sábado, 10 de abril de 2021

“Tienen que renacer de lo alto”


 

         “Tienen que renacer de lo alto” (Jn 3, 7-15). Jesús le revela a Nicodemo la condición necesaria, imprescindible, para entrar en el Reino de los cielos: el “renacer de lo alto”. Nicodemo no entiende lo que dice Jesús o mejor dicho, lo entiende según los límites estrechos de su razón humana: piensa que un hombre debe volver a nacer, físicamente hablando, del vientre de su madre, como cuando era un niño recién nacido y por eso no puede comprender qué es lo que le dice Jesús. Para que Nicodemo pueda entender qué es lo que significa el “nuevo nacimiento” de lo alto, Jesús toma el ejemplo del viento, el cual “sopla donde quiere”: el viento es figura del Espíritu Santo, el Espíritu del Padre y del Hijo que, siendo soplado por el Padre y el Hijo en el alma, por medio del bautismo sacramental, quita el pecado original al alma y le concede la gracia de la filiación divina, con la cual el alma se convierte en hija adoptiva de Dios, al ser hecha partícipe de la misma filiación divina con la cual Dios Hijo es Hijo de Dios desde la eternidad.

         “Tienen que renacer de lo alto”. Las palabras de Jesús nos revelan la necesaria e imprescindible condición que debemos poseer para ingresar en el Reino de los cielos: recibir el Bautismo sacramental, por medio del cual se nos quita el pecado y somos convertidos en hijos adoptivos de Dios. Esto fundamenta la verdad de la frase de los Padres de la Iglesia: “Fuera de la Iglesia, no hay salvación”. Por otra parte, fundamenta la actividad apostólica de la Iglesia hasta los confines del mundo, buscando almas para salvar y para convertirlas en hijas adoptivas de Dios y en herederas del Reino de los cielos.

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