad.

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario